domingo, 14 de agosto de 2011

Opacidad: el arma más potente de la especulación financiera

"Las fuertes caídas del mercado de los últimos días se explican por motivos técnicos", aseguraba hace una semana Mohamed El-Erian, presidente de Pimco, la mayor gestora de fondos de renta fija (títulos de deuda) de mundo.

Se refería El-Erian a esos complicados gráficos que analizan los expertos bursátiles y que, aunque parezca increíble, les marcan las pautas de cuándo es el momento de comprar y vender. Durante las últimas semanas, las líneas blancas y negras que en la jerga se denominan velas y que forman extrañas figuras con nombres aún más enigmáticos, como hombro-cabeza-hombro o triple cruce de la muerte, se habían puesto de acuerdo para dar una señal: vender.

Quienes confían en ellas, las siguen con más devoción que a un Dios. Algunos ni siquiera escuchan las noticias para evitar que esa tensión pueda influir en sus nervios y llevarles a cometer errores de inversión.

'Hedge Funds'

Sin piedad

Pero lo que muchos de ellos ni piensan es que esas figuras que aparecen en sus pantallas no son más que el reflejo de los movimientos que están realizando las denominadas "grandes manos del mercado". Un selecto grupo de inversores que apenas unos privilegiados camareros del Upper East Side neoyorquino y de los alrededores de las suntuosas Regent Street o St. James Square de Londres han podido ver en plena acción.

Reuniones secretas entre los magnates de los principales bancos de inversión como Goldman Sachs, JPMorgar, Citigroup o Bank of América junto con los fondos de inversión de alto riesgo (hedge funds) sirven para definir el destino del dinero que recorre los mercados. En ellas, se definen objetivos. Las apuestas se hacen poco a poco, para maximizar el beneficio. Mejor atacar primero a las presas pequeñas: Grecia, Irlanda y Portugal. Una vez recogidos los beneficios, aunar fuerzas para el gran ataque: España, Italia, Francia...

Mercado oscuro

Intermediarios mudos

Los operadores del mercado de renta fija constataron unos fuertes flujos de órdenes de ventas en la apertura de los mercados de Londres (primera hora de la mañana en Europa) y Nueva York (media tarde en Europa) durante todos los días de la primera semana de agosto ¿Quiénes las daban? ¿Cuánto apostaban a la baja? ¿Contra qué países?

Nada de pantallas informativas con las cotizaciones como en la Bolsa. Incomprensiblemente, la información del mercado de renta fija parece el secreto mejor guardado del reino mundial. "El mercado de renta fija es OTC, y ni siquiera el que compra sabe quién vende y vicecersa", explica uno de sus operadores.

Ojo a las siglas OTC. Son la abreviatura de la expresión inglesa Over The Counter. Algo así como detrás del mostrador y significa que un inversor llega al mercado, introduce una orden de compra o venta y espera a que el bróker intermediario las cruce. Sólo ese bróker intermediario, los Tesoros de los países y los bancos centrales conocen con exactitud quien está a cada uno de los lados de esa operativa. ¿Información pública? Ninguna más allá de alguna estadística del Tesoro de cada país, en la que ofrecen porcentajes del origen de procedencia de los flujos de las operaciones de compra en las subastas oficiales.

En el llamado mercado secundario, la opacidad es aún mayor. Los brókers parecen haber firmado un pacto con el Dios del silencio. A nadie le interesa dar a conocer la mecánica de este sistema. Incluso los que están al frente de la operativa aseguran desconocer quiénes son sus protagonistas. Desde principios de este mes se han visto fuertes órdenes de venta procedentes de las mesas de negociación de la gran banca londinense Barclays, Royal Bank of Scotland o Citigroup, entre otros. "Eso no significa que estas entidades sean el origen de las órdenes. Simplemente están ejecutando las órdenes de sus clientes", especifica un operador de renta fija que trabajaen la City.

Entre sus principales clientes están los fondos de inversión de alto riesgo. En realidad estos hedge funds se parecen físicamente más a una boutique de lujo que a un banco. Están situados en las zonas más lujosas de Londres o Nueva York, donde reciben a sus clientes como si les fueran a confeccionar un traje a medida. En realidad, ellos son la fuente de su poder. Oficialmente, la capitalización de los hedge funds ronda los dos billones de dólares. Pero el capital que manejan es inmensamente más grande.

Su potencia se basa en que gestionan el dinero de otros, normalmente patrimonios de los más ricos del mundo. En total miles de millones con los que sólo tienen un compromiso: maximizar beneficios. A cambio, ni una palabra, ni un número sobre lo que se gestiona. De hecho, la nueva normativa de EEUU que pretende obligar a los hedge funds a publicar información sobre el dinero ajeno gestionado motivó hace tres semanas que George Soros, el gestor de hedge funds que se hizo famoso por expulsar a la libra del sistema monetario en 1992, se haya retirado del negocio para centrarse en gestionar sólo su propia fortuna.

Derivados

El gran negocio

Pero aún quedan muchos otros en esta guerra: John Paulson, conocido por haber colaborado con GoldmanSachs en el acoso y derribo de las hipotecas subprime, o Appaloossa, de David Tepper, otro de los grandes ganadores de la crisis inmobiliaria.

Estados y Bancos Centrales se niegan a publicar quién compra su deuda

Y por si las ingentes cantidades de dinero que manejan no fueran suficientes, el mercado financiero mundial inventó los derivados. Un sinfín de productos: futuros, opciones, ETF, CFDs, incluso los ya famosos CDSs. Todos tienen en común la capacidad de convertir la potencia millonaria de esos fondos de inversión en potencia super millonaria, en base al llamado apalancamiento. Es decir, endeudarse para hacer las apuestas.

Por ejemplo, un inversor que opere contra el euro puede apostar a la baja cien euros y con ellos dar órdenes de venta por valor de otros 20.000. Esto, en grandes volúmenes, tumba cualquier país. Aunque se desconocen las cifras exactas, se apunta que el mercado de derivados de todo el mundo podría superar los 700 billones de dólares (492 billones de euros). Considerando que el PIB de España apenas supera el billón de euros, atacar este país es como jugar al mus.

Las operaciones con derivados han sido la salvación de los grandes inversores en los últimos años. Un ejemplo es el de Warren Buffett. El famoso gestor estadounidense ha tenido un mal año con sus inversiones en acciones, pero gracias a los derivados ha ganado un 74% . Su producto estrella: los CDSs. Los seguros con los que se apuesta a la baja contra los países le hicieron ganar 142 millones de euros.

Pilar Blázquez
Público

http://www.publico.es/dinero/391370/opacidad-el-arma-mas-potente-de-la-especulacion-financiera

Los enemigos de la democracia en cifras: Los gestores de fondos de inversión

Introducción

Los “mercados” han supuesto una gran excusa para hacer retroceder a la ya de por sí pobre democracia a lo largo de toda Europa. Conceptos ligeramente abstractos como ajustes y flexibilización, son proclamados por los gobiernos occidentales como antídoto contra la elevación de la “prima de riesgo” (concepto también ligeramente técnico que la gran mayoría de la población desconoce).

En otras palabras: Sujetos abstractos y poco definidos (los mercados), obligan a los Estados (concepto abstracto que encierra en sí a un conjunto de personas bien definidas -los ciudadanos y ciudadanas-) a constreñir los derechos -fundamentalmente sociales- (a través del camelo abstracto del “ajuste estructural”) con el objetivo de calmar la sed devoradora de los especuladores financieros (escondidos tras su representación abstracta de la “prima de riesgo). Todo muy abstracto, como si no supiésemos muy bien de dónde viene y por qué la crisis y las soluciones que se intentan dar a esta. El problema, claro está, no reside en que no sepamos de dónde vienen los “ajustes” o las “lecciones” de economía. El problema está justamente en lo contrario: están identificados pero su misión es que no se los identifique, y por ello los medios de comunicación airean esas abstracciones (mercados). Esta crisis, las recetas que se están aplicando y las reacciones ante las medidas están muy bien identificadas; y precisamente ese es el objetivo del presente articulo: colaborar con la identificación de los “enemigos de la democracia”.

¿Democracia?

Hablar de “enemigos de la democracia” puede ser, para muchos, un juego de palabras peligroso. Se puede asumir, de nuestras palabras, que por democracia nos estamos refiriendo al sistema parlamentario liberal actual. Nada más lejos de la realidad. ¿Es esta -la actual democracia liberal- una verdadera democracia? Sin duda alguna, no.

Precisamente lo que aquí se pretende es poner de relieve que los ataques especuladores sobre los Estados e, indirectamente, sobre el sistema parlamentario no son un ataque contra el sistema sino un ataque contra la democracia.

Es, por ello, que nos parece acertado señalar a los gestores de fondos como enemigos de la democracia. Ellos -los poseedores, de facto, del capital-, junto con el conjunto de mercenarios políticos a sus órdenes, son, han sido y serán, los enemigos más directos de la democracia. Por tanto aquí, cuando se habla de democracia, no se está haciendo referencia al sistema liberal-burgués parlamentario ni a la prostitución que se ejerce sobre el término democracia en la actualidad. Nos referimos ni más ni menos a la democracia en sentido estricto: la voluntad de la mayoría.

Violencia económica

Cuando un hombre más fuerte golpea a otro con el ánimo de obtener un beneficio propio -o para evitar que el golpeado obtenga algún tipo de beneficio-, se ejerce la violencia. Prácticamente igual sucede cuando una institución internacional como el Fondo Monetario Internacional obliga a los países más débiles a devolver la deuda contraída en dólares teniendo que empobrecerse aún más a causa de la devaluación que su moneda suele enfrentar. La violencia, económica en este último caso, reside en la obligación impuesta de ceder soberanía simplemente por ser un “eslabón débil”.

En el caso de los mercados no estamos en un caso muy diferente. La dictadura del capital -a través de su chantaje económico- obliga a los estados y a la ciudadanía (verdadero exponente de la democracia) a ceder su soberanía aceptando retrocesos en materia de derechos.

El objetivo, en el caso del FMI es mantener el status quo, fortalecer el dólar y adquirir materias primas, gobiernos corruptos y esclavos modernos a precio de costo. El objetivo de los mercados es bien parecido: aumentar su rentabilidad, manejar a los gobiernos como títeres y, de nuevo e indirectamente, aumentar su rentabilidad a través de la disminución del coste de la ciudadanía (a nivel educativo, laboral, sanitario…).

La justificación de la violencia del hombre bruto reside en su fuerza respecto del hombre débil. La violencia económica reside precisamente en el mismo hecho: la fortaleza (en cantidad de dinero) de los mercados o del FMI respecto de los países.

Cesión de soberanía

No dedicaremos mucho tiempo en narrar los procesos privatizadores que España y el conjunto de los países de la zona euro acometieron durante la década de los 80 y los 90 -fundamentalmente- con el objetivo de adecuar el peso de su economía -es decir, de reducir la capacidad de intervención política sobre la economía- a las exigencias del tratado de Maastrich y, en definitiva, de los poderes económicos supranacionales.

Así, y para el caso español, la economía productiva deja de ser paulatinamente pública con las ventas de Repsol, Iberia, Telefónica o Endesa, por ejemplo. Pero no sólo la economía productiva deja de estar en manos del control político -y público, por tanto- sino que la economía financiera, esa sangre que bombea los procesos productivos, también pasan paulatinamente a quedar de forma exclusiva en manos privadas.

Así, Argentaria, por ejemplo, culmina en 1999 su venta al Banco Bilbao Vizcaya; suponiendo de facto el fin del control de la política sobre la economía, al menos en un plano nacional.

Una vez desarmado el Estado de capacidad para obrar en materia económica, queda completamente a merced del sector privado para prácticamente la realización de cualquier operación, tanto productiva como financiera. Así, la salida a lo keynesiano queda un poco lejos pues aquellos que privatizaron el país (PP y PSOE) difícilmente pondrán en marcha medidas que recuperen a precio de oro lo que vendieron por cuatro duros. El Estado, durante los años 80 y 90 preparó para sí la crisis de deuda que ahora se padece.

Los enemigos de la democracia

El problema de la deuda no es baladí. No es que la deuda sea excesiva, sino que simplemente, no hay quien la compre. Y no porque se dude de que tal o cual país pueda pagarla. No se compra porque forma parte del juego, tal y como el colega y camarada A. Garzón explica en “¿Qué son los mercados y la especulación financiera?”.

En dicho articulo Garzón pone el archiconocido ejemplo de Soros -remitiéndonos a otro articulo- donde comenta que Soros con unos 15.000 millones de libras esterlinas logró poner al Estado inglés contra las cuerdas. Soros era uno con 15.000 millones, imaginen a unas decenas miles de fondos -que, entregados a gestores de fondos se nos podrían quedar en apenas un puñado de miles de personas- controlando 119 billones de dólares, es decir, y cambiando las libras por dos dolares -para intentar incluir el efecto temporal de la inflación-, Soros hundió un país con un 0,025% del dinero gestionado a día de hoy por los fondos de inversión. La cosa se pone seria, ¿verdad?

En el siguiente gráfico vemos la distribución porcentual de dichos 119 billones de dólares en los diferentes tipos de fondos de inversión:

Como se comprueba, son los fondos de pensiones y los de los grandes patrimonios los que más dinero gestionan (más del 50% del total) sin embargo, el papel desestabilizador y voraz de los Hedge Funds son una variable significativa a tener en cuenta aunque supongan tan sólo un 1% del total.

Como decía, lo más destacado del asunto es que en unas pocas manos se concentran una buena parte del pastel. Así, un total de 10 instituciones financieras (en 2008) controlan aproximadamente un 15% del conjunto de fondos. Entre los “enemigos” identificamos a AXA, BlackRock, Deustche Bank, JP Morgan… y tantos otros que quedan fuera del Top10 pero que los siguen de cerca como Goldman Sachs, BNP Paribas o ING.

En concreto, el reparto de ese Top10 queda como sigue

También es significativo el hecho de que, por nacionalidades, la inmensa mayoría de los fondos convencionales (Pensiones, mutualistas y de seguros) esté controlado por EEUU. El 51% de estos fondos son americanos mientras que, seguido desde muy lejos, Reino Unido se coloca en segundo lugar con un 9%.

Retomemos de nuevo el ejemplo de Soros: Con 15.000 millones hundió al Banco de Inglaterra. ¿qué no se puede hacer con 119 billones de dólares?

Revolución y Dictadura. Conclusión

No hay margen para el error, ni tiempo para perder. La reestructuración de deuda, limpiando los despojos especulativos es la mejor garantía para la soberanía económica, política y social. Un país -un conjunto de ciudadanos y ciudadanas- no puede estar sometido, bajo ningún concepto, al chantaje constante de un grupo de personas cuya única misión es conseguir rentabilidad cueste lo que cueste.

Ante una dictadura como la que estamos viviendo, sólo se la puede sepultar con el paso firme del compromiso político, la organización y el camino unitario pero heterogéneo. Estudiantes que no tienen un futuro al atisbo, trabajadores y trabajadoras que pierden derechos, el puesto de trabajo o que se ven obligados a convertirse en aves de rapiña con sus compañeros y compañeras para no ser el próximo o próxima en estar en la calle, pequeños empresarios que no pueden hacer frente a las deudas que le animaron a contraer aquellos que ahora les deniegan el acceso a financiación, los pensionistas que ven cómo aquello por lo que lucharon se les está viniendo abajo ante sus propios ojos, desempleados y desempleadas que han perdido la fe en el sistema que tan bonito pintaba: en definitiva, a esa gran masa social que es mucho más numerosa que los cuatreros que poco a poco han ido robándonos nuestra soberanía.

Es el momento de perder el miedo ante la realidad. Que tiemblen otros ante el estallido de nuestra revolución, los demás con ella, no tenemos nada que perder, como no sean nuestras cadenas. Tenemos, en cambio, un mundo entero que ganar.

Alejandro Quesada Solana



viernes, 12 de agosto de 2011

El catecismo del FMI

Al tiempo que Zapatero anunciaba el adelanto de elecciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hacía público su informe anual sobre la economía española. Cualquiera que haya pasado por el Fondo sabe de la mediocridad intelectual y profesional de la mayoría de sus funcionarios y del ambiente cerrado y enrarecido en que se desenvuelven, puede decirse que se cuecen en su propio jugo. Aún cuando su conocimiento de los países que analizan es muy somero, pontifican con una gran prepotencia.

Los informes que aparecen en la prensa como dictámenes de la institución son tan solo documentos elaborados como mucho por un economista jefe. En su confección se rigen por las informaciones, a menudo sesgadas, que obtienen de las instituciones, medios y fuerzas económicas nacionales. A este conglomerado aplican un catecismo sencillo y monótono compuesto por tópicos neoliberales. No es infrecuente que los informes elaborados para un país, con pequeños recortes, cambiando las cifras y con algunas adaptaciones se empleen para otros.

El informe elaborado para España describe, por una parte, obviedades que se pueden obtener de las noticias diariamente publicadas en los medios de comunicación: que España no está fuera de la zona de peligro -¡vaya descubrimiento!, cuando los llamados mercados están continuamente especulando contra la deuda española-; que la tasa de paro es inaceptable y más del doble de la media de la zona euro; que existe una dualidad del mercado laboral -aunque más bien habría que decir que la contratación temporal alcanza el 30 por ciento, sin parangón con ningún otro país europeo -, y que las instituciones financieras tienen un problema de apalancamiento y de inversiones excesivas en el sector de la construcción, sin que se conozca muy bien el valor real de estas inversiones.

Por otra parte, el informe se lanza a hacer previsiones sobre el futuro, de esas que pueden realizarse con total tranquilidad porque llegado el momento nadie se acordará de ellas. En último caso, prever que la economía española no alcanzará hasta dentro de cinco años una tasa de crecimiento del 2 por ciento no resulta muy arriesgado.

Por último -cómo no-, comienza a aplicar el catecismo. Bendice los ajustes realizados sin el menor análisis y sin pararse a considerar que tales medidas no han solucionado nada, más bien al contrario, han empeorado la situación. Hoy, la economía española está peor que el año pasado. Pero como las cosas no se han arreglado habrá que dar una vuelta más al torniquete, a ver si así se empeoran un poco más.

Reclama una nueva reforma laboral y aconseja abaratar de nuevo el despido para incrementar, dice, la productividad. No se sabe muy bien qué tiene que ver una cosa con la otra. Debería decirse más bien que para incrementar el beneficio de los empresarios. Es difícil, después de la última reforma laboral, abaratar aún más el despido. El improcedente, es decir, aquel que no debería existir y que obedece al puro capricho de los empresarios, ha quedado en 33 días por año trabajado, de los cuales ocho los subvenciona el Gobierno. En cuanto al despido objetivo, se han ampliado tanto las causas que los empresarios pueden aplicarlo siempre que quieran por un módico precio, ya que después de la subvención del Gobierno la cuantía es de 12 días por año. Al redactor del informe no se le ocurre pensar (eso sería demasiado) que si el paro en España alcanza esos niveles que considera inaceptables, ello obedece a lo barato y sencillo que resulta prescindir de los trabajadores.

Asimismo, propone un sistema de negociación de los salarios más descentralizado y que no dependa tanto de la marcha de la inflación. De este modo, será más fácil reducir los salarios. Ese consejo se lo debería haber dado a su jefa, ya que Christine Lagarde firmó como directora gerente un contrato con el Fondo por un salario base inicial de $467,940 al que se suman $83,760 en dietas y gastos de representación, que no está obligada a justificar. Tales cantidades se actualizarán en los cinco años siguientes en función de la inflación del área metropolitana de Washington, sin la mínima referencia a la productividad.

El redactor del informe insiste también en la necesidad de aminorar aún más el déficit público y para ello recomienda elevar el IVA, los impuestos especiales y reducir el gasto en funcionarios y en inversiones. Su desconocimiento de la realidad le lleva a afirmar que la nómina total de los funcionarios en España se mantiene por encima de la media de la zona euro, lo cual es radicalmente falso. Como buen neoliberal de catecismo, ignora los impuestos directos y progresivos aún cuando su aumento sea una forma menos cruenta de reducir el déficit, no solo porque afectan en mayor medida a las clases altas, sino porque su efecto negativo sobre la actividad económica es mucho menor que el de los otros tipos de medidas propuestas ya que la propensión a consumir es tanto menor cuanto mayor es la renta.

El informe, por supuesto, no dice una palabra sobre el racionamiento del crédito, sobre los mercados financieros, sobre el tipo de cambio ni sobre la Unión Monetaria, aún cuando es la pertenencia a esta última la que claramente está estrangulando la economía española. Esto, desde luego, sería mucho pedir a aquellos a los que lo único que se les ha enseñado es que la política económica se reduce a disminuir el déficit (el gasto público), reformar el mercado laboral y abaratar las pensiones. Uno de los peores efectos de esta crisis es que ha resucitado al FMI.

J.F. Martín Seco
República de Ideas


Movimientos de protesta enseñan economía a banqueros

WASHINGTON, ago (IPS/Al Jazeera) - Quienes dirigen el Banco Central Europeo (BCE) no son muy buenos en materia económica. Continúan adhiriendo a un punto de vista desatinado sobre la economía y sobre el rol que el banco juega dentro de la misma.

Lamentablemente, no hay presiones internas para lograr un cambio porque, como ocurrió con el Partido Comunista en la disuelta Unión Soviética, aceptar la ideología es el precio para ser admitidos en la camarilla de economistas que pueden influir en el BCE.

El principio fundamental del dogma del BCE es que éste debe apuntar a una baja inflación –dos por ciento—e ignorar, en buena medida, todos los demás aspectos de la economía.

En la última década, esto significó ignorar las enormes burbujas hipotecarias que pautaban las economías de Irlanda y España. El banco estuvo contento durante todo el periodo en que esas burbujas crecieron a niveles cada vez más peligrosos, porque no estaban en juego sus objetivos inflacionarios.

Más recientemente, el BCE aumentó los intereses mientras la mayor parte de las economías donde rige el euro –eurozona-- quedaban envueltas en un elevado desempleo. Estas subas de intereses enlentecen el crecimiento y la creación de puestos laborales. Y también exacerban los problemas fiscales que enfrentan los países muy endeudados, dado que les encarecen el pago de su deuda.

En la línea del fuego

Las desastrosas consecuencias de las políticas recientes y actuales del BCE generarán despidos. Sin embargo, nadie está realmente en posición de echar ni al presidente de ese banco ni a sus principales funcionarios, así que en principio podrán continuar indefinidamente con su fallido enfoque político.

Pero hay esperanzas. Como quienes dirigen el BCE no son muy buenos en economía, siguen metiéndose en dificultades con sus planes de "rescatar" a Grecia, España y los otros países de la eurozona que enfrentan crisis fiscales. A consecuencia, continuamente tienen que volver a estos países para definir nuevos paquetes crediticios.

Cada paquete implica condiciones nuevas y más onerosas para los países deudores.

Lo que el BCE no reconoce es que sus propias políticas están volviendo más difícil que estos países paguen sus préstamos. Esto se debe tanto a que las políticas apuestan a la contracción en toda la eurozona como a que las condiciones impuestas a los países deudores enlentecen el crecimiento.

Con un crecimiento más débil, la recaudación de impuestos cae y se gasta más dinero en seguros de desempleo y otras transferencias a los desempleados. El resultado es un aumento del déficit.

Aquí es donde intervienen movimientos populares como el 15-M en España. Aunque los gobiernos pueden estar dispuestos a infligir a sus poblaciones cualquier dolor que el BCE requiera, los movimientos populares están haciendo de éste un proceso cada vez más complicado.

Los gobiernos de estos países se ven obligados a reconocer que deben considerar a la opinión pública y no simplemente aceptar los dictados del BCE.

La posición del "default"

Como el BCE nunca quiso que ningún país de la eurozona incurriera en "default" (cesación del pago de deuda), los movimientos populares pueden negociar efectivamente con él, dado que pueden poner límites a las condiciones que sus gobiernos acepten. Esto les permitirá enseñar economía básica al personal del BCE.

En la lista de lecciones, la primera consiste en decirle al BCE que se terminaron los días de rendir culto a los objetivos inflacionarios de dos por ciento. Esa puede haber sido una política hábil antes del colapso, pero ahora todos saben que fue absurda. Los bancos centrales tienen que asumir una mayor responsabilidad para mantener la estabilidad y el empleo.

Además, una inflación baja da un espacio insuficiente para los ajustes que deben hacerse en la clase de crisis que enfrenta la economía mundial.

El segundo punto, que sería especialmente relevante para España, sería requerir que los gobiernos tomen medidas fuertes para que las casas vacías vuelvan al mercado. Según datos del gobierno, el auge de la construcción en España dejó al país con más de un millón de unidades desocupadas. Esto es lo que los economistas llaman "pérdida de eficiencia".

El gobierno puede dar a los constructores o a los bancos dueños de estas propiedades un fuerte incentivo para venderlas o alquilarlas, gravando con un gran impuesto (por ejemplo, de cinco por ciento de su valor) las unidades que quedan desocupadas durante periodos prolongados.

Si el impuesto no se paga, entonces podría confiscar la propiedad y disponer de ella directamente. Podría incluso usar principios de libre mercado, como permitir que las personas tomen posesión de las propiedades y luego se conviertan en sus propietarias si viven en ellas y las mantienen por un periodo suficientemente extenso. Esto seguiría el ejemplo de la Ley de Asentamientos Rurales de Estados Unidos.

Finalmente, los gobiernos pueden tomar la iniciativa de Estados Unidos en otra área y adoptar leyes de bancarrota que vuelvan más fácil aliviar su deuda.

Tal como están las cosas, muchas personas que compraron propiedades a precios inflados pasarán el resto de sus vidas laborales pagando deudas.

Además de ser cruel para quienes cometieron un error, eso también crea un enorme desincentivo para trabajar, o incluso para trabajar en la economía informal.

Si una persona tiene que dedicar 15 por ciento de sus ingresos a saldar una deuda, esto tiene el mismo efecto sobre los incentivos que un aumento de 15 puntos porcentuales en el impuesto a la renta.

Los economistas entienden que los impuestos pueden tener un efecto de desincentivo. Deberían poder entender que los pagos de deuda también pueden tener un gran efecto de desincentivo.

Este sería el inicio de una buena lección de economía para el BCE. Significaría mejores políticas y tal vez, incluso, podría ayudar a convertir a quienes dirigen el BCE en economistas competentes.

* Dean Baker es un macroeconomista estadounidense y cofundador del Center for Economic and Policy Research.

IPS/Al Jazeera
http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=98831

La economía sumergida se dispara con la crisis

El Estatuto de los Trabajadores se asimila a una fortaleza. Intramuros, la fuerza laboral cuenta con alguna protección y ciertos derechos, aún en un marco de relaciones capitalistas. Fuera de las murallas, reinan la precariedad y la explotación de la mano de obra sin freno ni normas. Es el imperio de la economía sumergida. Aunque inherentes al modelo productivo vigente en el Estado español, las actividades llamadas “irregulares” o “informales” se han disparado en el actual contexto de crisis.

Un informe de la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas) de junio de 2011 cifra la economía “no oficial” en España en el 24% del PIB (más de 4 millones de trabajadores realizan labores en “negro”, según este estudio). Sin embargo, los datos comprenden hasta 2008, es decir, coinciden con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el inicio de la crisis. Sería necesaria, por lo tanto, una corrección al alza de las cifras debido a la recesión y habría que considerar además que, al ser una actividad que escapa al control oficial, se trabaja sobre todo con estimaciones.

Otra precisión. La economía sumergida tampoco es privativa ni mucho menos del Estado español. Ni es cierto el tópico que asocia economía “informal” a países de la periferia mundial. Un informe de la OSCE de junio de 2011 alerta de la proliferación de prácticas laborales fronterizas con el esclavismo. El caso reciente de 1.200 trabajadores agrícolas que laboraban en Nápoles en condiciones miserables, en una finca (más bien un campo de concentración) y vigilados por una milicia privada, muestra los extremos a los que pueden llegar la competencia salvaje y la carrera por la disminución de costes laborales en todo el mundo.

En el Estado español un análisis de la economía sumergida requiere considerar dos variables: los sectores económicos y el proceso productivo. Por sectores, las actividades “en negro” se centran en la clásica tríada compuesta por la agricultura, la construcción y la hostelería (muy vinculada al turismo); en menor medida, abarcan las industrias textil, del calzado, juguetera, el comercio minorista y las empleadas del hogar.

El segundo elemento que condiciona la economía sumergida –el proceso de producción- requiere la participación de pequeñas y medianas empresas y, sobre todo, la aplicación de métodos de fragmentación y subcontratación en cadena. De este modo una gran empresa matriz, que controla todo el proceso, ejerce una presión vertical sobre las pequeñas empresas con el fin de fijar los precios y ahorrar costes (de paso consigue eliminar la resistencia sindical). El resultado de este modelo es la concentración del trabajo no declarado (economía sumergida) en los eslabones finales de la cadena, aunque no exclusivamente.

Por ejemplo, en el sector de la construcción el promotor de una obra puede subcontratar con una empresa de albañilería, que a su vez subcontrata con un caravistero, con un especialista en tabiquería inferior (que a su vez subcontrata con empresas del yeso y de canalizaciones), con otro en colocación de tejas y por último con un especialista en soldado y alicatado. Éste es un modelo sencillo, ya que en las grandes infraestructuras pueden registrarse más de 40 subcontrataciones. Pero la lógica es siempre la misma: el lucro máximo, la selección de las ofertas más baratas por parte de la empresa matriz y la precariedad máxima en los eslabones inferiores. Hasta la década de los 70 la gran empresa matriz se encargaba directamente de todos los trabajos.

La economía sumergida constituye para las empresas, en términos marxistas, un “ejército de reserva”, al igual que los parados. De hecho, cumplen la misma función: presionan a la baja los salarios y configuran una mano de obra abundante, dócil y barata, muy útil para las empresas en tiempos de crisis. Desempleados y trabajadores “irregulares” pueden, de hecho, intercambiar su situación con relativa facilidad. Forman parte de una misma realidad.

Según Héctor Illueca, inspector de trabajo, “existe una gran hipocresía respecto a la economía sumergida; desde una perspectiva capitalista, no representa en ningún caso un problema, al contrario, permite reestructurar las relaciones capital-trabajo en un contexto de crisis a favor de las empresas; por lo tanto, más que un problema es la solución para el capitalismo”.

¿Y para la clase trabajadora? Un artículo en el diario Público de la catedrática emérita de Economía Aplicada de la UAB, Miren Etxezarreta, responde a la cuestión: “Bastantes de los casi cinco millones de parados que existen logran sobrevivir por medio de trampear con trabajos irregulares en la economía sumergida; de hecho, muchos de los parados se mantienen formando parte de la misma. Mucho más teniendo en cuenta que más de 1,3 millones de familias tienen a todos sus miembros en paro, que uno de cada tres parados lo es de larga duración, que el sector público está poniendo en práctica duros programas de ajuste y que se han eliminado prácticamente las ayudas para los que ya no tenían subsidio”. Sin contar con la deficiente salud laboral y el alto grado de siniestralidad que implica la economía “irregular”.

La inspección de Trabajo y Seguridad Social ha realizado cerca de 150.000 actuaciones en el primer trimestre de 2011, de las que un 9% (13.528) han concluido en sanciones, en la mayoría de los casos, por la situación de trabajadores a los que no se había dado de alta en la seguridad social. Sólo dos provincias, Santa Cruz de Tenerife y Alicante, concentran –por su dependencia del turismo- el 20% del empleo no declarado. El perfil de trabajador “irregular” se ajusta básicamente a dos tipos: empleado inmigrante sin permiso de trabajo y trabajador nacional al que el empresario no da de alta en la Seguridad Social (o que realiza una actividad ordinaria en la empresa pero con la figura de “falso autónomo”).

Los inspectores han detectado casos como el de una docena de trabajadores inmigrantes que desarrollaban actividades en restaurantes y locutorios de Barcelona sin contrato ni cotización a la seguridad social, en empresas sin licencia de actividad o que la tenían para otro tipo de negocio. O el de 71 empleados inmigrantes en una finca de cítricos de Castellón que trabajaban por debajo del mínimo salarial establecido legalmente y a los que les facilitaron tres viviendas en las que vivían hacinados a cambio de 120 euros mensuales. En Elda (Alicante), la inspección constató en julio que en una empresa del calzado operaban 20 trabajadores sin contrato ni alta en la seguridad social, y a los que se les debía una mensualidad. Se trata de ejemplos que están a la orden del día.

En una coyuntura de depresión económica y con un deterioro progresivo de las relaciones laborales, ¿Cómo actúa el gobierno frente a la economía sumergida? “Con gran hipocresía, ya que no se pretende para nada atajar el problema”, asegura Héctor Illueca. El Decreto-Ley del 29 de abril aprobado por el ejecutivo a instancias de la UE establecía un plazo de tres meses para la regularización del empleo clandestino, es decir, una amnistía para las empresas que afloraran el trabajo “irregular”. El Decreto, del que aún se desconocen los resultados, ha suscitado muchas críticas ya que hace tabula rasa de las ilegalidades empresariales, aunque aumente las multas ante las situaciones de empleo “irregular”.

Pero el problema es de fondo. La economía sumergida en general y el Decreto gubernamental en particular, se asocian a las competencias del Ministerio de Trabajo. Es decir, se interpreta como un problema estricto de trabajo no declarado y ausencia de cotizaciones a la seguridad social. Pero la economía sumergida es, sobre todo, según Illueca, “un gigantesco y masivo fraude fiscal, que no se quiere abordar, porque supondría implementar una reforma impositiva que afectaría inevitablemente a los empresarios y a las grandes fortunas”.

El Informe de la Lucha contra el Fraude Fiscal que realizan los técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) abunda precisamente en esta idea: trabajadores y pensionistas ganarían –según las declaraciones de IRPF- un 75% más que empresarios y profesionales liberales que, según este informe, presentan declaraciones con ingresos cercanos a los 1.000 euros o incluso por debajo de esta cantidad. Esto pone evidencia la existencia de un fraude “estructural y masivo”, concluyen los técnicos del Ministerio de Hacienda. Pero la reforma fiscal es uno de los grandes tabúes que bajo ningún concepto se quiere afrontar. Tienen muy claro que la crisis ha de cargarse sobre las espaldas de las clases populares.

Enric Llopis

Rebelión

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133888



Crisis de fe (en el dinero)

Auguran los profetas del Apocalipsis una catástrofe financiera similar a la que en 1929 despojó al mundo de sus ahorros, pero tampoco hay que ponerse en lo peor. Por más que vivamos días de grave tribulación financiera, la situación no es muy distinta de la que hace tres años –en el comienzo de la crisis– obligó al emperador George W. Bush a acudir en socorro de algunas de las más importantes catedrales de la banca de Estados Unidos. Entonces, como hoy, cundía el pánico en las bolsas y el capitalismo parecía venirse abajo; pero en realidad se trataba de una mera cuestión de fe.

Son los fieles de la religión monetaria quienes sostienen con sus creencias la estabilidad del sistema. Así lo proclama al menos la leyenda "In God We Trust" ("Confiamos en Dios") que preside solemnemente los billetes de dólar: esas milagrosas estampitas que abren puertas, ablandan voluntades y obran toda suerte de portentos propios de su teológica condición.

El dólar y el euro –su reciente competidor en los altares– serían simples trozos de papel sin valor alguno de no estar sostenidos por la devoción de su multitud de feligreses en todo el planeta. Esa fe es la que ahora parece flaquear. La crisis bancaria derivada de la especulación con los pisos y las hipotecas ha convertido en escépticos a muchos de los antiguos creyentes en la santidad de la moneda, con las enojosas consecuencias que de ello se desprenden. Si la feligresía incrédula empieza a desconfiar de San Euro y San Dólar, lo lógico es que estos pierdan el aura santificante que les daba su valor. Y de ahí a la quiebra de la teología monetaria no hay más que un paso.

Avala esta hipótesis el hecho de que la gente antaño devota haya comenzado a renegar también de su tradicional confianza en la banca. Nada más natural. Los bancos son las modernas catedrales de nuestro tiempo en las que se guarda el oro –troceado en sagradas formas de onzas y lingotes– dentro de cámaras acorazadas que evocan la imagen de un sagrario de enormes proporciones. El dinero habita en estos templos como un trasunto del Dios que tiene su casa en las iglesias.

De la divina condición de los cuartos nos había dado ya noticia Quevedo hace siglos en su oda al poderoso caballero Don Dinero: un metal que a pesar de su vileza obraba entonces y todavía hoy prodigios tales que el de mover la pluma de los jueces, recoser virgos o convertir en sabio a un bachiller español. Infelizmente –o no– el oro dejó de ser patrón de referencia y su sustituto es el dólar: un billete que exige a los usuarios confianza en Dios y, sobre todo, en el valor metafísico de un pedazo de papel.

Lo que los expertos llaman ahora pánico no es otra cosa que una cierta pérdida de fe en la papelería. El estallido de las burbujas inmobiliarias y financieras hizo que mucha gente perdiese su confianza en los bancos y, con ella, la certeza antes incontestable de la santidad del dólar, el euro, el yen y demás corte celestial de las finanzas. Es el santoral –y por tanto, el sistema– lo que está en crisis.

Nada nuevo, contra lo que pudiera parecer. Si hace tres años fue el conservador Bush el que se vio obligado al rescate de algunos grandes bancos de su país que habían caído en el pecado de la insolvencia, hoy es el liberal Barack Obama quien tranquiliza a los fieles con el argumento de que Estados Unidos siempre será un país de Triple A y no hay nada de lo que el mundo deba preocuparse. Lo malo, si acaso, es que al inquilino de la Casa Blanca le empieza a pasar lo mismo que al español Zapatero: cada vez que habla sube el pan o, peor todavía, baja la Bolsa.

Aun así, no parece que este caos financiero de agosto vaya a desembocar en una recesión de proporciones casi cósmicas como la desatada por el crac de 1929. Basta con que los descreídos recuperen la fe y vuelvan a confiar en Dios como aconseja el lema del dólar. Aunque ni Obama ni los demás líderes mundiales ayuden gran cosa a ese propósito.

Anxel Vence

Faro de Vigo

http://www.farodevigo.es/opinion/2011/08/10/crisis-fe-dinero/570385.html




martes, 9 de agosto de 2011

Prima de riesgo y especulación . Vídeo-explicación


Prima de riesgo y especulación .
Vídeo-explicación
http://www.youtube.com/watch?v=_YHmkzo1-fk

Fuente:

¿Estás harto de ver la noticias de la prima de riesgo? Aquí se explica qué es, y porque se utiliza como herramienta para beneficio de los especuladores, así como es resultado en parte de la campaña de difamación del FMI y la UE contra la economía finaciera pública española.