sábado, 2 de abril de 2011

Ambiciones truncadas

Hay quien opina que no existen las casualidades. Y más cuando éstas configuran una macedonia de relaciones políticas y empresariales. Que el Partido Popular de Alicante ha tenido en la CAM uno de sus principales aliados económicos no es un secreto. Tampoco que la caja ha sacado de apuros financieros a la Generalitat o que ha financiado muchos de los caprichos faraónicos de sus máximos responsables. La situación en la que hoy se encuentra la CAM es producto de una miscelánea de hipotecas políticas (de la Administración autonómica depende la elección del grueso del consejo) y una gestión excesivamente ambiciosa de su equipo directivo. El exdirector general, ahora en el frustrado Banco Base, Roberto López Abad, llevó la entidad al olimpo. Pero la CAM sufre ahora mal de altura. 2011 marcará un hito en la historia de la caja. Pero los excesos vienen de lejos.

De Zaplana a "El Pocero"
Un crédito "ventajoso". El mismo expresidente de la Generalitat, ex ministro de Trabajo y hoy ejecutivo de Telefónica, Eduardo Zaplana, recurrió a la entidad para obtener la financiación necesaria para comprarse su vivienda de 532 metros cuadrados en el Paseo de la Castellana de Madrid cuando en 2002 dio el salto a la política capitalina.Las condiciones del crédito ya fueron consideradas como "ventajosas" por varios expertos en esa época. Hoy serían la envidia de cualquiera que quiere comprarse un piso y se patea las oficinas bancarias en busca de hipoteca. Un préstamo de 1,62 millones de euros, con tres años de carencia de principal y un interés de Euríbor más 0,40%.

Mucho riesgo en Seseña. En 2004, con Zaplana ya en el ministerio, el promotor y constructor Francisco Hernando "El Pocero" recibió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Detrás de El Pocero también estaba la CAM, uno de sus principales suministradores de crédito en la construcción de la polémica superurbanización en Seseña, ahora casi una ciudad fantasma con centenares de pisos sin vender.

Hay todo un baile de cifras sobre la exposición de la caja con Francisco Hernando. El Pocero llegó a tener líneas de créditos con la entidad alicantina de 276 millones de euros. Cuando estalló la burbuja, el constructor negoció intercambiar su deuda por pisos en Seseña. Hoy, la CAM trata de ponerlos en el mercado con rebajas del 30% con estrambóticos anuncios en los que invita al cliente a "colonizar" la ciudad fantasma de Francisco Hernando con el reclamo de que está a 30 minutos de Madrid.

De Terra Mítica a Enrique Ortiz
Ladrillo arriesgado. Hay otros casos similares. Se estima que Caja Mediterráneo tiene riesgos contraídos por 450 millones con el empresario alicantino Enrique Ortiz, todo un prócer local, implicado en el caso Gürtel (que salpica a Francisco Camps y su cúpula política) y el caso Brugal (en el está implicado José Joaquín Ripoll, líder del PP de las comarcas del sur). Ortiz ha sido impulsor del paralizado Plan Rabassa de Alicante y, casualidades de la vida, fue el comprador de los terrenos anexos para futuras expansiones que Terra Mítica subastó para poder superar el concurso de acreedores. En el parque temático de Benidorm, la CAM ha enterrado también muchas decenas de miles de euros. Junto a Bancaja ha tenido que provisionar más de 150 millones ante la imposibilidad del recinto de ocio impulsado por Zaplana de devolver los préstamos. La caja también da por perdida su inversión de capital en el parque temático, en el que todavía posee algo más del 20%. Los dueños del parque confían ahora en que Aqualandia termine por ejercer su opción de compra, por un precio muy inferior a los 360 millones que costó construir el complejo, para al menos dejar de asumir las pérdidas.

Inmersos en la burbuja
El agujero inmobiliario. La caja presidida por Modesto Crespo ha protagonizado otras aventuras. Es socia con el 24% de la inmobiliaria Hansa Urbana, propiedad de la familia Gadea y a la que la CAM ha financiado de forma generosa en su estrategia de internacionalización. Se estima que la exposición supera los 700 millones de euros. Hansa Urbana tiene paralizado su proyecto estrella de construcción de un complejo hotelero de lujo en el Estado mexicano de Baja California.

¿Financiera o promotora? La filial de la CAM Tenedora de Inversiones y Participaciones está enredada en más de un centenar de proyectos urbanísticos. En el primer semestre de 2010 los créditos ligados al sector inmobiliario alcanzaban los 10.000 millones de euros y los activos (viviendas y solares) adjudicados están valorados en 3.200 millones de euros. La caja, como muchas otras entidades, trata ahora de desprenderse de sus existencia, pero lo hace por goteo, para no propiciar un desplome en los precios y deteriorar sus balances. A este ritmo tardará varios años en deshacerse de su cartera inmobiliaria. Más problemático es el suelo acumulado, tanto urbano como rústico. Su precio ha caído en picado y ha obligado a la entidad a realizar fuertes provisiones.

Préstamos irrecuperables.
La CAM se ha visto afectada también por algunos de los grandes concursos de empresas ligadas ladrillo, como el de Martinsa, Llanera, Sacresa o Polaris World. Muchos de los préstamos jamás se recuperarán.


Demasiada ambición exterior
De Crédito Inmobiliario en México a Banque Marrocaine. Ha habido otras operaciones cuanto menos extrañas. Ya con la crisis azotando el sistema financiero, la CAM es embarcó en la compra en 2009 de la empresa mexicana Crédito Inmobiliario, especializada en hipotecas. Tras desembolsar 144 millones de euros en la adquisición previa autorización del Banco de España, ha tenido que inyectar otros 150 millones para enjugar sus pérdidas. También tuvo que destinar parte de sus reservas a sanear el Banque Marrocaine du Commerce Extérieur, que compró en 2007 previo desembolso de 132 millones.

Oxígeno al Consell de Camps
El riesgo público se multiplica. La CAM tampoco ha escapado a la influencia política de Camps. Tras una dura batalla con sus enemigos zaplanistas, que se partieron el brazo para no poder del control de la entidad financiero y llegaron a negociar con los socialistas el reparto del consejo de administración, el jefe del Consell logró imponer la presidencia de Modesto Crespo. Desde entonces, la Generalitat ha tenido en la caja alicantina el oxígeno necesario para relajar sus tensiones de tesorería cuando los mercados internacionales han dado la espalda a las emisiones de deuda autonómica.

La CAM compró 500 millones de euros a la Generalitat al 4,75% a 18 meses (la misma cifra que Bancaja) en otoño del año pasado. También medió en la colocación de los bonos "patrióticos" por valor de 1.500 millones, aunque en este caso a cambio de jugosas provisiones. El riesgo de la caja con la Administración autonómica se ha multiplicado por cinco el año pasado y aunque obtiene buenas rentabilidades presta dinero cuando otras entidades evitan hacerlo.

Victor Romero.
Diario Levante

miércoles, 30 de marzo de 2011

Crímenes económicos contra la humanidad

Según la Corte Penal Internacional, crimen contra la humanidad es "cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, cometido como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil". Desde la II Guerra Mundial nos hemos familiarizado con este concepto y con la idea de que, no importa cuál haya sido su magnitud, es posible y obligado investigar estos crímenes y hacer pagar a los culpables.

Situaciones como las que ha generado la crisis económica han hecho que se empiece a hablar de crímenes económicos contra la humanidad. El concepto no es nuevo. Ya en los años 1950 el economista neoclásico y premio Nobel Gary Becker introdujo su "teoría del crimen" a nivel microeconómico. La probabilidad de que un individuo cometa un crimen depende, para Becker, del riesgo que asume, del posible botín y del posible castigo. A nivel macroeconómico, el concepto se usó en los debates sobre las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial durante los ochenta y noventa, que acarrearon gravísimos costes sociales a la población de África, América Latina, Asia (durante la crisis asiática de 1997-98) y la Europa del Este. Muchos analistas señalaron a estos organismos, a las políticas que patrocinaron y a los economistas que las diseñaron como responsables, especialmente el FMI, que quedó muy desprestigiado tras la crisis asiática.

En la actualidad son los países occidentales los que sufren los costes sociales de la crisis financiera y de empleo, y de los planes de austeridad que supuestamente luchan contra ella. La pérdida de derechos fundamentales como el trabajo y la vivienda y el sufrimiento de millones de familias que ven en peligro su supervivencia son ejemplos de los costes aterradores de esta crisis. Los hogares que viven en la pobreza están creciendo de forma imparable. Pero ¿quiénes son los responsables? Los mercados, leemos y oímos cada día.

En un artículo publicado en Businessweek el 20 de marzo de 2009 con el título "Wall Street's economic crimes against humanity", Shoshana Zuboff, antigua profesora de la Harvard Business School, sostenía que el que los responsables de la crisis nieguen las consecuencias de sus acciones demuestra "la banalidad del mal" y el "narcisismo institucionalizado" en nuestras sociedades. Es una muestra de la falta de responsabilidad y de la "distancia emocional" con que han acumulado sumas millonarias quienes ahora niegan cualquier relación con el daño provocado. Culpar solo al sistema no es aceptable, argumentaba Zuboff, como no lo habría sido culpar de los crímenes nazis solo a las ideas, y no a quienes los cometieron.

Culpar a los mercados es efectivamente quedarse en la superficie del problema. Hay responsables, y son personas e instituciones concretas: son quienes defendieron la liberalización sin control de los mercados financieros; los ejecutivos y empresas que se beneficiaron de los excesos del mercado durante el boom financiero; quienes permitieron sus prácticas y quienes les permiten ahora salir indemnes y robustecidos, con más dinero público, a cambio de nada. Empresas como Lehman Brothers o Goldman Sachs, bancos que permitieron la proliferación de créditos basura, auditoras que supuestamente garantizaban las cuentas de las empresas, y gente como Alan Greenspan, jefe de la Reserva Federal norteamericana durante los Gobiernos de Bush y Clinton, opositor a ultranza a la regulación de los mercados financieros.

La Comisión del Congreso norteamericano sobre los orígenes de la crisis ha sido esclarecedora en este sentido. Creada por el presidente Obama en 2009 para investigar las acciones ilegales o criminales de la industria financiera, ha entrevistado a más de 700 expertos. Su informe, hecho público el pasado enero, concluye que la crisis se hubiera podido evitar. Señala fallos en los sistemas de regulación y supervisión financiera del Gobierno y de las empresas, en las prácticas contables y auditoras y en la transparencia en los negocios. La Comisión investigó el papel directo de algunos gigantes de Wall Street en el desastre financiero, por ejemplo en el mercado de subprimes, y el de las agencias encargadas del ranking de bonos. Es importante entender los distintos grados de responsabilidad de cada actor de este drama, pero no es admisible la sensación de impunidad sin "responsables".

En cuanto a las víctimas de los crímenes económicos, en España un 20% de desempleo desde hace más de dos años significa un enorme coste económico y humano. Miles de familias sufren las consecuencias de haber creído que pagarían hipotecas con sueldos mileuristas: 90.000 ejecuciones hipotecarias en 2009 y 180.000 en 2010. En EE UU, la tasa de paro es la mitad de la española, pero supone unos 26 millones de parados, lo cual implica un tremendo aumento de la pobreza en uno de los países más ricos del mundo. Según la Comisión sobre la Crisis Financiera, más de cuatro millones de familias han perdido sus casas, y cuatro millones y medio están en procesos de desahucio. Once billones de dólares de "riqueza familiar" han "desaparecido" al desvalorizarse sus patrimonios, incluyendo casas, pensiones y ahorros. Otra consecuencia de la crisis es su efecto sobre los precios de alimentos y otras materias primas básicas, sectores hacia los que los especuladores están desviando sus capitales. El resultado es la inflación de sus precios y el aumento aún mayor de la pobreza.

En algunos casos notorios de fraude como el de Madoff, el autor está en la cárcel y el proceso judicial contra él continúa porque sus víctimas tienen poder económico. Pero en general, quienes han provocado la crisis no solo han recogido unas ganancias fabulosas, sino que no temen castigo alguno. Nadie investiga sus responsabilidades ni sus decisiones. Los Gobiernos los protegen y el aparato judicial no los persigue.

Si tuviéramos nociones claras de qué es un crimen económico y si existieran mecanismos para investigarlos y perseguirlos se hubieran podido evitar muchos de los actuales problemas. No es una utopía. Islandia ofrece un ejemplo muy interesante. En vez de rescatar a los banqueros que arruinaron al país en 2008, la fiscalía abrió una investigación penal contra los responsables. En 2009 el Gobierno entero tuvo que dimitir y el pago de la deuda de la banca quedó bloqueado. Islandia no ha socializado las pérdidas como están haciendo muchos países, incluida España, sino que ha aceptado que los responsables fueran castigados y que sus bancos se hundieran.

De la misma forma que se crearon instituciones y procedimientos para perseguir los crímenes políticos contra la humanidad, es hora de hacer lo mismo con los económicos. Este es un buen momento, dada su existencia difícil de refutar. Es urgente que la noción de "crimen económico" se incorpore al discurso ciudadano y se entienda su importancia para construir la democracia económica y política. Como mínimo nos hará ver la necesidad de regular los mercados para que, como dice Polanyi, estén al servicio de la sociedad, y no viceversa.

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell. Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la Universidad Autónoma de Barcelona.

El País

domingo, 27 de marzo de 2011

Los jefes de Moody's salen de la crisis que ellos provocaron con sueldos récord

Las agencias de calificación han salido tocadas de la crisis financiera. Su credibilidad está en entredicho , el Congreso de Estados Unidos les ha proclamado culpables de la crisis y sus beneficios han retrocedido al nivel de hace varios años. Sus altos ejecutivos, sin embargo, han pasado la página con sueldos y bonus récord, al menos en el caso de Moody's. La convocatoria de junta recién realizada por la compañía indica que la retribución de su presidente ejecutivo, Raymond McDaniel, subió un 69% en 2010 hasta los 9,15 millones de dólares (unos 6,4 millones de euros).

Los cinco directivos mejor pagados de la firma se repartieron 20 millones de dólares, con un aumento del 60%. Moody's concede mucha importancia a la paga variable, y lo justifica en el alza de los beneficios de 2010, pero como en muchas empresas, la paga variable varía más hacia arriba que hacia abajo. La cúpula de Moody's gana el doble que en 2005 pese a que desde entonces el resultado operativo ha caído el 17% y el beneficio neto cerca del 10%. La firma hizo alguna rebaja de los sueldos cuando los resultados se desplomaron, pero con el repunte, los ha situado en niveles récord. Los directivos ganan ahora más que en 2006, en plena burbuja, pese a que entonces el beneficio operativo era un 63% superior. La crisis les ha salido rentable.

Entre los conceptos retributivos de 2010, uno llama la atención. Moody's premia a su presidente, entre otros motivos, por sus logros al "ayudar a restaurar la confianza en las calificaciones de Moody's Investors Service al elevar el conocimiento sobre el papel y la función de las calificaciones (...)". El premio se aprueba semanas después de que el Congreso de EE UU haya señalado a las agencias de calificación entre los culpables de la crisis financiera y haya resaltado justo a Moody's como caso de estudio sobre las malas prácticas que provocaron la crisis.

McDaniel fue uno de los ejecutivos que compareció ante la comisión de investigación del Congreso sobre las causas de la crisis y el informe final no le deja en muy buen lugar ni a él ni a otros directivos de Moody's que actuaron bajo sus órdenes.

"Concluimos que los fallos de las agencias de calificación crediticia fueron engranajes esenciales en la maquinaria de la destrucción financiera. Las tres agencias fueron herramientas clave del caos financiero. Los valores relacionados con hipotecas en el corazón de la crisis no se habrían comercializado y vendido sin su sello de aprobación. Los inversores confiaron en ellas, a menudo ciegamente. (...) Esta crisis no habría podido ocurrir sin las agencias. Sus calificaciones ayudaron al mercado a dispararse y sus rebajas de 2007 y 2008 causaron estragos", concluye el informe.

El documento resalta que de 2000 a 2007 Moody's consideró de máxima solvencia (triple A) a 45.000 valores relacionados con hipotecas. El informe repasa los modelos de cálculo desfasados, las presiones de las firmas financieras y cómo se anteponía el ansia por ganar cuota de mercado a la calidad de las calificaciones. La comisión señala que hubo un "claro fallo de gobierno corporativo en Moody's, que no se aseguró de la calidad de decenas de miles de calificaciones".

El presidente ejecutivo de Moody's acudió a testificar ante la comisión acompañado por Warren Buffet, el principal accionista de la agencia. Pero Buffet se lavó las manos. "Al ser preguntado sobre si estaba satisfecho con los controles internos de Moody's, Buffet contestó que no sabía nada sobre la gestión de la agencia: 'No tenía ni idea, no he estado nunca en Moody's, no sé ni dónde están'. Buffet dijo que invirtió en la compañía porque el negocio de las agencias de calificación era 'un duopolio natural, lo que le daba un increíble poder sobre los precios", relata el informe de la comisión.

Otros testimonios muestran que cumplir las normas no era prioritario para Moody's. Un antiguo director de Cumplimiento, Scott McCleskey, contó a la comisión cómo en una cena el entonces responsable del área de calificaciones, Brian Clarkson, apodado el Dictador, presumía de los buenos resultados logrados gracias a los títulos hipotecarios. Se acercó a McCleskey y delante de todos los miembros del consejo les espetó: "¿Cuántos ingresos ha generado Cumplimiento este trimestre? Nada, nada". Al ser preguntado al respecto, Clarkson dijo a la comisión que no recordaba esa conversación.

Otro antiguo alto ejecutivo señaló cómo al llegar a Moody's en 1997 el mayor temor de los analistas era errar en una calificación. Cuando se fue, lo que todos temían era que se considerase que ponían en peligro la cuota de mercado de la firma.

La comisión reveló que un informe enviado a McDaniel subrayaba que de los tres factores de competencia entre agencias, precio, servicio y calidad de las calificaciones, este último se había convertido en el menos importante y que incluso penalizaba el negocio, lo que "podía poner todo el sistema financiero en peligro", según el informe.

Moody's pasó de tomarse hasta dos meses para analizar un producto financiero estructurado a poner 30 sellos de triple A cada día. En 2006 se convirtió en una "fábrica de triples A". Los resultados fueron desastrosos: el 83% de los títulos hipotecarios valorados triple A ese año acabaron siendo degradados.

Pese a los "fallos abismales" que la comisión relata, Moody's ha mantenido incólume su plan de bonus en metálico de 2004 y ahora premia a su jefe por sus esfuerzos para restaurar una credibilidad que precisamente se ha visto dañada estando él al frente de la compañía. La empresa le ha otorgado un bonus del 157% de su objetivo. Y además el incentivo de los altos ejecutivos se ha "ajustado" otro 10% al alza por una encuesta sobre la satisfacción de los inversores.

En el informe también se ve cómo las agencias se iban equivocando una y otra vez al valorar la solvencia de las entidades que acababan cayendo como Bear Stearns, Lehman o AIG. Moody's tenía para AIG una calificación similar a la que otorga al Santander o al BBVA e incluso después de la quiebra de Lehman, cuando la Reserva Federal maniobraba a la desesperada para salvar a la aseguradora, la rebaja de calificación fue de solo dos escalones, hasta A2, superior a la que concede a la gran mayoría de entidades españolas.

En la transcripción de la declaración de McDaniel, una frase aparece destacada: "Los inversores no deberían confiar en las calificaciones [de las agencias] para comprar, vender o mantener valores". Es un consejo del presidente de Moody's.

Fallos abismales

- La comisión del Congreso de EE UU que investigó la crisis concluyó hace unas semanas que las agencias de calificación fueron piezas esenciales de la "maquinaria de destrucción financiera".

- Raymond McDaniel lleva siendo presidente ejecutivo de Moody's Corp desde 2005 y con él se produjo el auge de las calificaciones de alta solvencia a títulos respaldados por hipotecas basura.

- El Congreso de EE UU ha elegido a Moody's como caso de estudio para ilustrar los "fallos abismales" de las agencias sin los cuales la crisis no habría ocurrido.

- Pese a ello y pese a la caída de beneficios de Moody's desde su punto álgido, la empresa ha dado a McDaniel y sus ejecutivos retribuciones récord en 2010.

Miguel Jiménez. El País

jueves, 24 de marzo de 2011

Los bancos son culpables y deben hacer frente a sus responsabilidades

La reciente crisis financiera internacional emergió en verano de 2007 cuando los productos con los que negociaba y especulaba la banca demostraron carecer de valor. Durante los años anteriores el sistema bancario estadounidense había hecho suculentos beneficios con un negocio basado en una burbuja especulativa que tarde o temprano tenía que estallar. En efecto, los cinco grandes bancos de inversión estadounidenses tuvieron en 2006 beneficios por valor de 130.000 millones de dólares, sin contar bonus y complementos.

Pero todo el sistema financiero se benefició de la euforia financiera estadounidense y, gracias a los canales que permite la globalización, los bancos y entidades financieras de todos los países pudieron también inflar sus cuentas de beneficios. Gracias a la desregulación financiera, y a la ceguera de los bancos centrales ante un riesgo creciente y sistémico se pudieron desarrollar innumerables instrumentos financieros complejos que permitían extender la burbuja financiera en el tiempo y globalizar tanto sus beneficios como el riesgo. La banca no desperdició esa oportunidad, que por otra parte ella misma había promovido, y explotó todas las posibilidades para hacer más y más beneficios.

Sin embargo, y aunque no suele señalarse lo suficiente, la banca no sólo hizo beneficios aprovechando un contexto de desregulación y creando una burbuja financiera que nadie en los gobiernos supo prever sino que también necesitó basar su sistema piramidal de hipotecas en lo que algunos autores han llamado una auténtica explotación financiera.

En efecto, los bancos aprovecharon su desigual poder y cultura financiera ante los individuos para imponerles condiciones leoninas y realmente explotadoras, creando de esa forma el método de punción de riqueza que sustentó la burbuja financiera. La banca creó nuevas formas para el pago de las hipotecas, con nuevos y complejos tipos de interés que confundían a quienes suscribirían nuevos contratos. La gente, obligada en muchos casos por las circunstancias a tener que endeudarse (por los bajos salarios, la necesidad de una vivienda y la retracción de los servicios públicos) fue manipulada y engañada no sólo por los agentes bancarios sino también por los brokers o comisionistas, quienes eran contratados por los bancos para ampliar su cartera de hipotecas y cobraban en función del volumen total suscrito. Grandes beneficios para la banca a costa del empobrecimiento generalizado de la población.

En España esas prácticas también han existido y en gran medida, y son decenas de miles los afectados por prácticas abusivas vinculadas a los contratos de derivados tipo swaps. Estos productos financieros se vendían a las personas sin que ellos supieran realmente lo que estaban firmando, bien porque la letra pequeña se ocultaba o bien porque directamente confiaban en exceso en los agentes de sus sucursales bancarias. Las protestas y demandas judiciales llevaron incluso al Banco de España a dar la razón a los afectados, obligando a la banca a dar marcha atrás con ese tipo de contratos. Sin embargo, el Banco de España ya ha reculado y niega una responsabilidad que desde luego tiene precisamente por ser el encargado de supervisar la actividad bancaria.

La banca también tiene una gran responsabilidad en lo que se refiere a la expansión de la burbuja financiera. Y eso es así porque la gran mayoría de los fondos de inversión, de pensiones y otras fórmulas similares para la especulación son gestionados directa o indirectamente por los bancos. De hecho, tras la reconfiguración económica neoliberal los bancos perdieron cuota de mercado en la financiación de las grandes empresas (que pasaron a financiarse directamente vía emisión de acciones o bonos y no mediante préstamos) y tuvieron que cambiar su fórmula de negocio. Desplazaron entonces su actividad hacia las comisiones a las personas (retrayendo aún más riqueza de las cuentas corrientes y otros métodos de ahorro personal) y hacia la gestión de los fondos de inversión. Gestionando estos fondos de inversión los bancos consiguen rentabilizar un ahorro ajeno (en muchos casos, como en los fondos de pensiones, el de aquellas personas que los suscriben por temor a quedarse sin jubilación como consecuencia de la retracción del Estado del Bienestar) y hacer inmensos beneficios a su costa, devolviendo sólo una ínfima parte como remuneración al prestamista original (el propietario del dinero). Estos fondos, además, operan buscando la máxima rentabilidad posible y sin importar el mercado en el que se hace. Por eso, también la banca es responsable de la crisis alimentaria que se produjo en verano de 2008 como consecuencia de la especulación financiera en el mercado de materias primas.

Muchos de estos fondos y otras tantas entidades vinculadas a los bancos están registrados en paraísos fiscales, de forma que no pagan impuestos con los que financiar los servicios públicos. Esto invierte el sentido de los sistemas fiscales, ya que al final los servicios públicos acaban financiándose por aquellos sectores que no pueden evadir impuestos (las clases populares) mientras que los bancos y las grandes fortunas apenas contribuyen. Esto repercute necesariamente en una peor calidad de los servicios públicos, lo que se utiliza a su vez como excusa y justificación de su privatización .

La banca, o en un sentido más general las finanzas (que englobarían a todas las entidades financieras vinculadas directa o indirectamente con la banca así como a sus presidentes, directivos y gestores varios), es responsable también de la crisis económica por su fallido papel como intermediario financiero. El objetivo teórico de la banca es la de poner a disposición de los empresarios que quieren invertir y de las familias que quieren consumir el dinero que otros han ahorrado, promoviendo de esta forma el crecimiento económico. Sin embargo y aunque esos recursos sí existían, la banca prefirió dedicarlos a la especulación financiera en vez de canalizarlos hacia la economía real. De esa forma, el congelamiento de los créditos a empresas y familias agravó la crisis y dio origen a la recesión económica.

Los bancos también tuvieron un papel clave en la especulación contra la deuda pública. Cuando los Estados se vieron obligados a salvar a la banca y a desembolsar dinero público en diferentes programas de estímulo para evitar una catástrofe mayor tuvieron que incrementar sus niveles de deuda pública. Y esta deuda fue financiada, paradójicamente, por la propia banca. Así, mientras los estados estaban prestando dinero a la banca a bajos tipos de interés (con el objetivo de que la banca lo prestase a empresas y familias), ésta estaba dedicando ese dinero en comprar deuda pública. El resultado era la permanencia de la recesión, el incremento de la deuda pública y el crecimiento de los beneficios bancarios.

En definitiva, asistimos a un tipo de negocio, el bancario, que ha sido distorsionado desde los años ochenta debido a las reformas neoliberales. Esta distorsión ha supuesto la carencia de instrumentos eficaces de intermediación financiera, algo agudizado además por la privatización de la banca pública, así como también ha significado el crecimiento de la especulación financiera en todos los niveles. Pero también, como podemos comprobar día a día, supone el empobrecimiento de las personas de a pie que son engañadas y estafadas legalmente y sin que ninguna entidad responsable, bien sea el Banco de España, el Gobierno o el Banco Central Europeo, haya impedido que esto ocurra. Y lo que es peor, no parece que vaya a hacer nada por evitarlo.

Por eso es necesario plantear propuestas concretas de transformación de este negocio, las cuales puedan ser asumidas por la ciudadanía como exigencias inexcusables.

En primer lugar, hay que investigar con total imparcialidad e incondicionalidad las prácticas bancarias en España, concretando la naturaleza y efectos reales de cada una de ellas para depurar las responsabilidades de cada entidad.

En segundo lugar, hay que investigar al Banco de España, el cual ha permitido todas estas actividades y cuya responsabilidad va mucho más allá que la simple dejación de sus funciones, al ser de hecho un cómplice más de las actividades destructivas y fraudulentas de la banca.

En tercer lugar, hay que realizar un informe exhaustivo con el número de personas afectadas por las prácticas ilegítimas de los bancos, con el objetivo de que sus pérdidas sean restituidas y las responsabilidades bancarias asumidas.

En cuarto lugar, hay que analizar de forma detenida todos los procedimientos de desahucio que se hayan producido, con especial atención a las condiciones de suscripción de los contratos.

En quinto lugar es necesario promulgar normas y generar fondos para garantizar la devolución de las viviendas a las personas que las han perdido por razones de disminución de ingresos.

En sexto lugar, hay que crear una jurisdicción especial para perseguir los abusos bancarios y promover ante las instituciones europeas el establecimiento de un código ético de inexcusable cumplimiento por parte de todas las entidades financieras.

Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa.
http://www.altereconomia.org/?p=489

martes, 22 de marzo de 2011

La manipulación política del lenguaje y la hegemonía del neoliberalismo

Uno de los mayores logros del neoliberalismo, con el que ha cimentado en gran medida su hegemonía ideológica, es la manipulación del lenguaje. Entre las principales tareas a las que dedican sus esfuerzos los numerosos think tanks que trabajan al servicio del nuevo capitalismo se encuentra la de generar la mixtificación de sus mensajes ideológicos mediante una utilización fraudulenta del lenguaje. Los partidos de gobierno usan la misma técnica que tales centros de alimentación ideológica neoliberal: es más, no pocos de los responsables de las áreas económicas de los gobiernos proceden de tales núcleos de pensamiento.

Por ejemplo, la palabra reforma ya no quiere decir mejora sino retroceso. La solidaridad no consiste en redistribuir desde los ricos hacia los pobres, sino en favorecer a los ricos a costa de los pobres o, en todo caso, en una solidaridad entre pobres. La igualdad es cada vez menos una igualdad entre clases para devenir casi en exclusiva en una igualdad entre sexos. La empleabilidad no quiere decir que el Estado y la sociedad vaya a favorecer con políticas estructurales, más allá de las subvenciones que hacen modificar el lugar que los parados ocupan en la fila del desempleo, el empleo de los sin empleo sino que cada desempleado y cada trabajador (potencial desempleado) se convierta en "empresario de sí mismo". Garantizar las pensiones no quiere decir que en el futuro los pensionistas tengan una tasa de sustitución, respecto al último salario, igual o mejor que la actual, sino que las pensiones públicas no hayan desaparecido, aunque el porcentaje de las mismas que se sitúen por debajo del umbral de pobreza supere, dentro de 40 años, el 50 o el 60% de los pensionistas.; algunas previsiones ya calculan que en 2030 el porcentaje de pensionistas pobres en la UE será del 40%. Hace un par de años era del 20% y, en España, del 28%. También significa que crezcan, al mismo tiempo, las pensiones privadas subvencionadas con fiscalidad pública

Tampoco una "salida social" de la crisis consiste en que quienes salgan mejor parados de la misma sean los trabajadores y las clases medias, sino los grandes patrimonios. "Privilegio" se considera ahora un derecho laboral de los trabajadores "normales" pero no la utilización que los grandes directivos realizan del derecho laboral o mercantil para gozar de bonos, jubilaciones o contratos blindados de escándalo, lo que se entiende como una "justa remuneración". Así mismo, se admite como lógico, en lugar de sarcástico o ignominioso, proponer a los parados, a los precarios, a los que tienen un contrato a tiempo parcial porque no pueden tener uno a tiempo completo, a los jóvenes que siguen siendo becarios a los treinta y tantos años, "trabajar más para ganar más".

En fin y entrando en el tema que quiero abordar, se llama segmentación (del mercado de trabajo) a la precariedad. En lugar de llamarla, en una versión actualizada, ejército de reserva del capitalismo.

Una segmentación que, faltaría más, es producida por los obstáculos que los trabajadores que ya están dentro del sistema de trabajo (insiders) ponen a la entrada de los que están fuera (outsiders). De acuerdo con el pensamiento económico dominante, los primeros, con sus privilegios, protecciones y derechos adquiridos impiden entrar en el mercado de trabajo a los segundos.

La primera manipulación del planteamiento es la afirmación de que tal segmentación laboral la ha creado el supuesto egoísmo de los trabajadores y no los intereses del capital. Lo cierto es que quienes han creado la segmentación y dualidad – la precariedad, en realidad – del mercado de trabajo, en España y en otros muchos países, han sido los Gobiernos con sus políticas. Unas políticas que han alimentado un segundo mercado de trabajo con el objetivo último de hacerlo mucho más barato (en salarios, en prestaciones sociales, en costes de despido). Mediante normas y subvenciones de las que se han aprovechado masivamente las empresas. Hay que decir que con muy pocos resultados sobre la durabilidad a largo plazo del empleo y con nefastas consecuencias sobre la estructura y la productividad de nuestro sistema económico. Sin que ninguna de las sucesivas reformas que se han realizado, supuestamente para acabar con dicha dualidad, haya variado la situación salvo para empeorarla.

Estrechamente vinculada a la anterior, la segunda manipulación de esta presentación del problema es que, precisamente porque la segmentación responde a los intereses del capital y no a los "privilegios" de los trabajadores con empleo, gran parte de los denominados "outsiders" no están, en realidad, fuera sino dentro del mercado de trabajo. Forman parte, una parte muy deliberadamente buscada, del mismo. Aunque constituya la parte más débil del mercado laboral, su principal variable de ajuste.

Veinticinco años después de venir practicando tal política, se utiliza ahora el argumento de la segmentación, de la dualidad laboral para extender la inestabilidad, y el correspondiente abaratamiento del coste del trabajo, al conjunto de los trabajadores. Una igualdad por abajo. Con el evidente objetivo de que todos pasen a ser inestables: a todos se les podrá despedir con la misma facilidad y con el mismo coste (esa es, al menos, la pretensión) de los que "disfrutan" los temporales. Lo que, por otra parte, no hará sino aumentar el ya enorme volumen de trabajadores con bajos salarios. Todo gracias a los sobrevenidos defensores de los trabajadores dualizados y segmentados. Estos esclarecidos defensores de los trabajadores precarios ya reconocen que la reforma realizada no es para crear empleo sino para igualar a unos y otros haciéndoles a todos indefinidos precarios. Cuestión que, para cuadrar el objetivo, requiere de una reforma de la negociación colectiva que, a lo breve, la haga menos colectiva.

También en esto, como en tantas otras cosas, la "salida social" de la crisis tiene una cierta similitud con la mutación que se está produciendo desde el "Consenso de Washington" (neoliberalismo con reconocimiento, al menos teórico, de los derechos laborales) hacia el "Consenso de Pekín" (neoliberalismo con puesta en cuestión o, simplemente, negación de derechos laborales y sindicales fundamentales). Las políticas de algunos Estados de la Unión, en Estados Unidos, contra la negociación colectiva y las propuestas de gobierno económico y social y del pacto de competitividad europeos, pretendiendo interferir en los salarios y la autonomía colectiva, es una muestra de ello.

La publicación en los últimos días de un estudio por parte del instituto francés de estadísticas (Insee) ha desvelado algunas características poco publicitadas del mercado de trabajo en Francia. Y ha puesto en evidencia que la segmentación del mercado laboral encierra algo más que la diferente estabilidad en el empleo entre trabajadores temporales y fijos. El dato (correspondiente a 2008) de que 6.250.000 trabajadores franceses ganan menos de 750 euros netos al mes, es decir 25 euros al día, o menos, ha ocupado las portadas de periódicos y revistas del país vecino. De pronto, líderes políticos y editorialistas han "descubierto" que un cuarto de los trabajadores franceses es precario. Que más de 6 millones de personas que trabajan no llegan ni de lejos al salario mínimo (1.365 euros brutos).

Este conjunto de trabajadores está compuesto de estudiantes que trabajan, personal de acogida, empleados de empresas de trabajo temporal puestos a disposición en el sector industrial, contratados a tiempo parcial, personas que alternan empleo con situaciones de paro o quienes trabajan en actividades, públicas o privadas, con contratos subvencionados. Tal universo de sub-empleo lo integran, fundamentalmente, mujeres (58%) y jóvenes (37%). Dos tercios de estos trabajadores ocupan un trabajo a tiempo parcial y el tercio restante trabajan a tiempo completo pero durante un corto período de tiempo. Gran parte de este tipo de trabajadores se concentran en el sector de servicios (cajeras de supermercados, asistencia a domicilio para personas dependientes, portadores de pizzas) pero un 15% de los mismos trabajan para el sector público.

En fin, esta primicia del servicio estadístico francés ha permitido poner de relieve – allí y, en lo que nos puede afectar, también aquí – varias cuestiones importantes. La primera y fundamental es que tras el eufemismo de la segmentación se quiere ocultar una gran precariedad del mercado de trabajo. Precariedad que va más allá de los contratos temporales a tiempo completo y que se extiende a otras situaciones de subempleo, de las que se habla muy poco. Aún menos se hace referencia al tema fundamental de nuestro mercado de trabajo: su gran porcentaje de bajos salarios. Más de un 68% de nuestros asalariados, según estudios del profesor Carlos Prieto, ganaban al mes, hace un par de años, menos de 1.100 euros brutos. En este tema lo fundamental es saber cómo afecta el modelo laboral que tenemos y cómo va a afectar la reforma que se ha puesto en marcha, y la que queda por concretar sobre la negociación colectiva, en el nivel de ingresos de los trabajadores y en su protección social presente y futura. Pues, tras todos los maquillajes verbales, ésta es la cuestión central que está en juego.

El caso francés ha puesto, además, en evidencia que las estadísticas oficiales sólo resaltan los salarios medios de los trabajadores a tiempo completo. Es la primera vez en Francia que se ha realizado un estudio público de los ingresos de este universo de sub-empleados y no sería nada ocioso que se hiciera algo similar en España. Esa invisibilidad de los trabajadores precarios no sólo es producto de la estadística. Es también consecuencia de la falta de difusión de casos reales, del anonimato de quienes viven en la precariedad. Y de la incapacidad sindical, con sus estructuras tradicionales, de representar a este tipo de trabajadores temporales, precarios, con empleos parciales y horarios u organización del trabajo totalmente desestructurados.

En fin, según uno de los especialistas franceses en organización del trabajo y en economía del empleo, Philippe Askenazy – que acaba de publicar un libro titulado Les décennies aveugles. Emploi et croissance 1970-2010 – esta situación francesa es el resultado de tres décadas de políticas de empleo que él denomina contra-productivas y que "han ayudado, juntamente con los 3 millones de desempleados, a crear un nuevo ejército de reserva del capitalismo, un papel jugado en los años 1960 por la inmigración".

Entre las políticas de empleo ensayadas en Francia, Askenazy hace referencia a la puesta en marcha por Raymond Barre: los contratos de duración determinada subvencionados (algo similar a nuestro Contrato de Fomento del Empleo, de 1984). Y a la que Martine Aubry, quien, además de implantar la jornada semanal de 35 horas, puso en marcha: el "modelo polders" holandés. Es decir, la subvención de los contratos a tiempo parcial (algo similar a lo que se ha puesto ahora en circulación en nuestro país). La conclusión de este profesor francés es que tal tipo de iniciativas han creado, en unos casos, un "efecto ganga" (las empresas se benefician de subvenciones por contrataciones que, de todas formas, iban a realizar); y que en otros, como la subvención del tiempo parcial, pudieron crear más puestos de trabajo (aunque estadísticamente es difícil determinar si el incremento fue debido a las subvenciones a los contratos a tiempo parcial o a la ley de reducción de jornada) pero no el volumen global de horas trabajadas. Lo que, entre otras cosas, se ha traducido en un beneficio para los grandes supermercados, cuya política consiste en cubrir los horas punta de los hipermercados (25 horas por semana) con contratos a tiempo parcial de 26 horas semanales.

Askenazy concluye que el coste de ese tipo de políticas (veinte mil millones de euros) hubiera tenido un mejor destino creando empleos directos en servicios públicos deficitarios en efectivos, como la enseñanza o la sanidad. Y termina afirmando que la primera medida para cambiar de rumbo al mercado laboral precario tendría que consistir en que la propia Administración Pública dé ejemplo no realizando contrataciones de esa naturaleza.

En suma, la segmentación, la precariedad, no es un "mal español", aunque el nuestro sea uno de los casos más extremos, sino que afecta, de distintas formas, a la mayor parte de los países europeos. Es un mal del nuevo capitalismo. Cabe sacar igualmente la conclusión de que los "decenios ciegos" en políticas de empleo no parece que, desgraciadamente, estén a punto de acabar. En lugar de preguntarnos en qué sectores o productos puede ser nuestro país más competitivo y con qué tipo de desarrollo económico se puede crear empleo sostenible, seguimos insistiendo en que las soluciones nos van a venir de una mayor desregulación de las normas laborales y de la negociación colectiva. Están por ver los resultados de la nueva reforma laboral, pero durante esta crisis ha quedado bastante claro que los países que han tenido peores resultados en términos de empleo han sido aquellos que tienen un mercado de trabajo más desreglamentado o donde, como en España, además la norma va, para más INRI, por un lado y la práctica por otro: Estados Unidos, Irlanda y España.

José María Zufiaur es un reconocido analista político español, activamente vinculado desde siempre al movimiento obrero y al mundo sindical.

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4024

EL DECRECIMIENTO COMO ALTERNATIVA


JUAN ANTONIO MUÑOZ CANO MIEMBRO DE LAS COMUNIDADES CRISTIANAS DE BASE DE LA REGIÓN DE MURCIA


Entre las alternativas propuestas por economistas y pensadores como respuesta a la recesión económica, la más novedosa es la que apuesta por el decrecimiento económico, término que en principio suena mal, parece absurdo, pero a poco que profundicemos en el concepto veremos que no lo es. Es una teoría que intenta redefinir las nociones de progreso, desarrollo y calidad de vida con el objetivo de establecer una relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza.
Para el capitalismo- sistema económico reciente en la historia de la humanidad- el crecimiento es la norma de conducta que requiere para su mantenimiento la explotación permanente de los recursos y de las personas: o crecer o morir. Se mide la riqueza solo por el PIB monetario, no cuenta la riqueza natural, la riqueza básica. La huella ecológica, un indicador mucho más real, consiste en el cálculo de la cantidad de agua y tierra requerida permanentemente para producir todos los bienes consumidos y para asimilar todos los residuos de una población. Como la huella crece y el capitalismo erosiona constantemente el suelo, la tierra disponible por habitante disminuyó en el siglo XX de 5,6 ha. a 1,5 ha. El Club de Roma demuestra que estamos más allá de los límites del desarrollo, lo que significa que en términos reales, no monetarios, somos cada día más pobres porque destruimos más de lo que producimos. Joan Surroca afirma "que se está produciendo un 'ecocidio' porque cada día desaparecen entre 50 y 200 especies de animales y vegetales. Mantener el actual ritmo de consumo implica extraer energía y materias primas en nuevos puntos del planeta provocando guerras y conflictos entre culturas". ¿Qué ocurrirá cuando países emergentes como China, India y Brasil alcancen nuestras cuotas de consumo? Previo a la cumbre de Copenhague se hablaba de que en el mejor de los casos hasta el año 2040 la Tierra no volvería a producir nuevamente por encima de la demanda. Lamentablemente fue una convención fallida y no se llegó a ningún acuerdo.
El consumo es una necesidad vital, por él accedemos a los bienes y servicios que nos son, o así los consideramos, necesarios para vivir. Consumir es una necesidad ineludible del ser humano. Lo que no es natural es la absolutización del consumo, rasgo determinante de nuestras sociedades occidentales, porque no es el consumo que requiere la vida sino un consumo desenfrenado al que nos conducen los poderes económicos: producir y consumir, producir y consumir… Este incremento de la producción y el consumo no implica que seamos más libres ni que los frutos del crecimiento sean distribuidos con justicia entre la población mundial. La globalización de las últimas décadas ha quedado reducida a la economía; la competencia ha sido el único regulador y las personas nos hemos convertido en meros consumidores compulsivos inducidos por una publicidad diabólica. Tiempo de desmesura, de adoración al dinero y, como no podía ser otro modo, estalló la crisis.
«La superación de la economía de mercado, argumenta Surroca, no implica que éste desaparezca. Pero cuando la sociedad 'con' mercado se convierte en la sociedad 'de' mercado es cuando aparece la especulación. La filosofía del decrecimiento desmitifica el mercado como proveedor de felicidad y desenmascara la inutilidad del Producto Interior Bruto como índice fiable para medir el grado de satisfacción de un determinado colectivo humano». Disminuir el horario de trabajo significaría repartirlo para erradicar el dualismo empleado-parado. Trabajando menos se posibilitaría repartir y asegurar empleos para todos, el tiempo libre ganado nos permitiría vivir más intensamente los valores familiares, creativos, lúdicos y espirituales. Cambio que necesariamente requeriría una preparación y un periodo de transición sin brusquedades.
El profesor de economía aplicada, Raúl García Durán, expone que «no hay nada más irracional que poner a las personas al servicio de la economía, y no al revés. El decrecimiento no es ir hacia atrás, al contrario el 'anar més lluny' de Luis Llach es hoy el paso necesario para nuestra realización como seres humanos. Decrecer económicamente no nos haría más pobres sino más ricos porque la verdadera riqueza no proviene del consumismo material. El desafío actual consiste en redefinir la idea de riqueza entendiéndola como satisfacción moral, intelectual, estética y como uso creativo del ocio». Pensar que más es mejor que menos resulta frustrante porque confunde cantidad de cosas con calidad de vida. Tener menos posesiones no tiene forzosamente que implicar privación, puede ser una liberación para el ocio y para convivir más con los otros. El secreto de este nuevo vivir radica en encontrar la satisfacción íntima del ser con uno mismo y con el otro, y no buscarlo en los ingresos. Pasaríamos así de consumidores esclavos a ciudadanos felices.
'Donde esté tu riqueza allí estará tu corazón' (Mt 6, 21). Estas palabras adquieren aquí un profundo significado que nos puede ayudar a sentir, decir, querer y hacer creíble otra manera de vivir.

lunes, 21 de marzo de 2011

Arcadi Oliveres / Contrattacando



Intervención de Arcadi Oliveres en Contrattacando - Madrid / Febrero 2011
http://vimeo.com/20825848

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