jueves, 18 de agosto de 2011

No hay fatalidad, existen alternativas

Este artículo muestra el error de las políticas públicas que se están aplicando o proponiendo para resolver el enorme problema del desempleo en España y para salir del estancamiento económico en el que la economía española se encuentra. El artículo muestra empíricamente los resultados negativos de tales políticas, presentando alternativas, con datos que las apoyan, que permitirían eliminar el desempleo y recuperar el crecimiento económico. Entre estas medidas se señala la necesidad de una reforma fiscal profunda y progresista.

La tasa de aumento del desempleo

En el análisis del desempleo hay que considerar dos conceptos que son distintos pero que en general se confunden. Uno es la tasa de aumento de desempleo, y otro, diferente, es la tasa de desempleo. Los economistas neoliberales subrayan que el aumento del desempleo se debe a las rigideces del mercado laboral y a la excesiva influencia y poder de los sindicatos en las negociaciones colectivas. Es importante subrayar que esta tesis no es sostenible, basándonos en la abundante evidencia empírica existente en la literatura científica. Así, cuando analizamos la evolución del desempleo en la mayoría de países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) vemos que el país en el que más ha descendido su desempleo ha sido Alemania, y ello a pesar de la enorme reducción de su Producto Interior Bruto, consecuencia de la disminución de sus exportaciones resultado de la recesión mundial. Al estar la economía alemana muy orientada hacia las exportaciones, tal reducción de la demanda internacional creó una gran crisis económica en el país. Sin embargo, el desempleo continuó bajando. Y ello fue en gran parte resultado de la elevada regulación del mercado de trabajo alemán y de la participación de los trabajadores y sus sindicatos en la gestión de las empresas, a través del sistema conocido como cogestión. Debido a ello la manera en que las empresas respondieron a la disminución de la demanda de bienes y servicios, resultado de la recesión, fue reduciendo las horas de trabajo de cada trabajador en lugar de reducir el número de trabajadores. El 40% de las empresas alemanas disminuyeron las horas de trabajo como respuesta a la crisis.

En el otro extremo vemos que los países que durante la crisis aumentaron más su desempleo (su tasa de aumento de desempleo fue mayor) fueron Irlanda y Estados Unidos, además de España, que son los países que tienen mercados de trabajo más desregulados (es más fácil despedir a los trabajadores por parte del empresario) y donde los sindicatos son más débiles. Es lógico que si el empresario puede despedir al trabajador en momentos de reducción de la demanda de sus productos, lo haga, y con ello la tasa de crecimiento del desempleo aumente. Creerse que la persona a la que se despide va a poder encontrar trabajo, asume erróneamente que existe abundante oferta de trabajo, lo cual no es cierto, pues una característica de la recesión es la disminución de puestos de trabajo.

Esta evidencia muestra claramente el error, cuando no la falsedad, de las tesis neoliberales que han estado incluidas en la reforma laboral aprobada por el gobierno Zapatero y que, sin lugar a duda, el Partido Popular continuaría en caso de que ganara las próximas elecciones.

LA TASA DE DESEMPLEO

La otra tasa es la tasa de desempleo, que se debe primordialmente a que no existe suficiente producción de empleo. En el caso español ésta es la mayor causa de su elevado desempleo y también de la enorme variabilidad en la creación y destrucción de empleo. Una de las raíces del problema que nunca aparece en los medios de información económica es precisamente el escaso desarrollo del sector público en España. Aquí, de nuevo, los economistas neoliberales consideran al sector público sobredimensionado, atribuyendo el escaso crecimiento económico a un supuesto sector público hipertrofiado. Los datos, sin embargo, muestran de nuevo el error, sino falacia, de tal postura.

El porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar, tales como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, servicios sociales, entre otros, representa sólo un 9%, un porcentaje mucho más bajo que el promedio de la UE-15 que es un 15% y, mucho, mucho, más bajo que Suecia que es casi el 25%. En otras palabras, 1 de cada 4 suecos adultos trabaja en su estado del bienestar. En España no llegamos ni a uno de cada diez. En realidad, si tuviéramos el mismo porcentaje de la población adulta que Suecia trabajando en el estado del bienestar español, habría 5 millones más de puestos de trabajo de los actuales. En realidad, no tendríamos desempleo pues ahora el paro alcanza casi los 5 millones de personas.

¿Por qué no se hace?

Para contestar a esta pregunta es importante ver qué está pasando en los países PIGS (que en inglés quiere decir cerdos) que incluyen, además de España, Portugal, Grecia e Irlanda. Todos estos países están ahora en una crisis profunda.

Estos países tienen en común el haber estado gobernados por dictaduras fascistas o fascistoides (España, Portugal y Grecia) o por gobiernos autoritarios de ultraderecha (Irlanda). Como consecuencia de ello las políticas fiscales de sus estados son sumamente regresivas, la manera técnica de decir que los súper-ricos, los ricos, y las rentas profesionales altas no pagan impuestos, o pagan impuestos muy bajos. De ahí que los ingresos al estado sean muy bajos. Así, España, tales ingresos representan aproximadamente un 34% del PIB, mucho más bajo que la UE-15, 44%, y mucho, mucho más bajo que Suecia, 52%. Si tuviéramos la misma política fiscal que Suecia y tuviéramos el mismo nivel de ingresos que aquel país, el estado español (tanto central, como autonómico y municipal) ingresaría 200.000 millones de euros más de los que ingresa ahora, con lo cual se podría reducir el déficit y crear los 5 millones de puestos de trabajo necesarios para eliminar el déficit social de España con el promedio de la UE-15.

¿Por qué no se hace la reforma fiscal?

El lector se hará la pregunta de por qué el estado español no recoge este dinero. Y la respuesta es fácil de ver cuando se mira quién paga impuestos en España. Un trabajador de la SEAT paga actualmente en impuestos un cantidad que representa el 74% de los impuestos que paga un trabajador de VOLVO en Suecia. En realidad, la mayoría de trabajadores que están en nómina ya paga unos impuestos comparables a los de sus homólogos de la UE-15 aunque ligeramente inferiores a los que pagan sus homólogos en Suecia.

Pero si miramos los impuestos que pagan los súper ricos (el 1% de renta superior del país) vemos que en España pagan solo el 20% de lo que pagan sus homólogos en Suecia. Puede verse entonces que son las rentas superiores las que no están contribuyendo al estado en la medida que sus homólogos lo hacen en el centro y norte de Europa. Es lo que solía llamarse poder de clase que ahora ha dejado de utilizarse en las culturas políticas y mediáticas dominantes al asumir erróneamente que las clases, así como la lucha de clases, habían ya desaparecido. El dominio de las fuerzas conservadoras y liberales sobre el estado y la adaptación de las izquierdas al teorema neoliberal ha llevado a esta situación, que se ha ido acentuando todavía más con las bajadas de impuestos que han favorecido sobre todo al 20% de renta superior del país. Esta bajada de impuestos que ha ido tomando lugar en los últimos quince años, ha sido la causa del déficit estructural del estado español, que permaneció oculto detrás de la burbuja inmobiliaria, que al conllevar un crecimiento de la economía supuso un incremento de los ingresos al estado, pero cuando la burbuja inmobiliaria estalló, apareció con toda crudeza este déficit estructural. No es cierto que este déficit haya sido causado por un aumento del gasto público, tal como neoliberales (como Xavier Sala-i-Martín) han estado repitiendo. Este déficit ha sido causado por la reducción de impuestos, llevada a cabo en los últimos quince años.

La polarización de las rentas como causa de la crisis

Lo que hemos estado viendo estos años ha sido una disminución muy marcada de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional. Este fenómeno, que ha ocurrido en toda la eurozona, ha sido particularmente acentuado en España. Ello es consecuencia de que la productividad ha aumentado más que los salarios en contra de lo que constantemente se está indicando. Ello explica que las rentas del capital hayan aumentado a costa de la disminución de las rentas del trabajo.

Esta reducción de las rentas del trabajo ha creado un problema de demanda pues las clases populares han perdido capacidad adquisitiva que han intentado paliar endeudándose, permitiendo mantener un alto nivel de demanda que estimuló el crecimiento económico. Ahora bien, este crecimiento fue relativamente menor, lo cual forzó un intento de estimular esa demanda mediante la reducción de los intereses bancarios. Es importante que se subraye este punto porque constantemente se presenta esta disminución de intereses bancarios como causa del boom inmobiliario, cuando en realidad esta reducción de intereses está motivado por un deseo de mantener, e incluso incrementar, una demanda que estaba disminuyendo.

La reducción de las rentas del trabajo significó un incremento de las rentas del capital. El problema que tenía la gente súper rica y rica es que no iba a invertir en la economía productiva real, pues la rentabilidad en este sector era baja, resultado de la escasa demanda. Los ricos, y sus bancos, no iban a invertir en compañías de producción de coches, por ejemplo, cuando no hay una gran demanda del sector. Invirtieron en su lugar en actividades especulativas, entre ellas en el sector inmobiliario creándose el complejo bancario-inmobiliario-industria de la construcción que fue el motor del crecimiento económico durante los últimos veinte años. Estas actividades especulativas llevaron a una situación insostenible, puesto que los precios estaban muy por encima (de un 30 a un 40%) de los que deberían haberse definido según las reglas del mercado. Esto creó una explosión de la burbuja que paralizó al sector financiero y con ello la disponibilidad de crédito. Es vergonzoso que ni la agencia reguladora, el Banco de España, ni los grandes bancos en el país hayan sido llevados a los tribunales por su incompetencia en el primer caso y prácticas especulativas en el segundo. Nos encontramos en esta situación con un problema de falta de demanda por un lado y falta de crédito por el otro, lo cual lleva a esta crisis profunda, tanto económica como financiera.

La respuesta a la crisis

Ante este enorme problema de demanda y endeudamiento en el sector privado, es enormemente importante y urgente que el estado intervenga para llenar este vacío y a través del aumento del gasto público, invirtiendo sobre todo en crear empleo, a fin de que se cree una demanda. Por otra parte es importante que el estado intervenga para garantizar el crédito con el establecimiento de bancas públicas. Las políticas que se están siguiendo por parte del gobierno Zapatero así como por parte del Partido Popular son totalmente contraproducentes y se están utilizando precisamente para llevar a cabo las políticas que la banca y la gran patronal siempre han deseado, tales como desregular el mercado de trabajo y reducir el estado del bienestar.

Políticas alternativas

El discurso neoliberal que se ha expandido en Europa y en España es que no hay alternativa a estas políticas neoliberales y algunos sectores de izquierdas han aceptado ese diagnóstico señalando que un país solo no puede seguir políticas alternativas, utilizando siempre el ejemplo del gobierno Mitterrand, como el perenne punto de referencia. El hecho de que este mensaje neoliberal haya calado en la ciudadanía se debe también a la complicidad de los medios de comunicación que han centrado el debate en cómo recortar el gasto público, en lugar de cómo aumentar los ingresos al estado. Pero están profundamente equivocados. Por cada recorte que el gobierno está realizando hay otra medida alternativa, de ingresos al estado, que prevendría el tener que hacer recortes. Así, en lugar de congelación de las pensiones (1.530 millones de euros en 2011) se podrían haber revertido las reducciones de impuestos con lo cual se podría haber conseguido 30.000 millones de euros extra.

Consecuencias políticas

La gran impopularidad de estas políticas está conllevando el enorme declive del PSOE en España, declive que era totalmente predecible, viendo lo que ha ocurrido en otros países en los que la socialdemocracia ha seguido políticas semejantes, tales como el Nuevo Laborismo de Gran Bretaña o la socialdemocracia alemana de Schröder o incluso el Partido Socialista francés, así como las izquierdas italianas. Es un insulto a la inteligencia de los votantes socialistas creer que un mero cambio de personas en la dirección del partido socialista, personas además responsables de tales políticas, vaya a significar un efecto movilizador de las bases de aquel partido. No son las personas, sino las políticas que promueven, las que son impopulares. De ahí mi alegría del surgimiento del movimiento de los indignados que, como movimiento radical, va a la raíz del problema de España que es su limitadísima democracia. La democracia española resultado de una Transición inmodélica se hizo en términos excesivamente favorables a las fuerzas conservadoras. No puede ser que en un país en que la suma de los partidos de izquierda haya sido, en la mayoría de las elecciones legislativas, mayor que los partidos de derecha, España continúe estando a la cola de gasto público social por habitante entre los países de la UE-15. Y tampoco es tolerable que el ataque frontal más agudo en contra del estado del bienestar se haga bajo el argumento de que lo ordenan los mercados financieros a quién nadie ha votado o elegido. Esto lo considero indignante.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista LE MONDE DIPLOMATIQUE, agosto de 2011

http://www.vnavarro.org/?p=6065



miércoles, 17 de agosto de 2011

Reformas y ocurrencias

Se hunde la economía internacional y al portavoz económico del Partido Popular lo único que se le ocurre decir es que España necesita reformas estructurales, aunque eso sí se cuida muy bien de especificar a qué reformas se refiere; de otro modo no le votaría nadie, excepto los empresarios. La pena es que Zapatero y su Gobierno van a agotarlas todas. Ahora plantean flexibilizar aún más los contratos a tiempo parcial. En el colmo del cinismo, lo justifican afirmando que así los jóvenes podrán trabajar por la mañana y estudiar por la tarde, cuando el efecto va a ser más bien el contrario. La medida permitirá a los empresarios que, aun pagando media jornada, puedan tener enfangado al trabajador todo el día.

Hablando de ocurrencias, habrá que citar la del candidato socialista proponiendo a estas alturas un pacto de rentas. Siempre me ha costado entender el concepto, o más bien quizá sea mejor no entenderlo, porque limitar, limitar, solo se limitan las rentas de los trabajadores. Todos los pactos de rentas terminan igual, poniendo topes al aumento salarial y con la promesa de los empresarios de que ganarán poco.

Y puestos a limitar, qué decir de los consejeros y altos directivos de las empresas del Ibex 35. Causa rubor e indignación contemplar la lista de sus retribuciones y constatar que, durante el pasado año, en el que la mayoría de las familias españolas han visto reducidos sus ingresos, se han elevado por término medio un 14 por ciento, y todo ello a pesar de que en casi todos los casos los resultados de las empresas a las que pertenecen han disminuido sus beneficios. La indignación se incrementa cuando se repara en que muchas de estas sociedades son antiguas empresas públicas privatizadas y el único mérito de sus directivos consiste en haber contado con el favor del poder político de turno. Es uno de los resultados de las privatizaciones, que los sueldos de los directivos se han multiplicado por 10 o por 20.

No faltarán quienes arguyan que estas sociedades, al pertenecer al sector privado, deben gozar de total libertad para fijar las retribuciones. No esta tan claro, ya que una de las cuestiones pendientes por resolver del capitalismo actual es la falta de control de los accionistas sobre los ejecutivos. En las grandes empresas, la tecnocracia -en muchas ocasiones sin representar a nadie- se blinda, hace y deshace a su antojo y, por supuesto, fija sus propias retribuciones. Pero es que, además, esa autonomía que se pretende conceder al sector privado sería propia del Estado liberal del siglo XIX, pero en ningún caso del Estado social consagrado en nuestra Constitución, que establece los mecanismos adecuados, entre ellos la tributación directa, para corregir las desigualdades que genera el mercado.

Al Gobierno le resultaría muy fácil, mediante impuestos progresivos, reducir sustancialmente estas retribuciones. Pero, a pesar de los duros ajustes que está realizando sobre toda la población, se resiste a ello con el argumento de que tales gravámenes incidirían sobre la clase media. Los políticos tienen un raro concepto de clase media. Se refieren casi siempre a ese 10 por ciento de mayores ingresos.

El Gobierno anuncia para el próximo Consejo de Ministros una reforma del impuesto de sociedades, pero se trata simplemente de modificar el calendario de ingresos. Negativa absoluta a corregir ese escándalo que constituye el hecho de que, a pesar de que el tipo teórico del impuesto esté fijado en el 30 por ciento, el efectivo se reduzca al 10 por ciento, debido a que las múltiples bonificaciones y exenciones vacían por completo el gravamen. Esta sería una buena vía para limitar los beneficios de los empresarios. Téngase en cuenta que el impuesto de sociedades grava exclusivamente a las que tienen ganancias, no a las que están en perdidas.

Nunca he sido un firme defensor de los Pactos de la Moncloa, ya que el principal coste, como siempre, lo asumieron los trabajadores. Pero hay que reconocer que, al menos, entonces se pretendió vestir al santo, y en el paquete se introdujo la reforma fiscal: eliminación del secreto bancario, creación del delito contra la hacienda pública, introducción del impuesto de patrimonio y la promesa de reforma en profundidad del IRPF y del impuesto de sucesiones. En esta crisis, por el contrario, con la excusa de que los ricos eluden los impuestos, desde el principio se ha rechazado cualquier posibilidad de modificar los gravámenes directos; pero es que han sido precisamente los gobiernos, tanto del PSOE como del PP, los que, desde hace ya bastantes años, no han hecho ningún esfuerzo para evitar la elusión e incluso el fraude. No es verdad que no exista otra alternativa a los recortes actuales, bastaría deshacer las reformas fiscales realizadas a partir de 1996. Y no se diga que tales medidas influirían negativamente en la actividad económica, efectos más perversos tienen las que se están tomando ahora.

Habrá que preguntarse si la negativa de los gobiernos, sean del partido que sean, a gravar las rentas altas no obedece acaso a que sus miembros o ya están o esperan estar algún día en esa elite económicamente satisfecha.

Juan F. Martín Seco

República

http://www.republica.com/2011/08/11/reformas-y-ocurrencias_373395/



martes, 16 de agosto de 2011

"Acabemos con el control financiero en la gobernanza europea". Entrevista con Susan George

La crisis europea es señal evidente de que hay que librarse de la camisa de fuerza económica impuesta por el Tratado de Lisboa, el Banco Central Europeo y el poderoso sector financiero.

Usted se dio a conocer por su trabajo sobre la crisis de la deuda en los años ochenta y noventa. La de entonces, era una crisis de los llamados países en desarrollo, pero ahora parece que está afectando principalmente a los países desarrollados. ¿Cómo lo explica?

Las causas de la crisis de la deuda en los países del Tercer Mundo no eran las mismas que las de ahora. En los años setenta, gran parte del dinero de los préstamos se destinó a armamento, al gasto de las clases medias y altas en importaciones de productos de lujo, al creciente precio del petróleo y a proyectos de desarrollo mastodónticos; es decir, fue un gasto improductivo. Además, los Estados Unidos aumentaron de repente los tipos de interés, de forma totalmente unilateral, en 1981.

John Perkins, en su libro Confesiones de un gángster económico, afirma que se desplegó una política deliberada para endeudar y controlar a las economías en desarrollo. Se trata de su testimonio personal, que se debería corroborar con otras evidencias, pero sabemos sin duda que los países más ricos utilizaron la deuda para conseguir precisamente eso: imponer las condiciones de los Estados Unidos y de otros países acreedores, por las que se obligó a los países en desarrollo a entrar en la economía mundial en términos muy desfavorables.

La gran causa de la actual crisis de la deuda europea es que los Gobiernos han asumido las deudas de bancos privados, que estallaron con la crisis financiera. El caso más evidente es el de Irlanda, que asumió la responsabilidad de todo lo que debían sus bancos, pero lo mismo sucede con todos los países que están ahora en dificultades.

La idea de cero deuda nacional es una total fantasía.

De hecho, la deuda de la mayoría de países europeos es bastante modesta. A principios de este año, España sólo debía el 55 por ciento de su PIB. Incluso el estricto Tratado de Maastricht dice que un 60 por ciento está bien. Italia y Bélgica, por ejemplo, están muy por encima del 100 por ciento. Pero muchos países donde se está predicando el mensaje de la austeridad, como Francia, no tienen ningún problema.

La gente tiende a pensar –y es lo que los medios le dicen que piense– que la deuda de un hogar es lo mismo que la deuda de un país. Pero no es así. Una familia no puede vivir mucho tiempo por encima de sus medios, pero lo países, especialmente en la era moderna, siempre lo han hecho. Los Estados Unidos no han estado libres de deuda desde el siglo XIX. La idea de cero deuda nacional es una total fantasía.

Evidentemente, lo mejor es que, si pides un préstamo, lo inviertas de forma productiva. Y si tienes demasiada deuda, acabas pagando demasiados intereses a los prestamistas. Pero la 'deuda soberana', como se llama, no debería de ser un problema.

¿Cuáles cree que serán las consecuencias de estas políticas?

Las políticas europeas hasta la fecha están siendo desastrosas. Están aplicando los llamados 'remedios' que se impusieron a los países en desarrollo en los años ochenta, en lo que ahora se conoce como 'la década perdida del desarrollo'. Los programas de austeridad que se están imponiendo a Grecia, Irlanda o Portugal están directamente sacados del manual neoliberal de los programas de ajuste estructural, punto por punto y coma por coma.

El resultado es una feroz contracción de esas economías, hasta un punto sin precedentes. Cuando se impusieron medidas como las privatizaciones, los recortes salariales y la eliminación del gasto social en países realmente pobres como Níger, éstas se tradujeron en una hambruna y en muchísimas muertes. En Europa, tenemos algo más de margen, contamos con algunos cojines. Pero la economía griega ya se ha reducido en más de un 5 por ciento este año, el desempleo se ha disparado, los pequeños comercios se están hundiendo y se está privatizando absolutamente todo.

Cuando se impusieron medidas como las privatizaciones, los recortes salariales y la eliminación del gasto social en países realmente pobres como Níger, éstas se tradujeron en una hambruna y en muchísimas muertes.

Es una política criminal concebida para empujar a los trabajadores al siglo XIX, para deshacerse de los beneficios sociales por los que la gente luchó durante muchas generaciones. Como siempre, los ricos se escaparán y el capital internacional vivirá días de gloria con las oportunidades que ofrecen las privatizaciones. La gente corriente está pagando el doble por la crisis financiera: primero para rescatar a los bancos y, ahora, para sacrificar y arruinar a sus propios países y medios de vida.

¿Qué respondería a aquellos que dicen que la culpa es de Grecia y de su incapacidad para controlar las finanzas públicas?

La gente dice que los griegos no pagan impuestos. Y así es en el caso de los ricos, que tienen mucho dinero en Chipre, un paraíso fiscal muy conveniente. Según los datos de una sociedad financiera suiza, sólo el 1 por ciento del dinero griego depositado en bancos suizos se declara en Grecia, y sólo el 3 por ciento en el caso de Francia. Los griegos no están jugando en solitario. Grecia también ha mantenido un presupuesto militar relativamente alto. Incluso cuando Turquía –supuestamente, el enemigo– propuso una reducción conjunta del gasto militar, los griegos se mostraron en contra.

La iglesia ortodoxa griega, principal propietaria de tierras y bienes inmuebles del país, paga cero impuestos, lo cual no tiene ningún sentido. Hay también una gran economía sumergida. Y cuando el partido PASOK llegó al poder, se encontró con que sus predecesores habían amañado las cuentas y minimizado todo lo que debía el país.

A pesar de eso, deberíamos recordar que Grecia representa un mero 2 por ciento de la economía europea. No da para justificar esta increíble crisis o drama. Alemania y el Banco Central Europeo no están tratando el tema como una cuestión económica de endeudamiento e impago, sino como una obra moral en la que hay que castigar a los griegos.

Incluso si incluimos a Portugal e Irlanda, estamos hablando de una pequeña parte de la economía de la eurozona. Con España, las cosas empiezan a ponerse más serias, ya que representa en torno al 11 por ciento de la economía europea. E Italia... bueno, nadie quiere siquiera plantearlo.

Lógicamente, la austeridad sólo empeorará las dificultades económicas: menos ingresos fiscales, más desempleo, bajas inversiones, una mayor economía sumergida, etcétera. Además de un tremendo sufrimiento humano y un posible derrumbe del euro. No ha ha habido ni un solo caso en que un país mejorara su situación con las políticas de austeridad del FMI.

Los economistas neoliberales han conseguido eliminar toda la memoria histórica de los años treinta, cuando se utilizaron políticas keynesianistas para luchar contra la Gran Depresión. En lugar de ello, nos vemos enfrentados a un enconado problema de deuda, a una economía estrangulada por la austeridad y a ninguna esperanza de recuperación.

¿Cree que Grecia debería haberse declarado en quiebra? ¿Qué alternativas debería de haber seguido Grecia?

Los griegos no pueden pagar y entrarán en quiebra. Ya lo han hecho, pero nadie lo está llamando así. Después de llevar al país al borde del precipicio, se utilizará algún apaño para disfrazar la realidad.

Si yo hubiera sido [el primer ministro] Papandreou, habría dicho: “no podemos pagar y no pagaremos”. Después, habría calculado qué porcentaje de esa deuda es 'odiosa', un concepto jurídico que equivale a ilegítima, y qué podría afrontar razonablemente el país con el tiempo.

Después, habría declarado que Grecia no pagaría un 'x' por ciento –digamos la mitad– de la deuda, y propondría negociar con todos los bancos privados para determinar con qué condiciones se pagaría el resto: con plazos de vencimiento más largos, menos tasas de interés, etcétera. Los bancos deberían elegir entre no recibir nada o recibir el 50 por ciento de algo. Y recordemos que no tienen un ejército, así que no van a invadir Grecia. Y Grecia ni siquiera tendría que salir de la zona euro porque los tratados no prevén disposiciones para obligar a un país a abandonarla.

No podemos pagar y no pagaremos.

Está claro que las medidas provisionales no funcionarán en Irlanda ni en Grecia. Ni siquiera estoy segura de que esa sea la idea. En los países en desarrollo, y ahora en Europa, la deuda permite a los acreedores ejercer una especie de colonialismo sin necesidad de recurrir a un ejército o a una administración imperial. No es ninguna casualidad que los latinoamericanos priorizaran devolver el dinero al FMI en cuanto se lo pudieron permitir. Era la única forma que tenían para poder retomar el control de sus economías.

Deberíamos recordar lo que escribió Keynes en los años veinte en su Consecuencias económicas de la paz. Keynes advertía que Alemania no podría pagar sus deudas de la posguerra y que eso se pagaría, nunca mejor dicho, con el infierno. Y así fue, pero Alemania obtuvo un acuerdo para la deuda totalmente distinto después de la Segunda Guerra Mundial, por el que se limitaba el servicio de la deuda y el pago de los intereses tremendamente; unas condiciones que ahora no están dispuestos a ofrecer a Grecia.

¿Quién cree que es responsable de la crisis?

Son el sector financiero, los políticos nacionales y locales, los políticos europeos y, por supuesto, el Tratado de Lisboa y las estructuras del Banco Central Europeo, que mantienen a la eurozona en una camisa de fuerza económica.

Nadie obligó a los bancos franceses y alemanes a comprar tanta deuda griega. Los mercados financieros asumieron, sencillamente, que los bonos griegos eran igual que los alemanes; pero ahora se han dado cuenta de que los bonos griegos son griegos, y están decididos a recuperar tanto dinero como sea posible a los tipos de interés más altos que puedan, y sin tener en cuenta los costos sociales.

Y muchos Gobiernos europeos gobiernan claramente en nombre de su sector financiero. Pero están jugando con fuego, y aún pueden hacer saltar por los aires la eurozona, con lo que se abriría un panorama incierto.

¿Cuáles son los problemas estructurales del euro que han contribuido a la crisis?

Yo soy una ferviente europea, por lo que me gustaría que el euro durara, pero ahora mismo no tenemos la maquinaria económica y social para seguir con él. Tenemos una divisa común, pero no tenemos políticas fiscales, económicas ni sociales comunes. En lugar de aumentar los impuestos, los Gobiernos están compitiendo para reducirlos, como en Irlanda, que tiene un impuesto de sociedades del 12,5 por ciento.

Tenemos un presupuesto europeo ridículo, ningún impuesto paneuropeo y ningún impuesto sobre las transacciones financieras. Las transacciones mundiales, sólo sobre los mercados de divisas, se sitúan ahora en la astronómica cifra de 4.000.000.000.000 dólares al día. Incluso aunque sólo le impusieran un gravamen de 1/10.000, se recaudarían unos 400 millones de dólares al día. Y con ese dinero, se podrían solucionar muchos problemas.

El obstáculo es el Banco Central Europeo, no el euro en sí.

El obstáculo es el Banco Central Europeo, no el euro en sí. El Banco Central Europeo, BCE, no presta a los Gobiernos, sino a los bancos, al 1 por ciento o menos. Y después, los bancos prestan a los Gobiernos. La deuda a corto plazo de Grecia e Irlanda tiene un estatus de 'basura', y ahora tiene un precio del 20 por ciento.

El BCE, a diferencia de otros bancos centrales, no emite eurobonos o títulos europeos. De forma que los que gobiernan en realidad son los bancos y las agencias de calificación de riesgos. Necesitamos eurobonos, no sólo para desincentivar la especulación desenfrenada contra países concretos, sino también para que Europa puede invertir en grandes proyectos medioambientales y de infraestructuras que ningún país puede afrontar en solitario.

¿Hay otros problemas de la gobernanza económica europea que hayan contribuido a la crisis?

Uno de los motivos por los que luchamos tan duramente contra el Tratado de Lisboa en Francia es que consagra la política económica neoliberal en el corazón de Europa, y establece el marco para el tipo de crisis a las que debemos hacer frente hoy día. Ahora, la Comisión Europea quiere examinar los presupuestos nacionales de cada país antes de que los voten sus respectivos parlamentos para asegurarse de que cumplen con determinadas normas. Se trata de un ataque directo a la democracia.

En la Comisión Europea todo se juzga en función de la 'competitividad', que lleva, entre otras cosas, a una competición suicida entre los propios países europeos. No todo el mundo puede ser Alemania. En la eurozona, el gasto público se sitúa aún en torno al 50 por ciento del PIB, pero las grandes empresas y el capital quieren hacerse con el control de todo lo que puedan. De nuevo, se nos está arrastrando poco a poco al siglo XIX.

¿Cómo deberían responder los movimientos sociales a la crisis? ¿Qué alternativas podemos poner sobre la mesa?

Para empezar, someter a control al sector financiero, gravar las transacciones financieras, y obligar a los Gobiernos europeos, especialmente a los de la eurozona, a actuar de forma solidaria entre sí.

Realizar auditorías de la deuda para determinar qué parte de ella es 'odiosa' o ilegítima.

Desarrollar un mecanismo para solventar la deuda que no esté totalmente sesgado a favor de los acreedores.

Necesitamos eurobonos y una nueva carta para Europa, en que el BCE sea algo más parecido a la Reserva Federal estadounidense.

Usar el bancor de Keynes como divisa para el comercio. Pero para hablar de eso, ¡necesitaríamos otra entrevista!

Mientras tanto, estaría más que contenta con que las agencias de calificación de riesgos fueran organismos públicos y sin ánimo de lucro, y que sean los Gobiernos, no los bancos, los que gobiernen para los ciudadanos y las ciudadanas.

Nick Buxton
TNI
http://www.tni.org/node/70823


domingo, 14 de agosto de 2011

Opacidad: el arma más potente de la especulación financiera

"Las fuertes caídas del mercado de los últimos días se explican por motivos técnicos", aseguraba hace una semana Mohamed El-Erian, presidente de Pimco, la mayor gestora de fondos de renta fija (títulos de deuda) de mundo.

Se refería El-Erian a esos complicados gráficos que analizan los expertos bursátiles y que, aunque parezca increíble, les marcan las pautas de cuándo es el momento de comprar y vender. Durante las últimas semanas, las líneas blancas y negras que en la jerga se denominan velas y que forman extrañas figuras con nombres aún más enigmáticos, como hombro-cabeza-hombro o triple cruce de la muerte, se habían puesto de acuerdo para dar una señal: vender.

Quienes confían en ellas, las siguen con más devoción que a un Dios. Algunos ni siquiera escuchan las noticias para evitar que esa tensión pueda influir en sus nervios y llevarles a cometer errores de inversión.

'Hedge Funds'

Sin piedad

Pero lo que muchos de ellos ni piensan es que esas figuras que aparecen en sus pantallas no son más que el reflejo de los movimientos que están realizando las denominadas "grandes manos del mercado". Un selecto grupo de inversores que apenas unos privilegiados camareros del Upper East Side neoyorquino y de los alrededores de las suntuosas Regent Street o St. James Square de Londres han podido ver en plena acción.

Reuniones secretas entre los magnates de los principales bancos de inversión como Goldman Sachs, JPMorgar, Citigroup o Bank of América junto con los fondos de inversión de alto riesgo (hedge funds) sirven para definir el destino del dinero que recorre los mercados. En ellas, se definen objetivos. Las apuestas se hacen poco a poco, para maximizar el beneficio. Mejor atacar primero a las presas pequeñas: Grecia, Irlanda y Portugal. Una vez recogidos los beneficios, aunar fuerzas para el gran ataque: España, Italia, Francia...

Mercado oscuro

Intermediarios mudos

Los operadores del mercado de renta fija constataron unos fuertes flujos de órdenes de ventas en la apertura de los mercados de Londres (primera hora de la mañana en Europa) y Nueva York (media tarde en Europa) durante todos los días de la primera semana de agosto ¿Quiénes las daban? ¿Cuánto apostaban a la baja? ¿Contra qué países?

Nada de pantallas informativas con las cotizaciones como en la Bolsa. Incomprensiblemente, la información del mercado de renta fija parece el secreto mejor guardado del reino mundial. "El mercado de renta fija es OTC, y ni siquiera el que compra sabe quién vende y vicecersa", explica uno de sus operadores.

Ojo a las siglas OTC. Son la abreviatura de la expresión inglesa Over The Counter. Algo así como detrás del mostrador y significa que un inversor llega al mercado, introduce una orden de compra o venta y espera a que el bróker intermediario las cruce. Sólo ese bróker intermediario, los Tesoros de los países y los bancos centrales conocen con exactitud quien está a cada uno de los lados de esa operativa. ¿Información pública? Ninguna más allá de alguna estadística del Tesoro de cada país, en la que ofrecen porcentajes del origen de procedencia de los flujos de las operaciones de compra en las subastas oficiales.

En el llamado mercado secundario, la opacidad es aún mayor. Los brókers parecen haber firmado un pacto con el Dios del silencio. A nadie le interesa dar a conocer la mecánica de este sistema. Incluso los que están al frente de la operativa aseguran desconocer quiénes son sus protagonistas. Desde principios de este mes se han visto fuertes órdenes de venta procedentes de las mesas de negociación de la gran banca londinense Barclays, Royal Bank of Scotland o Citigroup, entre otros. "Eso no significa que estas entidades sean el origen de las órdenes. Simplemente están ejecutando las órdenes de sus clientes", especifica un operador de renta fija que trabajaen la City.

Entre sus principales clientes están los fondos de inversión de alto riesgo. En realidad estos hedge funds se parecen físicamente más a una boutique de lujo que a un banco. Están situados en las zonas más lujosas de Londres o Nueva York, donde reciben a sus clientes como si les fueran a confeccionar un traje a medida. En realidad, ellos son la fuente de su poder. Oficialmente, la capitalización de los hedge funds ronda los dos billones de dólares. Pero el capital que manejan es inmensamente más grande.

Su potencia se basa en que gestionan el dinero de otros, normalmente patrimonios de los más ricos del mundo. En total miles de millones con los que sólo tienen un compromiso: maximizar beneficios. A cambio, ni una palabra, ni un número sobre lo que se gestiona. De hecho, la nueva normativa de EEUU que pretende obligar a los hedge funds a publicar información sobre el dinero ajeno gestionado motivó hace tres semanas que George Soros, el gestor de hedge funds que se hizo famoso por expulsar a la libra del sistema monetario en 1992, se haya retirado del negocio para centrarse en gestionar sólo su propia fortuna.

Derivados

El gran negocio

Pero aún quedan muchos otros en esta guerra: John Paulson, conocido por haber colaborado con GoldmanSachs en el acoso y derribo de las hipotecas subprime, o Appaloossa, de David Tepper, otro de los grandes ganadores de la crisis inmobiliaria.

Estados y Bancos Centrales se niegan a publicar quién compra su deuda

Y por si las ingentes cantidades de dinero que manejan no fueran suficientes, el mercado financiero mundial inventó los derivados. Un sinfín de productos: futuros, opciones, ETF, CFDs, incluso los ya famosos CDSs. Todos tienen en común la capacidad de convertir la potencia millonaria de esos fondos de inversión en potencia super millonaria, en base al llamado apalancamiento. Es decir, endeudarse para hacer las apuestas.

Por ejemplo, un inversor que opere contra el euro puede apostar a la baja cien euros y con ellos dar órdenes de venta por valor de otros 20.000. Esto, en grandes volúmenes, tumba cualquier país. Aunque se desconocen las cifras exactas, se apunta que el mercado de derivados de todo el mundo podría superar los 700 billones de dólares (492 billones de euros). Considerando que el PIB de España apenas supera el billón de euros, atacar este país es como jugar al mus.

Las operaciones con derivados han sido la salvación de los grandes inversores en los últimos años. Un ejemplo es el de Warren Buffett. El famoso gestor estadounidense ha tenido un mal año con sus inversiones en acciones, pero gracias a los derivados ha ganado un 74% . Su producto estrella: los CDSs. Los seguros con los que se apuesta a la baja contra los países le hicieron ganar 142 millones de euros.

Pilar Blázquez
Público

http://www.publico.es/dinero/391370/opacidad-el-arma-mas-potente-de-la-especulacion-financiera

Los enemigos de la democracia en cifras: Los gestores de fondos de inversión

Introducción

Los “mercados” han supuesto una gran excusa para hacer retroceder a la ya de por sí pobre democracia a lo largo de toda Europa. Conceptos ligeramente abstractos como ajustes y flexibilización, son proclamados por los gobiernos occidentales como antídoto contra la elevación de la “prima de riesgo” (concepto también ligeramente técnico que la gran mayoría de la población desconoce).

En otras palabras: Sujetos abstractos y poco definidos (los mercados), obligan a los Estados (concepto abstracto que encierra en sí a un conjunto de personas bien definidas -los ciudadanos y ciudadanas-) a constreñir los derechos -fundamentalmente sociales- (a través del camelo abstracto del “ajuste estructural”) con el objetivo de calmar la sed devoradora de los especuladores financieros (escondidos tras su representación abstracta de la “prima de riesgo). Todo muy abstracto, como si no supiésemos muy bien de dónde viene y por qué la crisis y las soluciones que se intentan dar a esta. El problema, claro está, no reside en que no sepamos de dónde vienen los “ajustes” o las “lecciones” de economía. El problema está justamente en lo contrario: están identificados pero su misión es que no se los identifique, y por ello los medios de comunicación airean esas abstracciones (mercados). Esta crisis, las recetas que se están aplicando y las reacciones ante las medidas están muy bien identificadas; y precisamente ese es el objetivo del presente articulo: colaborar con la identificación de los “enemigos de la democracia”.

¿Democracia?

Hablar de “enemigos de la democracia” puede ser, para muchos, un juego de palabras peligroso. Se puede asumir, de nuestras palabras, que por democracia nos estamos refiriendo al sistema parlamentario liberal actual. Nada más lejos de la realidad. ¿Es esta -la actual democracia liberal- una verdadera democracia? Sin duda alguna, no.

Precisamente lo que aquí se pretende es poner de relieve que los ataques especuladores sobre los Estados e, indirectamente, sobre el sistema parlamentario no son un ataque contra el sistema sino un ataque contra la democracia.

Es, por ello, que nos parece acertado señalar a los gestores de fondos como enemigos de la democracia. Ellos -los poseedores, de facto, del capital-, junto con el conjunto de mercenarios políticos a sus órdenes, son, han sido y serán, los enemigos más directos de la democracia. Por tanto aquí, cuando se habla de democracia, no se está haciendo referencia al sistema liberal-burgués parlamentario ni a la prostitución que se ejerce sobre el término democracia en la actualidad. Nos referimos ni más ni menos a la democracia en sentido estricto: la voluntad de la mayoría.

Violencia económica

Cuando un hombre más fuerte golpea a otro con el ánimo de obtener un beneficio propio -o para evitar que el golpeado obtenga algún tipo de beneficio-, se ejerce la violencia. Prácticamente igual sucede cuando una institución internacional como el Fondo Monetario Internacional obliga a los países más débiles a devolver la deuda contraída en dólares teniendo que empobrecerse aún más a causa de la devaluación que su moneda suele enfrentar. La violencia, económica en este último caso, reside en la obligación impuesta de ceder soberanía simplemente por ser un “eslabón débil”.

En el caso de los mercados no estamos en un caso muy diferente. La dictadura del capital -a través de su chantaje económico- obliga a los estados y a la ciudadanía (verdadero exponente de la democracia) a ceder su soberanía aceptando retrocesos en materia de derechos.

El objetivo, en el caso del FMI es mantener el status quo, fortalecer el dólar y adquirir materias primas, gobiernos corruptos y esclavos modernos a precio de costo. El objetivo de los mercados es bien parecido: aumentar su rentabilidad, manejar a los gobiernos como títeres y, de nuevo e indirectamente, aumentar su rentabilidad a través de la disminución del coste de la ciudadanía (a nivel educativo, laboral, sanitario…).

La justificación de la violencia del hombre bruto reside en su fuerza respecto del hombre débil. La violencia económica reside precisamente en el mismo hecho: la fortaleza (en cantidad de dinero) de los mercados o del FMI respecto de los países.

Cesión de soberanía

No dedicaremos mucho tiempo en narrar los procesos privatizadores que España y el conjunto de los países de la zona euro acometieron durante la década de los 80 y los 90 -fundamentalmente- con el objetivo de adecuar el peso de su economía -es decir, de reducir la capacidad de intervención política sobre la economía- a las exigencias del tratado de Maastrich y, en definitiva, de los poderes económicos supranacionales.

Así, y para el caso español, la economía productiva deja de ser paulatinamente pública con las ventas de Repsol, Iberia, Telefónica o Endesa, por ejemplo. Pero no sólo la economía productiva deja de estar en manos del control político -y público, por tanto- sino que la economía financiera, esa sangre que bombea los procesos productivos, también pasan paulatinamente a quedar de forma exclusiva en manos privadas.

Así, Argentaria, por ejemplo, culmina en 1999 su venta al Banco Bilbao Vizcaya; suponiendo de facto el fin del control de la política sobre la economía, al menos en un plano nacional.

Una vez desarmado el Estado de capacidad para obrar en materia económica, queda completamente a merced del sector privado para prácticamente la realización de cualquier operación, tanto productiva como financiera. Así, la salida a lo keynesiano queda un poco lejos pues aquellos que privatizaron el país (PP y PSOE) difícilmente pondrán en marcha medidas que recuperen a precio de oro lo que vendieron por cuatro duros. El Estado, durante los años 80 y 90 preparó para sí la crisis de deuda que ahora se padece.

Los enemigos de la democracia

El problema de la deuda no es baladí. No es que la deuda sea excesiva, sino que simplemente, no hay quien la compre. Y no porque se dude de que tal o cual país pueda pagarla. No se compra porque forma parte del juego, tal y como el colega y camarada A. Garzón explica en “¿Qué son los mercados y la especulación financiera?”.

En dicho articulo Garzón pone el archiconocido ejemplo de Soros -remitiéndonos a otro articulo- donde comenta que Soros con unos 15.000 millones de libras esterlinas logró poner al Estado inglés contra las cuerdas. Soros era uno con 15.000 millones, imaginen a unas decenas miles de fondos -que, entregados a gestores de fondos se nos podrían quedar en apenas un puñado de miles de personas- controlando 119 billones de dólares, es decir, y cambiando las libras por dos dolares -para intentar incluir el efecto temporal de la inflación-, Soros hundió un país con un 0,025% del dinero gestionado a día de hoy por los fondos de inversión. La cosa se pone seria, ¿verdad?

En el siguiente gráfico vemos la distribución porcentual de dichos 119 billones de dólares en los diferentes tipos de fondos de inversión:

Como se comprueba, son los fondos de pensiones y los de los grandes patrimonios los que más dinero gestionan (más del 50% del total) sin embargo, el papel desestabilizador y voraz de los Hedge Funds son una variable significativa a tener en cuenta aunque supongan tan sólo un 1% del total.

Como decía, lo más destacado del asunto es que en unas pocas manos se concentran una buena parte del pastel. Así, un total de 10 instituciones financieras (en 2008) controlan aproximadamente un 15% del conjunto de fondos. Entre los “enemigos” identificamos a AXA, BlackRock, Deustche Bank, JP Morgan… y tantos otros que quedan fuera del Top10 pero que los siguen de cerca como Goldman Sachs, BNP Paribas o ING.

En concreto, el reparto de ese Top10 queda como sigue

También es significativo el hecho de que, por nacionalidades, la inmensa mayoría de los fondos convencionales (Pensiones, mutualistas y de seguros) esté controlado por EEUU. El 51% de estos fondos son americanos mientras que, seguido desde muy lejos, Reino Unido se coloca en segundo lugar con un 9%.

Retomemos de nuevo el ejemplo de Soros: Con 15.000 millones hundió al Banco de Inglaterra. ¿qué no se puede hacer con 119 billones de dólares?

Revolución y Dictadura. Conclusión

No hay margen para el error, ni tiempo para perder. La reestructuración de deuda, limpiando los despojos especulativos es la mejor garantía para la soberanía económica, política y social. Un país -un conjunto de ciudadanos y ciudadanas- no puede estar sometido, bajo ningún concepto, al chantaje constante de un grupo de personas cuya única misión es conseguir rentabilidad cueste lo que cueste.

Ante una dictadura como la que estamos viviendo, sólo se la puede sepultar con el paso firme del compromiso político, la organización y el camino unitario pero heterogéneo. Estudiantes que no tienen un futuro al atisbo, trabajadores y trabajadoras que pierden derechos, el puesto de trabajo o que se ven obligados a convertirse en aves de rapiña con sus compañeros y compañeras para no ser el próximo o próxima en estar en la calle, pequeños empresarios que no pueden hacer frente a las deudas que le animaron a contraer aquellos que ahora les deniegan el acceso a financiación, los pensionistas que ven cómo aquello por lo que lucharon se les está viniendo abajo ante sus propios ojos, desempleados y desempleadas que han perdido la fe en el sistema que tan bonito pintaba: en definitiva, a esa gran masa social que es mucho más numerosa que los cuatreros que poco a poco han ido robándonos nuestra soberanía.

Es el momento de perder el miedo ante la realidad. Que tiemblen otros ante el estallido de nuestra revolución, los demás con ella, no tenemos nada que perder, como no sean nuestras cadenas. Tenemos, en cambio, un mundo entero que ganar.

Alejandro Quesada Solana



viernes, 12 de agosto de 2011

El catecismo del FMI

Al tiempo que Zapatero anunciaba el adelanto de elecciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hacía público su informe anual sobre la economía española. Cualquiera que haya pasado por el Fondo sabe de la mediocridad intelectual y profesional de la mayoría de sus funcionarios y del ambiente cerrado y enrarecido en que se desenvuelven, puede decirse que se cuecen en su propio jugo. Aún cuando su conocimiento de los países que analizan es muy somero, pontifican con una gran prepotencia.

Los informes que aparecen en la prensa como dictámenes de la institución son tan solo documentos elaborados como mucho por un economista jefe. En su confección se rigen por las informaciones, a menudo sesgadas, que obtienen de las instituciones, medios y fuerzas económicas nacionales. A este conglomerado aplican un catecismo sencillo y monótono compuesto por tópicos neoliberales. No es infrecuente que los informes elaborados para un país, con pequeños recortes, cambiando las cifras y con algunas adaptaciones se empleen para otros.

El informe elaborado para España describe, por una parte, obviedades que se pueden obtener de las noticias diariamente publicadas en los medios de comunicación: que España no está fuera de la zona de peligro -¡vaya descubrimiento!, cuando los llamados mercados están continuamente especulando contra la deuda española-; que la tasa de paro es inaceptable y más del doble de la media de la zona euro; que existe una dualidad del mercado laboral -aunque más bien habría que decir que la contratación temporal alcanza el 30 por ciento, sin parangón con ningún otro país europeo -, y que las instituciones financieras tienen un problema de apalancamiento y de inversiones excesivas en el sector de la construcción, sin que se conozca muy bien el valor real de estas inversiones.

Por otra parte, el informe se lanza a hacer previsiones sobre el futuro, de esas que pueden realizarse con total tranquilidad porque llegado el momento nadie se acordará de ellas. En último caso, prever que la economía española no alcanzará hasta dentro de cinco años una tasa de crecimiento del 2 por ciento no resulta muy arriesgado.

Por último -cómo no-, comienza a aplicar el catecismo. Bendice los ajustes realizados sin el menor análisis y sin pararse a considerar que tales medidas no han solucionado nada, más bien al contrario, han empeorado la situación. Hoy, la economía española está peor que el año pasado. Pero como las cosas no se han arreglado habrá que dar una vuelta más al torniquete, a ver si así se empeoran un poco más.

Reclama una nueva reforma laboral y aconseja abaratar de nuevo el despido para incrementar, dice, la productividad. No se sabe muy bien qué tiene que ver una cosa con la otra. Debería decirse más bien que para incrementar el beneficio de los empresarios. Es difícil, después de la última reforma laboral, abaratar aún más el despido. El improcedente, es decir, aquel que no debería existir y que obedece al puro capricho de los empresarios, ha quedado en 33 días por año trabajado, de los cuales ocho los subvenciona el Gobierno. En cuanto al despido objetivo, se han ampliado tanto las causas que los empresarios pueden aplicarlo siempre que quieran por un módico precio, ya que después de la subvención del Gobierno la cuantía es de 12 días por año. Al redactor del informe no se le ocurre pensar (eso sería demasiado) que si el paro en España alcanza esos niveles que considera inaceptables, ello obedece a lo barato y sencillo que resulta prescindir de los trabajadores.

Asimismo, propone un sistema de negociación de los salarios más descentralizado y que no dependa tanto de la marcha de la inflación. De este modo, será más fácil reducir los salarios. Ese consejo se lo debería haber dado a su jefa, ya que Christine Lagarde firmó como directora gerente un contrato con el Fondo por un salario base inicial de $467,940 al que se suman $83,760 en dietas y gastos de representación, que no está obligada a justificar. Tales cantidades se actualizarán en los cinco años siguientes en función de la inflación del área metropolitana de Washington, sin la mínima referencia a la productividad.

El redactor del informe insiste también en la necesidad de aminorar aún más el déficit público y para ello recomienda elevar el IVA, los impuestos especiales y reducir el gasto en funcionarios y en inversiones. Su desconocimiento de la realidad le lleva a afirmar que la nómina total de los funcionarios en España se mantiene por encima de la media de la zona euro, lo cual es radicalmente falso. Como buen neoliberal de catecismo, ignora los impuestos directos y progresivos aún cuando su aumento sea una forma menos cruenta de reducir el déficit, no solo porque afectan en mayor medida a las clases altas, sino porque su efecto negativo sobre la actividad económica es mucho menor que el de los otros tipos de medidas propuestas ya que la propensión a consumir es tanto menor cuanto mayor es la renta.

El informe, por supuesto, no dice una palabra sobre el racionamiento del crédito, sobre los mercados financieros, sobre el tipo de cambio ni sobre la Unión Monetaria, aún cuando es la pertenencia a esta última la que claramente está estrangulando la economía española. Esto, desde luego, sería mucho pedir a aquellos a los que lo único que se les ha enseñado es que la política económica se reduce a disminuir el déficit (el gasto público), reformar el mercado laboral y abaratar las pensiones. Uno de los peores efectos de esta crisis es que ha resucitado al FMI.

J.F. Martín Seco
República de Ideas


Movimientos de protesta enseñan economía a banqueros

WASHINGTON, ago (IPS/Al Jazeera) - Quienes dirigen el Banco Central Europeo (BCE) no son muy buenos en materia económica. Continúan adhiriendo a un punto de vista desatinado sobre la economía y sobre el rol que el banco juega dentro de la misma.

Lamentablemente, no hay presiones internas para lograr un cambio porque, como ocurrió con el Partido Comunista en la disuelta Unión Soviética, aceptar la ideología es el precio para ser admitidos en la camarilla de economistas que pueden influir en el BCE.

El principio fundamental del dogma del BCE es que éste debe apuntar a una baja inflación –dos por ciento—e ignorar, en buena medida, todos los demás aspectos de la economía.

En la última década, esto significó ignorar las enormes burbujas hipotecarias que pautaban las economías de Irlanda y España. El banco estuvo contento durante todo el periodo en que esas burbujas crecieron a niveles cada vez más peligrosos, porque no estaban en juego sus objetivos inflacionarios.

Más recientemente, el BCE aumentó los intereses mientras la mayor parte de las economías donde rige el euro –eurozona-- quedaban envueltas en un elevado desempleo. Estas subas de intereses enlentecen el crecimiento y la creación de puestos laborales. Y también exacerban los problemas fiscales que enfrentan los países muy endeudados, dado que les encarecen el pago de su deuda.

En la línea del fuego

Las desastrosas consecuencias de las políticas recientes y actuales del BCE generarán despidos. Sin embargo, nadie está realmente en posición de echar ni al presidente de ese banco ni a sus principales funcionarios, así que en principio podrán continuar indefinidamente con su fallido enfoque político.

Pero hay esperanzas. Como quienes dirigen el BCE no son muy buenos en economía, siguen metiéndose en dificultades con sus planes de "rescatar" a Grecia, España y los otros países de la eurozona que enfrentan crisis fiscales. A consecuencia, continuamente tienen que volver a estos países para definir nuevos paquetes crediticios.

Cada paquete implica condiciones nuevas y más onerosas para los países deudores.

Lo que el BCE no reconoce es que sus propias políticas están volviendo más difícil que estos países paguen sus préstamos. Esto se debe tanto a que las políticas apuestan a la contracción en toda la eurozona como a que las condiciones impuestas a los países deudores enlentecen el crecimiento.

Con un crecimiento más débil, la recaudación de impuestos cae y se gasta más dinero en seguros de desempleo y otras transferencias a los desempleados. El resultado es un aumento del déficit.

Aquí es donde intervienen movimientos populares como el 15-M en España. Aunque los gobiernos pueden estar dispuestos a infligir a sus poblaciones cualquier dolor que el BCE requiera, los movimientos populares están haciendo de éste un proceso cada vez más complicado.

Los gobiernos de estos países se ven obligados a reconocer que deben considerar a la opinión pública y no simplemente aceptar los dictados del BCE.

La posición del "default"

Como el BCE nunca quiso que ningún país de la eurozona incurriera en "default" (cesación del pago de deuda), los movimientos populares pueden negociar efectivamente con él, dado que pueden poner límites a las condiciones que sus gobiernos acepten. Esto les permitirá enseñar economía básica al personal del BCE.

En la lista de lecciones, la primera consiste en decirle al BCE que se terminaron los días de rendir culto a los objetivos inflacionarios de dos por ciento. Esa puede haber sido una política hábil antes del colapso, pero ahora todos saben que fue absurda. Los bancos centrales tienen que asumir una mayor responsabilidad para mantener la estabilidad y el empleo.

Además, una inflación baja da un espacio insuficiente para los ajustes que deben hacerse en la clase de crisis que enfrenta la economía mundial.

El segundo punto, que sería especialmente relevante para España, sería requerir que los gobiernos tomen medidas fuertes para que las casas vacías vuelvan al mercado. Según datos del gobierno, el auge de la construcción en España dejó al país con más de un millón de unidades desocupadas. Esto es lo que los economistas llaman "pérdida de eficiencia".

El gobierno puede dar a los constructores o a los bancos dueños de estas propiedades un fuerte incentivo para venderlas o alquilarlas, gravando con un gran impuesto (por ejemplo, de cinco por ciento de su valor) las unidades que quedan desocupadas durante periodos prolongados.

Si el impuesto no se paga, entonces podría confiscar la propiedad y disponer de ella directamente. Podría incluso usar principios de libre mercado, como permitir que las personas tomen posesión de las propiedades y luego se conviertan en sus propietarias si viven en ellas y las mantienen por un periodo suficientemente extenso. Esto seguiría el ejemplo de la Ley de Asentamientos Rurales de Estados Unidos.

Finalmente, los gobiernos pueden tomar la iniciativa de Estados Unidos en otra área y adoptar leyes de bancarrota que vuelvan más fácil aliviar su deuda.

Tal como están las cosas, muchas personas que compraron propiedades a precios inflados pasarán el resto de sus vidas laborales pagando deudas.

Además de ser cruel para quienes cometieron un error, eso también crea un enorme desincentivo para trabajar, o incluso para trabajar en la economía informal.

Si una persona tiene que dedicar 15 por ciento de sus ingresos a saldar una deuda, esto tiene el mismo efecto sobre los incentivos que un aumento de 15 puntos porcentuales en el impuesto a la renta.

Los economistas entienden que los impuestos pueden tener un efecto de desincentivo. Deberían poder entender que los pagos de deuda también pueden tener un gran efecto de desincentivo.

Este sería el inicio de una buena lección de economía para el BCE. Significaría mejores políticas y tal vez, incluso, podría ayudar a convertir a quienes dirigen el BCE en economistas competentes.

* Dean Baker es un macroeconomista estadounidense y cofundador del Center for Economic and Policy Research.

IPS/Al Jazeera
http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=98831