lunes, 4 de noviembre de 2013

La economía, una ciencia posmoderna

La ciencia siempre ha estado ligada al convencimiento de la posibilidad de alcanzar un conocimiento adecuado del mundo real; de la existencia de métodos de trabajo inmunes a las ideologías; de un cierto esfuerzo colectivo por depurar técnicas y descartar supersticiones, oscurantismos y percepciones incorrectas; de la capacidad de selección colectiva de las teorías más convincentes.

Ya se sabe que de la teoría a la práctica hay un trecho, que algunas ideologías siguen pesando en la cabeza de muchos científicos, que los grandes intereses económicos se inmiscuyen en su quehacer, etc. Pero, en general, el desarrollo de la mayor parte de las ciencias naturales refleja esta dinámica de diálogo intra e interdisciplinario que está en la base de su progreso. Cuando menos se suele reconocer que hay teorías verosímiles y teorías descartables. Este mismo año, por poner un ejemplo, el Nobel de Física ha ido a parar a dos científicos que han contribuido poderosamente a desarrollar la teoría del bosón, que para la inmensa mayoría de los físicos constituye un avance importante con vistas a entender el funcionamiento del mundo real.

La economía, esta disciplina que a diario nos venden como justificación de muchas de las medidas que condicionan nuestra vida cotidiana, es diferente. De hecho, la mayoría de los economistas han renunciado a mantener un diálogo interdisciplinario con otras ciencias y conocimientos (salvo con las matemáticas, quizá porque les permite dotarse de una cierta pátina científica). Son conocidas la ignorancia y el desprecio de gran parte de los economistas respecto de buena parte de las ciencias naturales y sus implicaciones ambientales. Aunque el modelo dominante parte del individuo, son escasos los teóricos que se preocupan del estudio de la psicología (que el hombre es un ser racional que busca la maximización es un axioma que no se discute). Y ni que decir tiene que los sociólogos, antropólogos y otras especies son vistos con desprecio o directamente ignorados por el corpus dominante. Por no ser científicos “normales”, la mayoría de los economistas ni siquiera han desarrollado métodos para descartar teorías. De hecho, se pueden encontrar pocos debates teóricos con conclusiones aceptadas. Y cuando alguna vez han tenido lugar, como fue el debate de Cambridge sobre la teoría del capital, como el resultado era altamente corrosivo para la ortodoxia dominante, simplemente fue aparcado y desapareció de la práctica totalidad de los planes educativos.

La economía es, pues, una ciencia posmoderna. En dos sentidos: admite sin rubor teorías alternativas siempre que estén planteadas con modelos formales aceptables y siempre que no cuestionen completamente el orden establecido. Este es el caso que ha motivado este comentario. El Nobel de este año ha premiado a un científico (Fama) que defiende que los mercados financieros son fundamentalmente eficientes y a otro (Schiller) que explica que los movimientos irracionales forman parte de la vida misma de los mercados financieros reales. En vista de lo ocurrido en los últimos años, no parece que este premio hubiera sido compartido por dos economistas si, en lugar de un sanedrín, el procedimiento se hubiera desarrollado de otra forma. La economía, además, mantiene muchas creencias que son incólumes al avance de otras ciencias. Y la academia practica de forma creciente una intransigente, burocrática e ideológica represión de las corrientes heterodoxas que, en muchos campos, tratan de generar explicaciones teóricas que discuten los axiomas de un quehacer profesional cada vez más parecido a una función de legitimación del orden social (y de mantenimiento del propio estatus) que a una indagación aséptica sobre las características y problemas de la vida económica real. Esto que hace tiempo sospechábamos muchas personas, quienes hemos experimentado en nuestras propias carnes (o en las de amigos y conocidos) los zarpazos de la ortoxia establecida en grados diversos, lo han documentado recientemente, para el caso británico, Francis Lee, Xuan Pham y Gyun Gu en “The UK Research Assessment Exercise and the Narrowing of UK Economics” (Cambridge Journal of Economics, n.º 37, 2013, pp. 693-717). Más que una ciencia es una iglesia. Por esto también es tan difícil que los movimientos sociales alternativos cuenten con una buena formación técnica y teórica que ayude a reforzar sus propuestas.

Albert Recio Andreu
Mientras Tanto

Albert Recio Andreu

Albert Recio Andreu
La ciencia siempre ha estado ligada al convencimiento de la posibilidad de alcanzar un conocimiento adecuado del mundo real; de la existencia de métodos de trabajo inmunes a las ideologías; de un cierto esfuerzo colectivo por depurar técnicas y descartar supersticiones, oscurantismos y percepciones incorrectas; de la capacidad de selección colectiva de las teorías más convincentes.
Ya se sabe que de la teoría a la práctica hay un trecho, que algunas ideologías siguen pesando en la cabeza de muchos científicos, que los grandes intereses económicos se inmiscuyen en su quehacer, etc. Pero, en general, el desarrollo de la mayor parte de las ciencias naturales refleja esta dinámica de diálogo intra e interdisciplinario que está en la base de su progreso. Cuando menos se suele reconocer que hay teorías verosímiles y teorías descartables. Este mismo año, por poner un ejemplo, el Nobel de Física ha ido a parar a dos científicos que han contribuido poderosamente a desarrollar la teoría del bosón, que para la inmensa mayoría de los físicos constituye un avance importante con vistas a entender el funcionamiento del mundo real.
La economía, esta disciplina que a diario nos venden como justificación de muchas de las medidas que condicionan nuestra vida cotidiana, es diferente. De hecho, la mayoría de los economistas han renunciado a mantener un diálogo interdisciplinario con otras ciencias y conocimientos (salvo con las matemáticas, quizá porque les permite dotarse de una cierta pátina científica). Son conocidas la ignorancia y el desprecio de gran parte de los economistas respecto de buena parte de las ciencias naturales y sus implicaciones ambientales. Aunque el modelo dominante parte del individuo, son escasos los teóricos que se preocupan del estudio de la psicología (que el hombre es un ser racional que busca la maximización es un axioma que no se discute). Y ni que decir tiene que los sociólogos, antropólogos y otras especies son vistos con desprecio o directamente ignorados por el corpus dominante. Por no ser científicos “normales”, la mayoría de los economistas ni siquiera han desarrollado métodos para descartar teorías. De hecho, se pueden encontrar pocos debates teóricos con conclusiones aceptadas. Y cuando alguna vez han tenido lugar, como fue el debate de Cambridge sobre la teoría del capital, como el resultado era altamente corrosivo para la ortodoxia dominante, simplemente fue aparcado y desapareció de la práctica totalidad de los planes educativos.
La economía es, pues, una ciencia posmoderna. En dos sentidos: admite sin rubor teorías alternativas siempre que estén planteadas con modelos formales aceptables y siempre que no cuestionen completamente el orden establecido. Este es el caso que ha motivado este comentario. El Nobel de este año ha premiado a un científico (Fama) que defiende que los mercados financieros son fundamentalmente eficientes y a otro (Schiller) que explica que los movimientos irracionales forman parte de la vida misma de los mercados financieros reales. En vista de lo ocurrido en los últimos años, no parece que este premio hubiera sido compartido por dos economistas si, en lugar de un sanedrín, el procedimiento se hubiera desarrollado de otra forma. La economía, además, mantiene muchas creencias que son incólumes al avance de otras ciencias. Y la academia practica de forma creciente una intransigente, burocrática e ideológica represión de las corrientes heterodoxas que, en muchos campos, tratan de generar explicaciones teóricas que discuten los axiomas de un quehacer profesional cada vez más parecido a una función de legitimación del orden social (y de mantenimiento del propio estatus) que a una indagación aséptica sobre las características y problemas de la vida económica real. Esto que hace tiempo sospechábamos muchas personas, quienes hemos experimentado en nuestras propias carnes (o en las de amigos y conocidos) los zarpazos de la ortoxia establecida en grados diversos, lo han documentado recientemente, para el caso británico, Francis Lee, Xuan Pham y Gyun Gu en “The UK Research Assessment Exercise and the Narrowing of UK Economics” (Cambridge Journal of Economics, n.º 37, 2013, pp. 693-717). Más que una ciencia es una iglesia. Por esto también es tan difícil que los movimientos sociales alternativos cuenten con una buena formación técnica y teórica que ayude a reforzar sus propuestas.
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domingo, 3 de noviembre de 2013

Otra economía está en marcha

"La cuestión es si participaremos con la suficiente fuerza y convicción como para tomar la iniciativa e impedir que las cosas cambien, sólo, para que todo siga igual".

Corren tiempos de cambios que constituyen una oportunidad para acometer reformas profundas en la manera en la que queremos organizarnos como sociedad. Esta obvia e inocente reflexión se encuentra con diversos obstáculos entre los que no pueden faltar los que provienen de determinadas posturas radicales que priorizan la individualidad. Esta preferencia y sus consecuencias, como han demostrado estos últimos treinta años, no son en absoluto inocentes.

Evitar una reedición de la advertencia gatopardiana está en nuestra mano y requerirá necesariamente acortar la distancia que se nos ha impuesto respecto de los centros de poder y toma de decisión. Este traslado, físico y mental, nos va a acercar a la economía política, a la verdadera economía, la que (tampoco de forma involuntaria) ha sido convenientemente troceada y sesgada dentro del mundo académico en ese mismo periodo.

La tarea implica una participación creciente de la sociedad, que haga posible alcanzar la reclamada transparencia y que, desde diferentes ámbitos, posibilite la articulación de los que consideramos unos necesarios cambios socioeconómicos, tanto desde una perspectiva conceptual como en el desarrollo efectivo de alternativas prácticas. 

Entre los aspectos más importantes hacia los que, a nuestro entender, hemos de dirigir nuestros esfuerzos están la construcción de una nueva política fiscal, la necesaria revisión y regulación del sistema y los mercados financieros y, en definitiva, la redefinición del modelo de desarrollo que queremos para nuestras sociedades. En este sentido, no podremos obviar la actual construcción política y los condicionantes que impone a la hora de hacer política, pero además de que los previsibles cambios bien pudieran afectar también a las actuales instituciones supranacionales, consideramos necesario que una perspectiva internacionalista guíe, en última instancia, cualquier reflexión de este tipo. Pese a la complejidad que pueda suponer esta pretensión, ello no puede servir de coartada para evitar el debate y no impulsar la acción, a diferentes escalas, de una ciudadanía ya en creciente participación.

En cuanto al primero de ellos, el de la política fiscal, requiere desmontar paralelamente la ideología que subyace en la construcción de un sistema regresivo, implantado con el paso de los distintos Gobiernos de la democracia española. Cada vez mayor número de la población es consciente de que el descenso de la progresividad y la justicia impositiva, la ausencia de voluntad en la lucha efectiva contra el fraude o el continuado descenso de las rentas salariales, unido al fomento del endeudamiento, tanto como única posible alternativa para lograr un nivel de consumo básico como forma de impulsar el conveniente consumismo, han sido algunos de los elementos que han permitido construir el escenario en el que se justifiquen ahora políticas de recortes sociales y  privatizaciones.

En cuanto al segundo de ellos, la regulación del sistema y los mercados financieros, es necesario resaltar la política (des)regulatoria en esta materia y la incidencia ya desde los años setenta en la priorización de la economía especulativa, mucho más capacitada para mantener la tasa de ganancia que exige el capital bajo este sistema que nos hemos impuesto. Se desplazó a un segundo plano a la economía productiva, con los conocidos efectos en términos de empleo y salarios. Es indispensable un marco legislativo que reubique la función financiera como medio para articular las actividades económicas de la sociedad y no como el fin en sí mismo en que se ha convertido. En esta línea, aparecen propuestas como las de una banca pública que bajo criterios éticos pueda garantizar tal función, los controles a la libre circulación de capitales, la verdadera denuncia y persecución de los paraísos fiscales y, en general, el necesario debate acerca de la arquitectura financiera, económica y social de la Europa en la que estamos enmarcados.  

Sin embargo, conscientes de que el paradigma dominante de la producción y el crecimiento indefinido, con nuestro planeta exhausto, no es un camino a recorrer por más tiempo, una nueva concepción del desarrollo se abre cada vez más paso como abanderada de un modelo alternativo. Una forma de vida que tiene más que ver con nuestra interacción con el medio, alejada del exagerado consumismo que exige el viejo planteamiento. Teorías como la del decrecimiento frente al oxímoron del desarrollo sostenible, propuestas como la renta básica frente a la competitividad salarial e infinitud de reivindicaciones e iniciativas ciudadanas como el mercado o la moneda social, se abren paso a diferentes escalas como verdaderas alternativas ante la evidencia de un sistema y un planeta agotados.

Una nueva concepción de la sociedad y del ser humano, la reflexión profunda acerca del sentido de nuestra existencia, así como la asunción de nuestros derechos y responsabilidades en cuanto a cómo queremos que ésta transcurra, son cuestiones que no podemos aplazar por más tiempo. Porque, en cualquier caso, los cambios se producirán. La cuestión es si participaremos con la suficiente fuerza y convicción como para tomar la iniciativa e impedir que las cosas cambien, sólo, para que todo siga igual.

De todos estos temas hablaremos los próximos días 15 y 16 de noviembre, en el encuentro internacional #Otra Economía Está En Marcha que, organizado por Economistas sin Fronteras, con la colaboración de la Plataforma 2015 y más, EconoNuestra, Fuhem Ecosocial y MediaLab Prado, tendrá lugar en Madrid: una oportunidad para que la sociedad civil tome la palabra, explique y conozca alternativas reales que demuestran que existe otra manera de "hacer economía".
Este artículo refleja exclusivamente la opinión de su autor.

Daniel Rodríguez (Economistas sin fronteras)
El diario.es

viernes, 1 de noviembre de 2013

¿Por qué está bajando la prima de riesgo española?

Artículo publicado originalmente en el número 9 de La Marea

 Prima de riesgo


¿Qué es exactamente la prima de riesgo?
Cuando los ingresos de un Estado son insuficientes para cubrir sus gastos (cuando hay déficit) y se necesita resolver el problema de inmediato, este Estado recurre a emitir deuda pública. Esto consiste sencillamente en dar bonos (papelitos) a una persona a cambio de que esta persona le preste una determinada cantidad de dinero. A esa persona se le denomina “inversor”, y mediante este contrato el Estado se compromete a devolverle el dinero dentro de un plazo acordado sumando además un porcentaje del mismo en concepto de intereses. Por ejemplo, en el año 2010 un inversor recibe un bono del Estado español y a cambio le presta 1000 euros a un tipo de interés del 1% con fecha de vencimiento de un año. Un año más tarde el inversor devolverá el bono y el Estado español le devolverá los 1000 euros más el 1% en concepto de intereses (10 euros), en total: 1010 euros.

En nuestro ejemplo hemos supuesto que el inversor compra bonos a cambio de un tipo de interés del 1%. Si hubiera conseguido realizar la acción a cambio de un tipo de interés mayor, por ejemplo un 2%, entonces el inversor obtendría más dinero al final del período establecido (1020 euros en lugar de 1010 euros). A mayor tipo de interés, más pagará el Estado y más cobrará el inversor. Cada país vende bonos de deuda pública a un tipo de interés diferente. A día de hoy el estado Español se ve obligado a venderla en torno al 4 %, el alemán en torno al 1,7%, el griego en torno al 8,5%, etc (1).

La prima de riesgo es la diferencia existente entre el tipo de interés que le piden a cualquier país y el que le piden a Alemania (que es el país de referencia). Por eso la prima de riesgo española en la actualidad ronda los 230 puntos: 4% – 1,7% = 2,3% = 230 puntos básicos.

¿Por qué hay países que tienen mayor prima de riesgo que otros?
Porque los países registran diferentes niveles de demanda de sus bonos. Cuantos más inversores quieran comprar bonos de un país determinado, menor será su tipo de interés y menor será por lo tanto su prima de riesgo. Veámoslo con ejemplos. Muchos inversores desean comprar bonos del Estado alemán, así que éste se puede permitir el lujo de vender sus bonos a un tipo de interés reducido (que es lo que mejor le viene para pagar menos en intereses). Como hay muchos demandantes, el Estado alemán no tiene muchos problemas para vender sus bonos. Por muy bajo que sea el tipo de interés que ofrezca el Estado alemán, siempre habrá un inversor dispuesto a comprar el bono. En cambio, al Estado español no le ocurre igual, porque no hay tantos inversores que quieran invertir en bonos españoles. Puesto que hay menos compradores de bonos españoles, si el Estado español quiere vender todos los bonos que le hagan falta, tendrá que ofrecer un tipo de interés más elevado para atraer a compradores (ya que el Estado pagará más y ellos cobrarán más). Y por esto los bonos españoles tienen un tipo de interés superior al de los bonos alemanes.

¿Por qué entonces unos países reciben mayor demanda de bonos que otros?
Que un país tenga más o menos inversores dispuestos a comprar sus bonos depende de muchos factores. Uno de los más importantes es el del riesgo de la operación. A mayor riesgo, menor demanda de bonos, ya que consideran que hay mayor probabilidad de que el Estado en cuestión quiebre y que por lo tanto no les acabe devolviendo el dinero. De la misma forma, a menor riesgo, mayor demanda de bonos (y menor tipo de interés). Si los inversores creen que un Estado es solvente y podrá devolver el dinero que le prestan, entonces querrán comprar sus bonos. Esto es precisamente lo que ocurre actualmente con Alemania. Los inversores piensan que Alemania es un Estado solvente y por lo tanto se ven atraídos por sus bonos. Al mismo tiempo esos mismos inversores creen que España tiene probabilidades de tener problemas de solvencia y no pagar sus deudas, por lo que no se atreven tanto a comprar sus bonos y por lo tanto hay menos demandantes.

Otro factor importante es el de la especulación financiera. Comprar bonos para luego venderlos más caro es una forma de ganar dinero de forma fácil y rápida (igual que ocurre con la especulación de viviendas). El problema es que estas operaciones especulativas hacen oscilar bruscamente el tipo de interés, y en determinadas ocasiones lo empujan al alza (para entender adecuadamente cómo se puede especular con la deuda pública leer este artículo). Muchos inversores tienen la capacidad de realizar compras y ventas de bonos en cantidades tan grandes que logran por un lado ganar mucho dinero y por otro lado hacer que el tipo de interés aumente o disminuya exponencialmente. Esto es precisamente lo que explica buena parte de la escalada registrada hace un año en los tipos de interés de países como Grecia, Portugal, España e Italia.

¿Cómo es que la prima de riesgo española está bajando?
Algunas personas se sorprenden al ver que en una época de pésima situación económica y social como la actual, incluso repleta de escandalosos casos de corrupción que afectan directamente a altos cargos del gobierno, la prima de riesgo española esté disminuyendo. Pero la explicación es muy simple, y nada tiene que ver con la actual evolución de la economía española ni con las medidas políticas adoptadas por el gobierno español. Como se puede observar en el gráfico, la prima de riesgo española experimentó una tendencia notablemente creciente hasta el 26 de julio de 2012, fecha a partir de la cual la prima comenzó un descenso progresivo que se mantiene en la actualidad. ¿Qué ocurrió este día para que las cosas cambiaran tanto? Pues lo único que ocurrió fue que el presidente del Banco Central Europeo (BCE) anunció públicamente que la poderosa institución intervendría en el mercado de deuda pública en caso de que la situación siguiese empeorando. Y ni siquiera tuvo que intervenir, con la advertencia bastó: al día siguiente la prima de riesgo de todos los países disminuyó en buena medida y no ha dejado de hacerlo hasta la actualidad.

¿Cómo es posible que con sólo un anuncio los mercados financieros se calmaran?
Porque afectó a los dos factores principales que hemos comentado. El respaldo del BCE supone que la institución se compromete a realizar una compra masiva de los bonos que estén en problemas. Si el bono español aumenta su tipo de interés porque hay pocos demandantes, el BCE interviene de forma que la cantidad demandada de bonos se multiplica, con el consiguiente resultado de que el tipo de interés disminuye. Este compromiso conlleva que ningún país pueda quebrar, porque el BCE aliviaría las tensiones antes de que eso sucediera. Así las cosas, el riesgo de invertir en bonos españoles disminuye notablemente, así como las oportunidades de especular con ellos. Como consecuencia, por un lado los inversores le pierden el miedo a invertir en estos bonos y demandan más cantidad, y por otro lado los especuladores no se atreven a hacer de las suyas porque el BCE podría chafarles su negocio en cualquier momento. El resultado lógico es que la prima de riesgo de estos países comienza a disminuir.

Notas:
(1)     Estamos fijándonos en los bonos con plazo de vencimiento a 10 años, que es el tipo de renta fija utilizada para calcular la prima de riesgo. A fecha 31 de octubre de 2013.

Eduardo Garzón
Saque de Esquina

miércoles, 30 de octubre de 2013

FMI / BM: Aboguemos por su remplazo I y II

I)
En mi entrega anterior hice referencia al ensayo de Kenneth Rogoff America’s endless budget battle, en el que augura al dólar la misma suerte que vivió en su momento la libra esterlina al declinar Reino Unido como imperio dominante: “Lo mismo, por supuesto, ocurrirá en última instancia con el dólar, especialmente a medida que los mercados de capitales asiáticos crezcan y se profundicen. Incluso si el dólar mantiene su reinado por mucho tiempo, no siempre será un monarca tan poderoso…” Por cierto que una tesis central de Rogoff, en ese trabajo, es que en realidad la batalla no era por el techo de la deuda sino por el tamaño del Estado. El Estado no es la solución, sino el problema, coincidían Reagan y Thatcher.
 
Insisto en que será necesario un nuevo acuerdo internacional para diseñar una nueva arquitectura del sistema financiero en algún momento. El dólar deberá salir como moneda de reserva internacional y ninguna moneda nacional –como quería Keynes– deberá remplazarla, sino un medio de pago expresamente mundial. “El privilegio de emitir la moneda de reserva mundial –escribe Rogoff– confiere enormes ventajas a EU. No sólo reduce las tasas de interés que paga el gobierno de EU, también las que pagan todos los habitantes de este país. La mayoría de los cálculos muestran que para EU esto implica un beneficio de más de 100 mil millones de dólares por año.”

Junto con la inhumación del dólar, deben serlo las nefastas instituciones fundadas en Bretton Woods: el FMI y el Banco Mundial (BM).

Éric Toussaint es un autor que después de una larga investigación hizo su tesis doctoral en ciencias políticas, que presentó en 2004, en las universidades de Lieja y de París VIII: Enjeux politiques de l’action de la Banque Mondiale et du Fonds Monétaire International envers le tiers-monde (Cuestiones políticas de la acción del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en el tercer mundo). Después se ha dedicado a perseguir lo que él llama los crímenes del FMI y el BM, y a publicar sus hallazgos uno tras otro. Toussaint es uno de tantos que abogan con vehemencia por su remplazo.

Los maniobreros internacionales del sistema financiero operaron una profunda desconexión del sistema financiero internacional respecto a la economía real, infligiendo a ésta daños terriblemente severos, y se dedicaron a producir dinero con dinero (hipotecas subprime, titulaciones de las mismas, nuevos esquemas Ponzi y mucho más), generando un burbuja como globo planetario repleto de la peste dineraria; dieron vida así a ese cadáver que no sirve a la economía productiva, ni a los hombres y mujeres de carne y hueso; millones han sido víctimas de los horrores infernales que los banqueros han inventado.

En 2014 el BM y el FMI cumplirán 70 años, y este octubre, una vez más, estos decrépitos gemelos consumaron, como todos los años, su rutina acostumbrada, de la que el Financial Times juzgó que no había ninguna posibilidad de que produjeran avances en ninguno de los problemas económicos más urgentes del mundo. Es interesante ver a los grandes nombres de las finanzas globales en conjunto, ironizó el Financial. Pero el verdadero cambio ocurre en los meses de negociaciones que conducen a estas reuniones, durante las tenaces discusiones que tienen los servidores públicos en su ir y venir entre las capitales durante meses; eso para recomendar las medidas que permitan continuar expoliando al mundo productivo y a la sociedad mundial. Dice Toussaint: desde su creación en 1944, el BM y el FMI han respaldado activamente a todas las dictaduras y todos los regímenes corruptos aliados de Estados Unidos.

Han pisoteado la soberanía de los estados violando en forma flagrante el derecho de los pueblos de disponer de sí mismos, sobre todo debido a las condicionalidades que imponen. Estas condicionalidades empobrecen a la población, incrementan las desigualdades, libran al país a las trasnacionales y hacen modificar las legislaciones de los estados (reformas profundas del código de trabajo, de los códigos mineros, forestales, eliminación de los convenios colectivos, etcétera) favoreciendo a los acreedores e inversionistas extranjeros.

Pese a los desvíos masivos de dinero, tanto el BM como el FMI mantuvieron, e incluso aumentaron, el monto prestado a los regímenes corruptos y dictatoriales aliados a las potencias occidentales (como el emblemático caso del Congo-Zaire de Mobuto, después del informe Blumenthal de 1982).

Financiaron la dictadura de Habyarimana en Ruanda hasta el año 1992, lo que le permitió a este dictador quintuplicar los efectivos de su ejército. Las reformas económicas que impusieron en 1990 desestabilizaron el país y exacerbaron sus siniestros conflictos. El régimen de Habyarimana había estado preparando un genocidio desde los años 80, que finalmente fue perpetrado a partir del 6 de abril de 1994, causando cerca de un millón de muertos entre los tutsis y los hutus moderados. En seguida, el BM y el FMI exigieron a las nuevas autoridades ruandesas el pago de la deuda contraída por el régimen genocida.

Apoyaron otros regímenes dictatoriales del campo contrario –como el de Rumania desde 1973 hasta 1982, y el de China a partir de 1980– para debilitar a la Unión Soviética antes de su implosión en 1991.

Les participaré en mis próximas entregas la mayor parte de la lista de sus intervenciones en el tercer mundo.


II)
Mi colaboración anterior terminaba con apenas el enunciado de lo que Éric Toussaint ha llamado crímenes de las instituciones de Bretton Woods que han acompañado a la corrompida moneda de reserva que emite el imperio. Daba algunas razones de orden económico por las que debemos en el mundo entero abogar por el remplazo del Banco Mundial (BM) y el FMI.
 
Pero inicié también la enumeración de algunas de las acciones criminales del BM y el FMI en el tercer mundo, producto de la investigación de Toussaint.

No hay duda: la más abominable cara del imperio y sus aliados son las matanzas que han llevado a cabo sus ejércitos, o las que han obligado a realizar a sus subordinados del tercer mundo. Pero detrás de esta horrenda cara que aparece al frente, están detrás el BM y FMI, colaborando con la parte ominosa que les corresponde.

En materia de medio ambiente, el BM prosigue el desarrollo de una política productivista desastrosa para los pueblos y nefasta para la naturaleza. Sin embargo, consiguió que se le atribuyera la gestión del mercado de los permisos de contaminación. 

El BM financia proyectos que violan flagrantemente los derechos humanos. Entre los proyectos directamente apoyados por el Banco Mundial, se puede poner como emblemático el proyecto de transmigración en Indonesia (1970-1980) que tenía componentes que pueden considerarse crímenes contra la humanidad (destrucción del medio natural de poblaciones indígenas, desplazamiento forzoso de poblaciones). Recientemente, el Banco Mundial financió íntegramente la mal llamada operación de salidas voluntarias en la República Democrática del Congo, un plan de despidos que violó los derechos de 10 mil 665 empleados de Gécamines, empresa minera pública situada en la provincia de Katanga. Estos ex empleados esperan todavía el pago de sus salarios atrasados y las indemnizaciones previstas por el derecho congoleño.

El Banco Mundial y el FMI favorecieron el surgimiento de factores que provocaron la crisis de la deuda que estalló en 1982. En resumen: a) el BM y el FMI empujaron a los países a endeudarse en unas condiciones que llevaban al sobrendeudamiento; b) presionaron, incluso forzaron, a los países a levantar los controles sobre los movimientos de capitales y sobre el cambio, acentuando la volatilidad de los capitales y facilitando de esa forma su fuga; alentaron a los países a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones en provecho de un modelo basado en la promoción de las exportaciones.

Disimularon los peligros que ellos mismos habían detectado: sobrendeudamiento, crisis de pagos, transferencias netas negativas…

Desde el estallido de la crisis en 1982, el Banco Mundial y el FMI favorecieron sistemáticamente a los acreedores y debilitaron a los deudores.

El Banco Mundial y el FMI recomendaron, incluso impusieron, políticas que hicieron recaer el pago de la crisis de la deuda sobre los pueblos, privilegiando al mismo tiempo a los más poderosos.

Estas mismas instituciones prosiguieron con la generalización de un modelo económico que aumenta sistemáticamente las desigualdades entre los países, y en el interior de los mismos.

En los años 90, el BM y el FMI, con la complicidad de los gobernantes, extendieron sus políticas de ajuste estructural a la mayoría de los países de Latinoamérica, África, Asia, y Europa central y oriental (comprendida Rusia).

En este último país, las privatizaciones masivas fueron concretadas en detrimento del bien común y enriquecieron de manera colosal a un puñado de oligarcas. Reforzaron las grandes empresas privadas y debilitaron tanto a los poderes públicos como a los pequeños productores. Agravaron la explotación de los trabajadores y aumentaron su precariedad. Lo mismo hicieron con los pequeños productores.

Su retórica sobre la lucha por la reducción de la pobreza no termina de encubrir una política específica que reproduce y refuerza las propias causas de la pobreza.

La liberalización de los flujos de capitales que sistemáticamente estas instituciones han privilegiado ha fomentado la evasión fiscal, la fuga de capitales y la corrupción.

La liberalización de los intercambios comerciales reforzó a los fuertes y aisló a los débiles. La mayor parte de pequeños y medianos productores de los países en desarrollo no pueden resistir a la competencia de las grandes empresas, ya sean del norte o del sur.

El BM y el FMI actúan junto a la Organización Mundial del Comercio, la Comisión Europea y los gobiernos cómplices para imponer una agenda radicalmente opuesta a la satisfacción de los derechos humanos fundamentales.

Desde que la crisis golpea a la Unión Europea, el FMI está en primera línea para imponer a las poblaciones de Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre… unas políticas que ya fueron impuestas a las poblaciones de los países en desarrollo, a las de Europa central y oriental en los años 90.

El BM y el FMI, que pregonan la buena gobernanza en todos sus informes, abrigan en su seno comportamientos sumamente dudosos.

Estas dos instituciones mantienen a la mayor parte de los países en la marginalidad, a pesar de que esos países constituyen la mayoría de sus miembros, y privilegian a un puñado de gobiernos de los países ricos. La gestión de la crisis iniciada en 2007, no ha dejado duda sobre su forma de actuar.

En resumen, el BM y el FMI representan unos instrumentos despóticos en manos de una oligarquía internacional (unas pocas grandes potencias y sus sociedades trasnacionales) que refuerza un capitalismo internacional, destructor de la humanidad y de la naturaleza.

José Blanco
La Jornada


No estamos obligados a pagar deudas ilegítimas

Los ajustes estructurales que se vienen aplicando desde 2010 en nuestro país violan los derechos humanos. No lo denuncian solo los movimientos y organizaciones sociales. Lo ratifica el Centro por los Derechos Económicos Sociales y Culturales en su informe de 2012 para Naciones Unidas: “La crisis económica y las respuestas del gobierno han puesto en peligro la capacidad de una gran parte de la población para ejercer sus derechos, especialmente el derecho al trabajo y a unas condiciones laborales decentes, el derecho a un nivel de vida adecuado y el derecho a una vivienda asequible”. Lo corrobora también el comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, Nils Muiznieks: En España, la austeridad tiene impacto negativo en los derechos humanos”.
 
Los recortes en sanidad, educación, dependencia, vivienda, atención a las víctimas de la violencia machista y otros derechos sociales se producen con la excusa del déficit y en el marco de un proceso de creciente deuda pública. El pago de los intereses previstos para 2014 es de 36.590 millones de euros, el 11% del presupuesto, la segunda partida después de las pensiones. De 2008 a 2012 llevamos gastados 113.156 millones de euros tan solo en intereses. Al mismo tiempo, los recortes en política sociales superan los 120.000 millones, si contamos desde 2010 a 2013. La otra cara de la moneda es el incremento de la pobreza y las desigualdades. La población en riesgo de pobreza ha aumentado del 19,6% en 2007 al 21,1% en 2011 (cinco millones de personas).

La reforma de la Constitución pactada por el PP y PSOE en agosto de 2011 entra en plena contradicción cuando contrastamos el nuevo artículo 135.3 (que garantiza que el pago de la deuda y sus intereses gozarán de “prioridad absoluta”) con los artículos de su Título Primero (De los derechos y deberes fundamentales), en el que se recogen el derecho a la educación, a la salud, a una vivienda y, en definitiva, a una vida digna, entre muchos otros. El artículo 135.3 también establece que la deuda no podrá “ser objeto de enmienda o modificación”.

Se blinda así el pago de la deuda presentando los recortes en políticas sociales como un mal necesario para “tranquilizar” a los mercados y a la comunidad internacional (léase, la Troika) y “cumplir” con la constitución. Y de esta forma se perpetúa la violación de los derechos humanos, incumpliendo con la obligatoriedad de todo Estado de protegerlos y garantizarlos. La deuda se vuelve entonces ilegítima y da incluso argumentos jurídicos para no pagarla si hubiese voluntad política para hacerlo.

Esta situación no es exclusiva del Estado español. El relator especial de Naciones Unidas sobre la deuda externa y los derechos humanos afirmó en su informe de mayo de 2013 que las condiciones de los  rescates  de la Troika a Grecia estaban violando los derechos humanos. Y el Consejo de Derechos Humanos adoptaba hace poco más de un año una “resolución” en la que afirmaba que “la deuda de los países en desarrollo ha mermado su capacidad para crear las condiciones que se requieren para el ejercicio de los derechos humanos, en particular los derechos económicos, sociales y culturales”.

La conclusión es clara. Cinco años después del estallido de la crisis financiera, el Gobierno español –junto al G20, la UE o el FMI- sigue promoviendo políticas neoliberales injustas que ponen en peligro la garantía de los derechos humanos. Para encontrar soluciones a la deuda que garanticen la justicia social necesitamos un cambio de sistema. Respuestas a la crisis que pongan en el centro el rescate a las personas y no a los bancos y a la industria financiera. Una regulación estricta del sector financiero con pleno control democrático, de manera que esté al servicio de la sociedad. Mecanismos que nos sirvan aquí y al resto de pueblos del mundo que siguen viviendo bajo el yugo de deudas ilegítimas que perpetúan diferentes formas de violencia y miseria para la mayoría de la población mundial. Mecanismos que pasen por no pagar las deudas ilegítimas. 

Iolanda Fresnillo y Tom Kucharz , miembros de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda ¡No Debemos! ¡No Pagamos! 
El País

martes, 29 de octubre de 2013

Un diagrama para que no te engañen con las cifras del paro

Los datos arrojados por la Encuesta de Población Activa revelan que el paro ha disminuido el tercer trimestre de 2013 (julio, agosto y septiembre). Cuando leemos o escuchamos una comunicación así, instantáneamente pensamos que es una buena noticia. Pero lo cierto es que el paro puede descender por muchos motivos, y ello no siempre responde a causas de las que podamos alegrarnos. Para comprender fácilmente las formas por las que el paro puede descender (o aumentar) y así poder saber si hay motivos de alegría o no, presentamos un diagrama sencillo que nos permite abordar la problemática de una forma rápida y sencilla.

Con el siguiente recuadro azul se representa toda la población residente en el territorio español.

diagrama1

Ahora vamos a diferenciar la población que está en edad de trabajar con la que no está en edad de trabajar (menores de 16 años y mayores de 64 años).

diagrama2

A continuación, dentro de la población que está en edad de trabajar hay que distinguir entre aquellos que están inactivos (estudiantes, trabajadores del hogar, prejubilados e incapacitados) de aquellos que están activos.
diagrama3

Por último, dividimos la población activa entre ocupados y desempleados.

diagrama4

Pues bien, ya tenemos bien ubicado el segmento de población que nos interesa: los parados (franja naranja). Este colectivo puede disminuir, pero en ese caso las personas que dejan de estar paradas abandonan la franja naranja de nuestro diagrama para pasar a otro espacio. Nos encontramos con 4 posibilidades:
  1. Si se trasladan al recuadro rojo (población ocupada) entonces es que se están creando puestos de trabajo, porque un parado deja de estarlo porque comienza a trabajar.
  2. Si se trasladan al recuadro rosa (población inactiva) entonces no se están creando puestos de trabajo. El antiguo parado puede haber decidido iniciar unos estudios, puede haber tenido un accidente que le ha dejado incapacitado para trabajar, puede haber decidido dedicarse a las labores del hogar, o puede haberse prejubilado. Y a pesar de que no se crean nuevos puestos de trabajo, el paro (y la tasa de paro) disminuye.
  3. Si se trasladan al recuadro azul de la derecha (es decir, si se jubilan) tampoco se crean nuevos puestos de trabajo, pero el número de parados disminuye.
  4. La última posibilidad es que las personas que abandonen el recuadro naranja lo hagan porque fallezcan o porque se muden a otro país –ya sea para estudiar o para trabajar– y por lo tanto desaparecen del diagrama. En este caso el número de desempleados disminuye, aunque obviamente esto no supone creación de puestos de trabajo en España.
Como se puede comprobar, la única posibilidad que puede considerarse verdaderamente positiva es la primera: cuando un parado deja de estarlo porque comienza a trabajar. Las otras tres posibilidades reducen el número de desempleados pero sin que por ello se estén creando nuevos puestos de trabajo.

Vamos a ver qué ha pasado en este tercer trimestre de 2013 (julio, agosto y septiembre) atendiendo al diagrama: la franja naranja (la población desempleada) se ha reducido en 72.800 personas, de las cuales 39.500 pasaron a la franja roja (y por lo tanto pasaron a trabajar) y 33.300 abandonaron el diagrama, pasaron a la franja rosa o terminaron en la franja azul de la derecha (en otras palabras: fallecieron, se mudaron a otro país, se jubilaron, se prejubilaron, iniciaron nuevos estudios, se dedicaron a las labores del hogar o sufrieron alguna incapacidad para trabajar).

Estos datos no parecen malos si se olvida que estamos hablando de los tres meses del año que mejores resultados ofrecen en términos de empleo en todo el año, debido a las vacaciones de verano. De hecho, todo el empleo creado (todo lo que aumenta la franja roja) ha sido en el sector servicios y de carácter temporal, lo que demuestra que es debido al periodo vacacional.

Si ampliamos el horizonte y pasamos a considerar los nueve primeros meses de este año (y por lo tanto combinamos periodos buenos con periodos malos) los datos no dejan lugar a dudas: la situación es muy negativa. Desde enero a septiembre la franja naranja (desocupados) se ha reducido en 61.000 personas. Esto, que podría parecer un dato positivo, es un fenómeno nefasto cuando se comprueba que el desplazamiento no ha sido en absoluto hacia la franja roja (ocupados), sino en su totalidad hacia las otras tres posibilidades (fuera del diagrama, franja rosa, y franja azul de la derecha). Pero por si esto fuera poco, resulta que durante el mismo lapso de tiempo, la franja roja también ha disminuido en 134.000 personas. Y, obviamente, el movimiento no ha sido hacia la franja naranja, sino hacia fuera del diagrama, hacia la zona rosa, o a la azul de la derecha.

Realizar este tipo de lecturas en realidad no es nada difícil. Lo que ocurre es que en los medios de comunicación convencionales se suelen presentar todos los datos en bruto, sin acompañarlos de lecturas que traten de articular todos los elementos para de esta forma facilitar la comprensión de la realidad. No hay duda de que hay intereses en que no quede muy claro si el paro se ha reducido por la creación de puestos de trabajo o por cualquier otro motivo. Por todo ello, siempre es recomendable plantarse delante de todos esos datos con este diagrama en la mano. De esta forma, al menos, le estaremos poniendo más difícil a los comunicadores correspondientes su intento por confundirnos y desorientarnos.

Eduardo Garzón
La Marea

domingo, 27 de octubre de 2013

Radiografía de un tumor financiero

No es razonable que no se considere más alternativa que el 'recortismo' del sector público y que el cheque extendido a nuestros bancos no tenga contrapartidas.

A finales de mayo de 2010, en un giro de política económica sin precedentes, se aprobó el primero de los recientes planes de austeridad. Aquello no fue por casualidad. De acuerdo con datos del Banco de España, nuestra deuda privada alcanzó un máximo del 212% del PIB en junio de ese año (de los que 125 puntos corrían a cargo de las empresas y 87 correspondían a las familias). Si a esto añadimos los 58 puntos que representaba la deuda pública, se tiene que la deuda total de los llamados “sectores residentes no financieros” de la economía española equivalía al 270% del PIB.

Desde entonces y hasta junio de este año, la deuda privada de la economía española se ha reducido en 26 puntos de PIB. Sin embargo, teniendo en cuenta el incremento experimentado por la deuda pública en el mismo periodo, resulta que la deuda total de empresas, familias y administraciones públicas ronda hoy el 279% del PIB. Es decir, que, tras tres años de esfuerzos ímprobos, esta deuda representa (en relación a nuestra capacidad de generar riqueza) nueve puntos más que cuando se aprobó el primer plan de austeridad. El coste de los intereses de la deuda pública en el contexto financiero internacional ha puesto su granito de arena, pues ha pasado de representar el 1,5% del PIB en el inicio de la crisis al 3,5% actual, aproximadamente.

Parece lógico preguntarse por el papel del sector financiero en la formación de esta deuda; al fin y al cabo, los bancos son la otra parte contratante de empresas, familias y administraciones públicas. Podríamos alarmarnos al leer que el total de pasivos del sector financiero español equivale al 450% del PIB, pero esta cifra bruta incluye lo que unos bancos se deben a otros; no es deuda neta del sector. Además puede decirse que lo realmente importante no es la deuda que acumulan nuestros bancos, sino la relación que ésta guarda con el total de sus activos financieros (en eso consiste su razón de ser: el sector financiero es el instrumento con el que acumulamos y reasignamos el capital). Por eso, una manera de tomarle la temperatura a nuestros bancos consiste en observar la evolución de sus “activos financieros netos”, o riqueza financiera, tal y como se representa en la gráfica adjunta.

Se observa, a partir del año 2003, un incremento progresivo de la posición deudora de nuestros bancos frente al resto del mundo y, simultáneamente, un incremento de su posición acreedora frente a las empresas residentes y las administraciones públicas. Hasta ese año los bancos españoles empleaban el ahorro de las familias para financiar a las empresas y a las administraciones públicas y, en menor medida, invertir en el resto del mundo. Nada extraño, sino que las cosas cambiaron. Los activos financieros netos de las familias frente a los bancos pasaron de representar casi el 40% del PIB a inicios de los años 2000 a tan sólo el 6% en vísperas de la crisis. ¿Fue el incremento de la demanda de crédito por parte de familias y empresas lo que provocó el endeudamiento de nuestros bancos frente al resto del mundo, o fue al revés? En cualquier caso, el endeudamiento externo del sector financiero alimentó la explosión del crédito y permitió el sobreendeudamiento privado.

Evidentemente, si los bancos actuaron de esta manera es porque algo ganaban con ello. El promedio de los beneficios anuales del sector financiero español desde el inicio del euro hasta el mencionado año 2003 equivalía al 1,5% del PIB. En junio de 2007, justo antes del estallido de las “subprime” en Estados Unidos, los mismos beneficios representaban ya el 3% del PIB interanual.

Hoy, siempre de acuerdo con el Banco de España, se reclama al sector de las instituciones financieras una deuda exterior equivalente al 80% del PIB (al margen de otros 90 puntos que familias, empresas y administraciones públicas deben al resto del mundo). Resulta curioso que la deuda exterior total no se haya reducido un ápice desde que se aprobó el primer plan de austeridad: 170% del PIB.

Mientras tanto, el incremento de créditos dudosos ha sido colosal, pasando de 16.000 millones de euros en 2007 a 180.000 millones en la actualidad. La consecuencia es que la cuenta de resultados de nuestros bancos desde que comenzó la crisis arroja unas pérdidas netas superiores a 40.000 millones de euros. En este contexto es difícil de imaginar que el sector financiero pueda reabrir el grifo del crédito por sí mismo (lo que se considera condición necesaria para la reactivación de la economía), así que hemos extendido otra receta más de deuda pública.

El sector financiero español ha recibido hasta ahora más de 60.000 millones de euros en ayudas públicas directas, sin contar avales y otros programas del Estado, por un importe superior a 35.000 millones que son susceptibles de generar pérdidas (de hecho, casi el 20% de esta última cantidad se había evaporado ya a finales de 2012…). Es mucho dinero. La carga financiera de la deuda pública presupuestada para 2013, por poner un ejemplo, es inferior a 40.000 millones de euros. Una cosa es que el déficit público esté contribuyendo al desapalancamiento de las empresas privadas a través de los estabilizadores automáticos y otra, muy diferente, es un trasvase directo de deuda que enjuga sobradamente las pérdidas del sector financiero desde el inicio de la crisis. Es el contribuyente quien está hilvanando las costuras de la cohesión social y facilitando en última instancia el desapalancamiento de la economía española.

Tenemos, pues, una curiosa combinación de políticas de austeridad con explosión de deuda pública cuyo balance, al menos de momento, es el siguiente. El desapalancamiento de los sectores no financieros no se ha reducido (la deuda del sector privado se ha transformado en deuda pública, e incluso más). La deuda exterior tampoco se ha reducido y el crédito interno sigue sin fluir, a pesar del trato generoso del contribuyente hacia un sector financiero que ha retomado números verdes desde que comenzó el año (el crédito para la financiación de actividades productivas se ha reducido un 9% en la primera mitad de 2013, y un 28% desde que alcanzó su máximo en marzo de 2009). 

Además, por el lado de la demanda, el coste de las políticas de austeridad en forma de paro, merma de poder adquisitivo y deterioro de los servicios públicos está siendo enorme. Si, como afirma el FMI, “el desafío político es cómo hacer que este proceso [de desapalancamiento] sea menos costoso para el empleo y el crecimiento”, no parece que se pueda hablar de éxito.

Es verdad que es imposible resolver a coste cero un problema de sobreendeudamiento y que cualquier política complementaria a la austeridad (fundamentalmente tres: las quitas, la inflación y el crecimiento) ni es evidente ni está exenta de controversia. Lo que no es razonable es que no se considere más alternativa que el “recortismo” del sector público y que el cheque extendido a nuestros bancos no tenga contrapartidas. Porque, aunque nos duelan mucho la deuda pública y el mercado laboral, lo que realmente nos pasa es que nos ha salido un tumor en el sistema financiero.

Daniel Fuentes Castro
El Diario.es