lunes, 8 de agosto de 2011

Mano invisible y espíritus animales

Buena parte de las teorías económicas y de los modelos que se generan a partir de ellas y que acaban en medidas de política pública, están aún basadas en la noción expuesta hace 235 años por un filósofo moral escocés llamado Adam Smith.

La creación de riqueza, decía Smith, se sustentaba en el principio de que la persecución del interés individual llevaba al beneficio colectivo. La división del trabajo y la extensión del mercado mediante el mecanismo de los precios mantenían unida y articulada a una sociedad, como los átomos que componen la materia del universo. Así operaba la mano invisible.

Hace más de 70 años, y con los efectos en pleno de la devastadora crisis de los años de 1930, el economista inglés, Maynard Keynes encontró una interpretación de lo que ocurría en los espíritus animales, o sea, en el complejo proceso que lleva a los individuos a tomar decisiones en función de cómo se forman las expectativas en un entorno de gran incertidumbre.

La crisis de 2008 se gestó en un ambiente en que se creía que los deudores y acreedores en los mercados financieros actuaban de manera racional y que eso permitía a ambos evaluar los riesgos que se creaban. La mano invisible, otra vez, establecía las cantidades y los precios de los créditos que se expandían de manera vertiginosa. La regulación estatal pareció irrelevante y la exuberancia aumentaba hasta hacerse irracional, dijo entonces el presidente de la Reserva Federal.

Las políticas de los gobiernos, como ocurría en Estados Unidos y varios países de Europa, alentaban esta situación manteniendo bajas las tasas de interés y acrecentando la deuda pública. Los resultados se mostraron en la expansión de los créditos hipotecarios y luego, como consecuencia de la intervención para contener las quiebras de bancos comerciales y de inversión aseguradoras, en el desbordamiento de la deuda de los gobiernos.

De la supuesta racionalidad de los participantes en los mercados se pasó de nuevo, rápidamente, a la manifestación de los espíritus animales. Esto, que parece material de un taller de creación literaria en la modalidad de literatura fantástica, es la forma en que hoy se trata de explicar, desordenadamente y sin rumbo, lo que sucede en los mercados financieros.

Vale la pena reflexionar sobre la naturaleza de la narrativa que se propone primero en los episodios de expansión, y después en los de crisis: de lo racional cuantificado, a los excesos incontrolados y, de ahí, a lo esperado con gran incertidumbre. Todo ello en una forma todavía primitiva de comprender los modos del comportamiento individual y colectivo.

En el terreno de la mano invisible, las acciones de los agentes económicos se acomodaban con lo que hacían los bancos centrales para administrar el valor del dinero y el precio del crédito y con la gestión financiera de los ministerios de Hacienda en cuanto a los presupuestos públicos, los déficit fiscales y la deuda de los gobiernos.

Todo esto explotó en septiembre de 2008, y la pésima gestión política y económica de la crisis desde entonces ponen de nuevo a la economía mundial al borde de una severa recesión.

En los mercados las señales hoy indican que hay que vender todo lo que sea riesgoso, es decir, casi todo, para centrarse en la liquidez y buscar refugios aunque sean frágiles. Otra vez el oro como un fetiche. Estas señales se agrandan frente a un liderazgo político escaso y hasta torpe.

Así, el efecto de manada produce una interesante contradicción. En este momento, la búsqueda de salvamento individual genera el malestar colectivo. Es la mano invisible en reversa, los espíritus animales en desbandada ante una incertidumbre rampante. En la estampida, los más grandes aplastan a los más pequeños. El desempleo no podrá ceder, los consumidores no podrán gastar, las deudas crecerán, los servicios públicos caerán. Esto no es un anuncio, así está ocurriendo. Los gobiernos y los legisladores parecen paralizados y cuando aciertan a moverse provocan más inquietud y turbulencias.

Y, en medio de tal confusión, una empresa privada, la calificadora de riesgos Standard & Poor’s, que junto con otras dos mantienen un oligopolio en ese mercado, rebaja la calificación de los bonos del Tesoro estadunidense echando más leña a la hoguera. S&P, Moody’s y Fitch ya estaban fuertemente cuestionadas por su papel en la calificación de las deudas hipotecarias y, luego, en los casos de las deudas públicas en Europa.

Así, el espacio de los mercados impone sus criterios y condiciones sobre el espacio de lo público, relegando al Estado y los gobiernos a una posición defensiva, forzando ajustes ante los abultados déficit fiscales y las enormes deudas de modo rápido y sobre los gastos sociales.

No se trata de justificar los excesos financieros de los gobiernos, pero cuando menos sí de reconocer que todos, los inversionistas privados, las empresas financieras y quienes gobiernan y aprueban los presupuestos y administran la política monetaria están en el mismo saco y bastante revueltos. Hoy, las políticas públicas son juzgadas por los calificadores privados de la deuda, mandan sobre todos.

Además de la crisis financiera que se profundiza, se desestructuran unas sociedades cada vez más polarizadas y se desarticula casi por completo el conjunto de reglas internacionales que ya no sirven para contener los conflictos

Leon Bendesky
La Jornada

domingo, 7 de agosto de 2011

Acuerdos en tiempo de descuento y dura ofensiva del capital

Estados Unidos y Europa tratan de contener con soluciones a medias la crisis que corroe sus economías. A pesar de las diferencias políticas, los principales dirigentes encontraron un punto de acuerdo: la solución a la crisis se descarga sobre los trabajadores y sectores populares.

La crisis mundial sigue su curso inexorable. Jugando al límite de sus posibilidades los líderes europeos y norteamericanos han alcanzado acuerdos provisionales que dejan muchas incógnitas a futuro, mientras que la única certeza es que los pueblos seguirán pagando las crisis.

Deudas paralelas

El titular de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernake advirtió que el default americano podría “provocar una gran crisis a nivel mundial”. Por dos veces en menos de 24 horas el FMI, repitiendo argumentos usados en la crisis europea, alertó que la situación norteamericana “…afectaría a la economía global”, y su directora, Christine Lagarde, llamó a republicanos y demócratas a “…hallar una solución urgente”, mientras que China reclamó a “… los parlamentarios a que dejen de jugar con fuego y actúen responsablemente”.

Es que se trata de una situación inédita de la economía mundial. No es solo la posibilidad de que los EEUU entraran en default, esto es sinceraran que no pueden pagar su deuda, sino que coincidiera con otro acontecimiento del mismo signo: la crisis de la deuda de los estados europeos.

Es claro que ambas situaciones son resultado de la crisis mundial que se desenvuelve sin solución de continuidad desde 2007/2008, pero la convergencia temporal a la que asistimos en estos días y las dificultades políticas para encontrar una solución a las mismas es la que le da este carácter inédito y pone en evidencia, desde otra perspectiva, lo que hemos señalado desde esta columna varias veces: la profundidad de la crisis que no es solo financiera, su carácter estructural y de largo plazo.

Tanto en EEUU como en Europa las soluciones “encontradas” fueron motivo de fuertes disputas políticas, pero son solo acuerdos de corto plazo, para salir de la emergencia y ganar tiempo pero que en absoluto resuelven la cuestión de fondo

Salvando el default

La disputa entre republicanos y demócratas, incentivada por la cada vez mayor presencia del conservadurismo fundamentalista del Tea Party, finalmente saldó en un acuerdo para elevar el techo del endeudamiento – de 14.3 a 16.4 billones de dólares- saliendo del riesgo de default inmediato, y reducir el déficit fiscal en 2.4 billones de dólares.

Esta reducción del déficit no se logrará por mayores ingresos ni por el recorte de gastos improductivos, por el contrario los republicanos impusieron su lógica de “cut, cap and balance” (recorta, limita y equilibra) negándose a reponer los impuestos a los ricos que fueran sacados por la administración de G. Bush (h) y que implican nada menos que1.8 billones de dólares. Consiguieron más, que la reducción de gastos se haga sobre los planes sociales y el sistema de pensiones, asestando así un duro golpe a los demócratas. El presidente Obama logró una reducción de 350.000 millones en los gastos de defensa y que los acuerdos lleguen hasta el 2013, esto es luego de las elecciones. Pero volvió a claudicar en sus propuestas, como antes lo hiciera con el programa de salud, con la reforma financiera o con la prórroga de las exenciones impositivas a los poderosos, y esto le ha significado distanciamiento, sino ruptura, con el ala izquierda de su partido.

Salvando el euro

La deuda pública promedio de la eurozona es del 80 por ciento de su PBI consolidado, con picos como en Grecia 150, Italia 126, Bélgica 98, Francia 84. Mientras que casi todos los países muestran fuertes déficit fiscales y diferentes políticas nacionales.

En el bloque subyace un problema político y es que a pesar de la integración y la moneda única priman las diferentes políticas nacionales de los países integrantes. Las soluciones del tipo neokeynesianas fueron rechazadas por Alemania cuyo canciller Angela Merkel, al igual que Barak Obama en EEUU, ve caer su popularidad en picada en pleno período preelectoral. Pero tampoco pasó la solución que buscaba profundizar las medidas neoliberales, por temor a una expansión de la indignación social que ya recorre España y Grecia.

Finalmente en el limite de las negociaciones un acuerdo franco-alemán logró salvar la crisis y acordar un nuevo salvataje para Grecia, esta vez por 158.000 millones de euros y a mayores plazos. Al mismo tiempo aseguraron la contribución privada al salvataje incluyendo una porción “voluntaria” de los bancos. Mientras que el francés Sarkozy, también en campaña, ve subir su popularidad al lograr ampliar las atribuciones del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF).

Lograron así aliviar el peso de los servicios de la deuda y alejaron el fantasma de la ruptura del euro. Zafaron de la coyuntura pero no resolvieron el futuro más mediato.

En Europa ya están las calificadoras de crédito hablando de un semidefault de Grecia, mientras que crece el temor a nuevos rescates. Esta vez de España e Italia, quinta y cuarta economías del bloque, demasiado grandes para ser restadas por un FEEF que no tiene demasiados fondos. En EEUU nadie, ni republicanos ni demócratas, quedo conforme con la solución consensuada, mientras se pronostica una agudización de la crisis y ya China manifestó su profunda desconfianza sobre el futuro de esa economía.

Uso capitalista de la crisis

A pesar de las diferencias políticas los principales dirigentes mundiales han encontrado un punto de confluencia y acuerdos. En todos los casos la crisis se descarga sobre los trabajadores y sectores populares. Es que el capital haciendo uso de la crisis ha desatado una verdadera guerra de clases.

En EEUU esta guerra toma la forma de una confrontación de los ricos y poderosos -que no aceptan pagar mayores impuestos- contra los trabajadores, los pensionados, los desocupados, los pobres -que ven desarmarse los restos de la protección social heredados del New Deal-. En Europa se trata de una guerra entre acreedores -los bancos y los rentistas- contra los deudores -en general ciudadanos contribuyentes- pero los efectos de esta confrontación se descargan mayoritariamente sobre los trabajadores, los jubilados y los más pobres de la sociedad – que ven como desmantelan los restos del Estado del Bienestar.

Todos son conscientes que las medidas adoptadas solo salvan a los bancos y benefician a los grandes capitalistas y a las corporaciones, también que las economías lejos de recuperarse ahondaran su crisis. Sumados los PBI de EEUU y Europa alcanzan al 50 por ciento del mundial, no es difícil comprender que la combinación de la austeridad europea y el recorte de gastos en EEUU contribuirán a la recesión ya en curso en ambos continentes, con el impacto que supone a nivel global. Si efectivamente la economía China se contrae, como algunos pronostican, el cartón estará lleno.

Siempre se ha dicho, y en América latina lo sabemos por experiencia, que los límites al ajuste dependen de la resistencia social a los mismos.

Eduardo Lucita. Integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda

La Arena

http://www.laarena.com.ar/opinion-acuerdos_en_tiempo_de_descuento_y_dura_ofensiva_del_capital-64138-111.html

Nuestra reacción a las declaraciones del presidente del BCE. Grupo de Trabajo de Economía de Sol

Tras la rueda prensa ofrecida por el Sr. Trichet en el día de hoy, y ante el ataque que sufre constantemente la ciudadanía por parte de los especuladores financieros y el silencio, tanto del gobierno como de su supuesta oposición, los y las participantes del grupo de trabajo de Economía de Sol queremos manifestar que:

1.- Lamentamos, una vez más, que el Banco Central Europeo, una institución independiente de los gobiernos y, por tanto, de muy dudosa legitimidad democrática, tanto por sus mecanismos de elección de sus directivos, que siempre son personajes con estrechos vínculos con los operadores de los mercados especulativos, como por sus políticas, intente desviar la atención del cumplimiento de las autenticas responsabilidades que cualquier institución pública debería tener: el interés de la ciudadanía.

Los gobiernos democráticos no deberían tolerar que esta institución y sus ejecutivos interfieran en las políticas internas de los países exigiendo una y otra vez políticas de ajuste fiscal (políticas de recortes sociales) para las que ni el Sr. Trichet ni la institución que preside tienen legitimidad democrática alguna.

2.- Lamentamos que quienes deberían defender los intereses de la población española porque para ello reciben una remuneración procedente de nuestros impuestos y de nuestro trabajo, por incapacidad o por simple desidia a la hora de hacer lo que la ciudadanía les ha encomendado, se limiten a observar, callar y otorgar legitimidad a quienes actúan por simple avaricia, agencias de calificación y bancos internacionales fundamentalmente.

3.- Sentimos vergüenza ajena observando los juegos teatrales de retrasar vacaciones o culpar al otro por hacer lo que uno está de acuerdo en que haga. Los problemas no se resuelven observándolos con pasividad, sino actuando con firmeza contra sus causas y con contundencia contra sus responsables, y no contra quien es víctima de ellos utilizando programas de ajuste contra la población cuya ineficacia ya se ha contrasto suficientemente.

4.- Hemos exigido y seguiremos exigiendo la subordinación del poder financiero al democrático, transparencia y el control democrático de las actividades bancarias públicas y privadas: Y, por tanto,
a. La separación de actividades de inversión y especulativas.
b. La exigencia de responsabilidades penales y patrimoniales a gestores financieros, agencias de calificación e instituciones tales como Banco de España, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional.

5.- Ya se ha demostrado a lo largo de los últimos años, y actualmente aún en Estados Unidos, que inyectar liquidez en el sistema financiero a través de los bancos no es la solución, porque esto es mucho más profundo que una simple crisis financiera.

En este sentido, hemos defendido, y lo seguiremos haciendo, que el Banco Central Europeo debe servir a los intereses de la ciudadanía como cualquier otra institución pública. Por tanto, debe comprar deuda DIRECTAMENTE a los estados miembros de la zona euro, bajo petición de sus gobiernos que son (o al menos deberían ser) quienes ejecutan las políticas económicas para servir a la ciudadanía y el BCE debe hacerlo, como máximo, al mismo tipo preferencial que otorga a los bancos.

La inacción del BCE da alas a la avaricia de los especuladores y contribuye al empobrecimiento de nuestras economías al regalarle a los bancos unos beneficios por el simple hecho de tomar el dinero del BCE y ponerlo en manos de los estados.
Si el Tratado de Lisboa prohíbe estas operaciones, exigimos su modificación para que sirva a la ciudadanía y no a los especuladores.

6.- Hemos manifestado anteriormente y reiteramos una vez más que el aumento de la deuda pública se debe fundamentalmente a las ayudas de cientos de millones de euros otorgadas a la banca, bien de forma directa, bien a través de préstamos privilegiados, mientras se adoptan drásticos recortes sociales. También a los crecientes tipos de interés que debe pagar el Estado por su deuda y que originan un incesante aumento de la misma. Dicho aumento es provocado por la acción combinada del Banco Central Europeo –en el que participan las autoridades del Banco de España- que, además de elevar los tipos de interés de referencia (como el Euribor), entrega dinero a la banca al 1% mientras se niega a ayudar a los gobiernos o lo hace a elevados tipos como en el caso de Grecia, ahogada por los banqueros, el FMI y el propio Banco Central Europeo.

En los niveles de usura de los tipos de interés tienen un especial papel las agencias de calificación, principalmente el oligopolio formado por Moodys, Fitch y Standard & Poor’s, auténticas agencias de especulación amparadas por las instituciones financieras internacionales.
Estas agencias:

a) Califican la solvencia con criterios oscuros, aunque siempre al servicio de las maniobras especulativas, poniendo al borde de la quiebra a los países del sur de Europa. Ellas mismas, en connivencia con sus clientes, los bancos y fondos de inversión, especulan con la deuda, con la ventaja de conocer previamente su evolución, ya que ésta depende precisamente de las calificaciones que ellas decidan y se benefician invirtiendo en deuda pública que paga el 6% con dinero público obtenido al 1%, lo que implica un expolio social del que son responsables el BCE y demás instituciones europeas.

b) Califican los productos financieros, como es el caso de la deuda pública que emite España y, al mismo tiempo, están presentando servicios de calificación a las entidades compradoras. Han puesto en duda la solvencia de las arcas públicas y la solidez del conjunto de la economía española, no así de las entidades crediticias o financieras que adquieren dicha deuda que, además, son sus clientes.

c) Relacionan, según demuestran suficientes indicios, la divulgación y publicidad de sus informes con reacciones especulativas.

d) Obtienen beneficios estimados en 3.000 millones de euros anuales, con márgenes de hasta un 50% que se producen por la alteración en el precio de los productos financieros y de la deuda estatal.- Modulan, manipulan y generan situaciones, contraviniendo la legalidad penal, para obtener unos beneficios tanto directos como indirectos.

e) Han sido demandadas judicialmente en varios países, incluido España, en donde la fiscalía interesó la desestimación de la querella con débiles argumentos, pero poniendo de manifiesto la falta de control por parte del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Por todo ello, consideramos que estas agencias, el Banco Central Europeo y el Banco de España deben ser considerados responsables de ocasionar graves perjuicios a la ciudadanía y por ello los repudiamos y avisamos que los ciudadanos españoles no reconocemos esta deuda odiosa, contraída por especuladores privados, asumida por el Estado sin consentimiento de la población, utilizando recursos públicos para ayudar ilegítimamente a la banca privada en detrimento de las personas, que se ven sometidas a pérdida de ingresos, rentas y derechos para pagarla, y que exigiremos responsabilidades en todas las instancias posibles a esas agencias, al Banco Central Europeo, al Banco de España y demás instituciones implicadas.

Queremos terminar este comunicado advirtiendo que, a pesar del intento de las autoridades españolas de desviar nuestra atención con la prohibición de acceso a la Puerta del Sol y los continuos intentos de recortar nuestros derechos constitucionales de libertad de expresión y reunión, seguimos activos y trabajando contra los ataques económicos que estamos sufriendo las personas que habitamos en este país.

Grupo de Trabajo de Economía de Sol

http://madrid.tomalaplaza.net/2011/08/04/respuesta-declaraciones-presidente-bce/

sábado, 6 de agosto de 2011

Las manos que mecen los mercados

Confusión de confusiones. Hay títulos de libros que son una premonición. La primera obra en la que se describen las operaciones en Bolsa se denomina así y fue escrita en Amsterdam en 1688 por un español, José de la Vega. Cuando este economista judío de origen cordobés publicó su ensayo aún no se hablaba de “los mercados”. Tres siglos después, y gracias a la crisis, esta expresión se ha transformado en una letanía. Se usa para describir de forma genérica y un tanto difusa a aquellos inversores que tienen la capacidad de condicionar el precio de los activos financieros. Pero, ¿quiénes forman ese ente abstracto denominado mercado?

Los actores principales son los fondos de inversión. La inversión colectiva maneja activos por valor de 18 billones de euros. El 41% de ese dinero está invertido en renta variable, el 21% en bonos y el 18% en renta fija a corto plazo (money market). Los intereses de los ahorradores anglosajones son los que priman: el 55% del dinero invertido en fondos procede de EE UU, el 32% de Europa y el 13% del resto de regiones mundiales.

La mayor gestora del mundo es Blackrock. Esta entidad maneja una suma de dinero equivalente a dos veces el PIB de España y su presidente, Laurence Fink, es uno de los hombres más influyentes (en octubre pasado le recibió el rey Juan Carlos en Zarzuela) del orbe financiero. En el área de renta fija la principal referencia es la gestora Pimco (patrimonio superior al billón de euros). Su presidente, Mohamed A. El-Erian, es columnista habitual del Financial Times y la carta mensual de su gestor estrella, Bill Gross, tiene una gran influencia en el mercado de deuda. Tras el pulso político vivido en Washington en torno al techo de deuda, Gross ha calificado a EE UU de “república bananera”. Este gestor ya lanzó una puya a España el pasado año al recordar que nuestro país había suspendido pagos 13 veces en los últimos 200 años.

Tras los fondos de inversión, los siguientes protagonistas son los fondos de pensiones. Los productos de jubilación manejan casi 14 billones de euros (invertidos principalmente en renta fija). Una de las gestoras de pensiones más emblemáticas es Calpers, que gestiona el dinero de los funcionarios de California y mueve más de 200.000 millones.

Otros actores que han ganado peso en el mercado durante los últimos años son los denominados fondos soberanos. Estos vehículos de inversión creados por países ricos en materias primas o con superávit fiscal tienen una política de inversión a largo plazo y destinan su dinero tanto a deuda (pública y privada) como a renta variable. Los 15 mayores fondos soberanos manejan activos valorados en 2,5 billones de euros. Los principales fondos corresponden a Abu Dhabi, Noruega, Arabia Saudí, China, Kuwait, Singapur, Rusia y Catar. Mirados con recelo hace unos años por Occidente por su opacidad y carácter estatal, los fondos soberanos son ahora cortejados por empresarios y gobernantes debido a su abundante liquidez.

El cuarto actor del mercado es el más pequeño por tamaño pero quizás el más influyente: los hedge funds o fondos de alto riesgo. Al cierre del primer semestre de 2011 esta industria manejaba activos por valor de un billón y medio de euros, aunque el uso de apalancamiento (deuda) y derivados multiplica por varias veces su impacto real en el mercado. Las mayores gestoras hedge del mundo son la británica Man Group (50.000 millones) y la estadounidense Bridgewater (44.000 millones). El presidente de esta última, Ray Dalio, advertía recientemente que las políticas monetarias expansivas de los mayores bancos centrales “provocarán un colapso de las divisas y de los mercados de bonos” en 2013. El desarrollo de la ingeniería financiera ha puesto al servicio de los hedge funds un amplio abanico de productos que les permiten apostar por la caída de un activo. Estas estrategias suelen lograr su objetivo: causar el pánico en el resto del mercado.

En el siglo XVII no existían estos tiburones, pero el autor del primer libro bursátil parecía intuirlos. El texto es un diálogo entre un filósofo, un mercader y un accionista en el que se describe el negocio de las acciones, “su origen, su etimología, su realidad, su juego y su enredo”. ¿Les suena?

David FernándezEl País.

http://www.elpais.com/articulo/economia/manos/mecen/mercados/elpepieco/20110804elpepieco_9/Tes


viernes, 5 de agosto de 2011

Contra el terrorismo financiero

La extraordinaria subida de la prima de riesgo española y de otros países aún más cercanos al corazón de la vieja Europa nos pone al borde del límite de lo que la ciudadanía no debería consentir.


Nada ha cambiado en España en los últimos días –salvo la celebración de nuevas subastas de deuda pública, claro está– que haya podido dar a entender a “los mercados” que la situación de nuestra economía es peor que hace unas semanas y que, por tanto, justifique una subida en el tipo de interés que debamos que pagar para financiarnos. Se trata, tan solo, de nuevas operaciones de casino que apuestan sobre seguro, provocando ellas mismas los resultados que más les convienen a inversores que, por supuesto, no albergan ninguna preocupación acerca de lo que suceda en la economía real, en la vida de la gente, sino en cómo mejorar sus posiciones de apuesta para ganar más dinero.


Cuando los bancos que habían provocado la crisis que estamos viviendo necesitaron financiación, los gobiernos y el Banco Central Europeo no dudaron en acudir en su auxilio, en una ocasiones, porque decían que eran “demasiado grandes para dejarlos caer” y, en otras, porque había que “salvar al sistema financiero”. En ello se gastaron varios billones de euros; más de 800.000 millones sólo en Alemania y Francia.


Sin embargo, cuando fueron los estados los que necesitaron financiación, fundamentalmente como efecto de la crisis que habían provocado los bancos, aunque en mucha menor medida, en lugar de recibirla en las generosas condiciones en que lo obtuvo la banca, tuvieron que ponerse en manos de esta. Y, gracias a ello, los bancos no sólo levantaron de nuevo cabeza, prestando a tipos cinco o seis veces más altos el dinero que recibían al 1% del Banco Central Europeo, sino que así pudieron poner contra las cuerdas a los gobiernos y exigirles nuevas reformas liberalizadoras como condición imprescindible para salir de la crisis, cuando, en realidad, fue la generalización de ese tipo de medidas lo que la provocó.


Los gobiernos, y en concreto el español, vienen diciendo a la ciudadanía que para acabar con esta situación hay que contentar a los mercados y que para ello es inevitable llevar a cabo las reformas que se les exigen y que, en gran parte, ya se han aplicado: del mercado de trabajo y de las pensiones, privatizaciones de empresas públicas y, pronto, de servicios públicos esenciales. Pero estas recetas se han revelado como una gran mentira, como evidencia el que ni estén produciendo los efectos beneficiosos sobre la economía con que se justifican, ni logren detener los ataques especulativos contra nuestra deuda.


Tratar de hacer frente a una situación que el propio presidente de la Junta de Andalucía calificó de “terrorismo financiero” cediendo a la extorsión, como está haciendo el Gobierno socialista, es algo peor que una simple ingenuidad. Las reformas que ha llevado a cabo sólo han servido para debilitar aún más la capacidad de generación de empleo e ingreso de nuestra economía y, al frenar la recuperación y el crecimiento de la actividad, terminarán encareciendo aún más la deuda pública a medio y largo plazo, convirtiéndose esta dinámica en un círculo vicioso que lleve a la ruina a los propios estados, a sus servicios públicos esenciales y, por ende, a toda la ciudadanía.


Al terrorismo financiero que está destrozando economías enteras no se le puede combatir con sometimiento, sino con firmeza y decisión, defendiendo la economía que crea empleo, riqueza y bienestar y cortando las alas de los capitales especulativos.
Europa tiene medios para lograrlo.


Debe garantizar que los estados dispongan de financiación adecuada a través del Banco Central Europeo, negociando para ello las condiciones que le permitan generar ingresos y no destruir sus fuentes, como ha venido sucediendo. Es una ignominia inaceptable que se preste al 1% a bancos irresponsables y que se obligue a que los pueblos tengan que hacerlo incluso al 10%, como está ocurriendo en algunos casos.


Además, Europa debe establecer impuestos y tasas sobre las transacciones financieras especulativas que las desincentiven en la mayor medida posible.Y Europa tiene también la obligación moral de establecer controles de capital para impedir que financieros sin escrúpulos sigan poniendo en juego el futuro de la Unión Monetaria, la estabilidad económica y social y el bienestar de sus ciudadanos.


Pero ni España ni el resto de países europeos pueden esperar a que todo se resuelva en Bruselas. Se equivocarán una vez más este Gobierno y los partidos políticos que lo apoyen si vuelven a recortar derechos sociales creyendo que así disminuirá la voracidad de los mercados. Volveremos a ir todos a peor, salvo la banca y las grandes empresas.En una democracia real, las personas son las verdaderas depositarias de la soberanía nacional y, por tanto, deben constituirse en protagonistas de las decisiones políticas que se toman, como actores y como beneficiarios principales. Si viviésemos en esa democracia real, y los ciudadanos supieran de verdad lo que está pasando, no consentirían el tipo de terrorismo que se está practicando, ni la complicidad de los gobiernos. Y por eso creemos que es fundamental que los movimientos sociales y las organizaciones políticas, sindicales y ciudadanas de todo tipo hagan el máximo esfuerzo para informar, concienciar y movilizar a todas las personas que, con independencia de ideologías o de posiciones políticas, simplemente se indignen y reaccionen ante la injusticia y la irracionalidad que se nos está imponiendo.


Juan Torres López, Comité Científico de ATTAC España

Carlos Martínez García, Promotora Estatal de Mesas de Convergencia

Francisco Jurado, Democracia Real Ya

Fuente: Público


jueves, 4 de agosto de 2011

La prima de riesgo o el capitalismo al desnudo

Levantarse cada mañana atemorizado por cómo se va a despertar la prima de riesgo de la deuda española, se ha convertido en una verdadera pesadilla. No digo que no me importe ese concepto con el que machaconamente nos agreden todos los días, pero sí que quienes lo inventaron y lo difunden, como quienes se autoatribuyen el don de calificar las economías de los Estados para favorecer la especulación, son unos verdaderos palizas, además de mala gente, y a la mala gente, como a la mala yerba, hay que arrancarla de raíz, apartándola del resto de los mortales que cumplen cada día con sus obligaciones, honradamente. Como bien nos enseña cada día Vicenç Navarro, el Estado español no tiene ningún problema con su deuda, que es menor que la media de la Unión Europea, pero alguien, desde fuera y desde dentro, se ha empeñado en que paguemos por ella mucho más del precio al que el Banco Central Europeo vende el dinero, un Banco Central en el que mandan Francia y Alemania para su particular provecho. Se trata sin duda, de una apuesta disparatada de los altos poderes de la Unión Europea, una unión que no es tal sino una jaula de grillos dónde esas dos grandes potencias, más el Reino Unido, que nada pinta en el euro ni se implica en cosa que no le favorezca, han decidido, con sus bancos intervenidos todavía, que sean los países periféricos a los que tan alegre como frívolamente prestaron dinero cuando esto era la gran Babilonia, quienes paguen el agujero de sus entidades financieras y así crear una Europa de dos velocidades, la de los arruinados por la banca arruinada e intervenida, la de los que saldrán de la crisis momentáneamente gracias a la ruina de los demás, que en el futuro, de seguir así las cosas, no podrán comprar productos alemanes, franceses y puede que ni chinos. Así de listos son.

El Estado español en su conjunto puede hacer frente al pago de la deuda pública siempre que se le pida por ella un interés racional, lo que de ninguna manera puede hacer es cargar con la deuda privada ni asumir los intereses que los especuladores y financieros nacionales e internacionales pongan según la decisión de quienes causaron esta terrible crisis. Es más, tiene que negarse a pagar esos intereses y denunciarlo en todos los foros mundiales, pase lo que pase, de ningún modo se puede seguir tapando agujeros financieros, agujeros de empresas esquizofrénicas ni de entidades que no quisieron guardar para los malos tiempos, cegadas como estaban con el brillo de dinero fácil que entraba y salía torrencialmente.

No hay que darle demasiadas vueltas, la crisis española tiene dos responsables, el gobierno Aznar, que promovió la gran burbuja inmobiliaria con su política económica y sus leyes ad hoc, y la banca, que vio en esa política y esas leyes la gran oportunidad de multiplicar sus beneficios por cien mil en un ataque de codicia estúpida que nos ha arrastrado a todos. Desde que la burbuja española estalló del brazo de la norteamericana -¿dónde estaban entonces esos tipos de las agencias de calificación que hoy con sus interesadas sentencias arruinan países y enriquecen a quienes ya no saben qué hacer con los montones de millones de dólares que amasan cada día?-, el gobierno ha dedicado enormes sumas de dinero en reflotar bancos y cajas gobernadas por irresponsables. Esa financiación, más la del incremento del subsidio de paro, más la bajada de ingresos fiscales debido a la disminución drástica del consumo interno y a la eliminación absurda de impuestos por parte de las comunidades autónomas, han creado un círculo vicioso que es necesario romper de inmediato. El Estado actuó bien cuando se decidió a garantizar hasta una cifra determinada los ahorros de los españoles, pero lo hizo mal al no crear una banca pública con todas las entidades expoliadas y parte de las saneadas, pues todas, absolutamente todas son responsables de este desaguisado y deben pagar por ello, tanto institucionalmente, como personal y penalmente sus gestores. No se hizo, pero todavía se puede hacer y si no se quiere, lo que es acuciante es obligar a la banca “saneada” a que deje de especular con la deuda del Estado y a que ponga toda la carne en el asador para que el crédito fluya y el consumo interno, principal dinamizador de nuestra economía, vuelva a crecer racionalmente para que se incrementen tanto las ventas de los pequeños comercios y fabricantes como los propios ingresos del Estado. Lo demás es tirar el dinero y el futuro.

Para que eso ocurra, es preciso que el Estado obligue a la Banca a abandonar el negocio inmobiliario, a poner a la venta, a precio de saldo si es menester, su gigantesco estock de viviendas, que es ahora mismo el que se traga el dinero que tendría que estar circulando entre los particulares. Independientemente de que uno esté contra el actual sistema económico, todo el mundo sabe que en el capitalismo es fundamental que el dinero fluya, corra de mano en mano a gran velocidad, no importa tanto el dinero que se tenga como que este no se apalanque. Hoy el dinero de este país está estancado y en vez de obligar a quienes lo mantienen en esa situación para salvar sus entidades privadas, que fueron las que causaron la crisis, se prefiere disminuir la inversión pública y emprender recortes de nuestro sistema de protección social que en modo alguno habríamos imaginado y que de ninguna manera podemos consentir. Si al estancamiento del dinero en manos de la banca y de los especuladores que atacan al Estado, es decir a todos nosotros, añadimos la política de recortes salvajes que se están comenzando a aplicar en determinados territorios, veremos que vamos a un callejón sin salida pues la gente normal terminará comprando sólo aquello que le sea estrictamente necesario para vivir, si es que le da para eso. Es preciso, urgente, apremiante que el Estado intervenga para obligar a que el dinero vaya a dónde tiene que ir, a facilitar la vida a las personas, a movilizar la economía, a hacer crecer a los sectores productivos, en definitiva a crear empleo. Si para ello es preciso nacionalizar la banca, se nacionaliza, si para eso es necesario que desaparezca la banca, que desaparezca, lo que no se puede es seguir sacrificando vidas en el sagrado altar de los mercados con intención de calmarlos, porque los mercados, que no son tales sino las clases más pudientes como bien dijo Vicenç Navarro, son insaciables y cada día pedirán más sacrificios.

Nadie piense que esas ineludibles decisiones –ahora que ya sabemos cuándo serán las elecciones generales- las va a tomar un gobierno presidido por un hombre como Mariano Rajoy, un hombre del que apenas sabemos su nombre, su apellido, su pésima gestión como ministro de Aznar y sus claras intenciones privatizadoras: “Tendremos el sistema de protección social que podamos pagar”, dijo no hace mucho, cuando lo que de verdad quería decir, era que cada cual tendría la seguridad social que pudiera pagarse de su bolsillo porque la que hay ahora, pública e igual para todos, tiene los días contados. La amenaza es muy seria como para tomársela a la ligera, la victoria del Partido Popular en las próximas elecciones supondrá la liquidación de buena parte de lo mejor del Estado que hemos construido entre todos, la privatización salvaje de los servicios públicos esenciales y de los que no lo son, convirtiendo los inalienables derechos a la salud, a la jubilación, al descanso, a la educación, a la asistencia de impedidos en un gigantesco negocio que se entregará como botín a aquellos mismos que trajeron esta maldita crisis y siguen en libertad sin que fiscal ni juez alguno haga con ellos lo que hay que hacer.


¿Qué son los mercados financieros y la especulación financiera?

De entre todos los conceptos que ahora pululan en todos los debates políticos, y que antes estaban prácticamente reservados para los debates técnicos entre economistas, hay uno de especial interés que conviene ayudar a clarificar: el de los mercados financieros. En efecto, hoy los mercados financieros están en todas partes (televisión, prensa, e incluso en los bares), pero en general todavía hay un amplio desconocimiento acerca de lo que son realmente y cómo funcionan. Por eso he decidido hacer unas breves anotaciones que puedan ayudar a resolver algunas dudas importantes.

¿Qué es un mercado?

En primer lugar conviene recordar que el término mercado hace referencia al espacio, físico o virtual, en el que se encuentran compradores y vendedores de algún bien o servicio. Es decir, existe mercado allí donde se intercambien productos entre dos partes, la que los compra y la que los vende, y por ende cualquier producto tiene su mercado.

Eso significa que si nosotros queremos vender nuestro viejo libro de economía neoclásica, porque ya no nos sirve, lo que tenemos que hacer es ir a un mercado donde podamos encontrar compradores para el mismo. Lógicamente no vamos a ir al banco a venderlo. Lo que hacemos es buscar un mercado de libros de segunda mano. Cuando vamos directamente a la librería de segunda mano lo que estamos haciendo es ir a un mercado, el de los libros de segunda mano, porque sabemos que esa librería actuará de intermediario. La librería se encarga de reunir a compradores y vendedores y tratar de ir realizando transacciones a cambio de una comisión. La librería te compra el libro a 5 euros y lo vende a 7 euros. Actúa como intermediario y como creador de mercado puesto que en sí misma la librería es el mercado. Puede haber muchas más librerías de ese tipo en la misma ciudad, e incluso librerías online, y al negocio completo lo llamamos en abstracto el “mercado de libros de segunda mano”.

La liquidez y el precio en un mercado

Cuanta más participación haya en un mercado mayor capacidad tendremos nosotros para poder comprar y vender nuestros bienes y servicios. Si resulta que hay pocos vendedores y pocos compradores de libros el mercado será lento e ineficiente. Si queremos vender nuestro manual de economía neoclásica y resulta que dentro de los pocos compradores potenciales de libros no hay ninguno al que le interese la economía no podremos realizar la venta. Eso significa que seguiremos esperando un comprador con nuestro libro en la mano. Se dice entonces que el mercado es poco líquido, es decir, que la capacidad de convertir los bienes en dinero constante y sonante es muy reducida. Si por el contrario hubiera muchos vendedores y muchos compradores sería mucho más sencillo encontrar otra persona que quisiera nuestro libro, por lo que quizás en muy poco tiempo obtendríamos el dinero.

Y de la relación entre el número de compradores y el número de vendedores surgen los precios. A partir de la siguiente regla: a mayor demanda, mayor precio (y mayor oferta, menor precio). Si, por ejemplo, vamos con nuestro libro de economía a una librería especializada en física es probable que no encontremos compradores y que el intermediario -sabedor de ello- no quiera comprarnos el libro o nos ofrezca por él un precio muy bajo, digamos de 1 euro. Si en cambio nos dirigimos a una librería especializada en economía entonces allí sí habrá muchos compradores y, por lo tanto, demanda. Si quisiéramos vender nuestro libro directamente a los compradores, éstos competirían entre sí por ofrecer el mejor precio con el que convencernos. Exactamente como en una subasta. Así que el intermediario -sabedor de ello también- nos ofrecerá por nuestro libro un precio mucho más alto, digamos de 5 euros.

Cada mercado tiene sus participantes

En el mercado de libros de segunda mano suelen participar únicamente individuos particulares que desean comprar y vender libros, pero no participan bancos, empresas o agentes económicos más grandes. Eso es porque cada mercado suele tener sus propios tipos de participantes.

El mercado inmobiliario, por ejemplo, hace referencia al espacio donde se encuentran compradores y vendedores de viviendas. Ahí ya no sólo encontramos a particulares sino que también encontramos en ambas partes (la del comprador y vendedor) a los bancos, a grandes empresas o incluso al Estado. Todos esos agentes negocian los precios con los que comprarán y venderán las viviendas.

Y esto es muy importante porque todos esos agentes que no son individuos, y debido a su poderío económico, pueden modificar el mercado con facilidad. Precisamente porque tienen la capacidad económica, ya que manejan grandes sumas de dinero, pueden comprar y vender de forma estratégica, buscando ser favorecidos en las transacciones.

Por ejemplo, los bancos actualmente tienen en España un gran stock de viviendas en venta pero que no consiguen vender. Pero en España también hay gente que quiere comprar viviendas. La clave está en que los precios de oferta y los precios de demanda no coinciden, es decir, que por lo que los compradores están dispuestos a pagar es mucho menor que por lo que los vendedores están dispuestos a vender. Si los bancos bajaran los precios de las viviendas entonces los compradores podrían estar de acuerdo. Los bancos, además, reducen artificialmente la oferta de viviendas al no poner en venta muchas de las viviendas que tienen y creando de esa forma una escasez aparente para mantener los precios altos.

Y esto es crucial. Cuando hay pocos participantes en el mercado (en una de las partes) o un participante es muy poderoso económicamente puede influir mucho en cómo evolucionan las transacciones. Digamos que puede influir en la oferta y en la demanda, y por lo tanto en los precios. Los tres o cuatro bancos más grandes pueden ponerse de acuerdo para no bajar los precios de las viviendas y mantenerse esperando que los compradores se atrevan a ofrecer más, o bien pueden también comprar masivamente casas para elevar artificialmente el precio (ya que sube la demanda).

El mercado de deuda pública

Todos los mercados a los que antes hemos hecho referencia son mercados de bienes físicos. Ahora vamos a adentrarnos en los mercados financieros, es decir, en aquellos en los que se negocian títulos que conllevan compromisos futuros de pago. El más conocido por su radiante actualidad es el mercado de deuda pública.

El mercado de deuda pública es el mercado donde se encuentran por una parte los países que necesitan financiación y, por otra, los inversores que están dispuestos a proporcionarles esa financiación. Ya sabemos que cuando un Estado tiene déficit (menores ingresos que gastos) necesita pedir prestado, y una de las formas para hacerlo es emitiendo títulos de deuda pública. Esos títulos que emite son comprados por inversores que lo que están haciendo en realidad es prestar al Estado ese dinero a cambio de que en un plazo de tiempo determinado el Estado les devuelva ese dinero junto con un porcentaje de intereses. Al porcentaje de intereses se le llama rentabilidad.

Como todos los Estados tienen necesidad de endeudarse el mercado de deuda pública está siempre muy activo, especialmente en tiempos de crisis. Hay mucha oferta (títulos de deuda pública de diferentes países) y mucha demanda (inversores que buscan rentabilidad segura, puesto que se supone que los títulos de deuda pública son los más seguros; si no paga el Estado es que la cosa está verdaderamente mal). Y en este mercado los participantes son fundamentalmente los grandes inversores financieros (banca y fondos de inversión gestionados por ellos), y no ya tanto los particulares (que en cualquier caso pueden participar).

Si nosotros somos el gestor de un fondo de inversión de un banco, es decir, una persona que tiene a su cargo una gran cantidad de dinero que quiere revalorizar, esto es, convertir en más dinero, tendremos que valorar si nos conviene invertir en el mercado de deuda pública. Y si decidimos que sí debemos también decidir qué títulos concretos de deuda pública comprar. Por eso vamos al mercado de deuda pública y vemos qué ofrecen los diferentes países.

El sistema de venta de títulos es por subastas, aunque hay varios tipos de subastas así como también hay varios tipos de títulos y vencimientos (plazos de devolución), así que cada país ofrece un precio por sus títulos de deuda. Los inversores buscan siempre los títulos más baratos porque son los que ofrecen más rentabilidad. Se sigue el siguiente razonamiento: menor precio refleja más inseguridad y mayor rentabilidad. Si el precio es bajo significa que hay pocos compradores y eso significa que la gente no se fía suficiente de que se les devuelva el dinero, por lo que esos compradores exigen una rentabilidad más alta. Si un país, por ejemplo España, ofrece títulos y en la subasta van pocos compradores entonces tendrá que bajar el precio de sus títulos y, por ende, subirá la rentabilidad de los mismos, es decir, pagará más en concepto de intereses por cada título que venda a los inversores.

En realidad cada país está haciendo sus subastas y llamando de esa forma a los inversores. Y los resultados de esas subastas son diferentes según los países, diferencias de las cuales nacen conceptos como el de “prima de riesgo” (que cuantifica la diferencia de rentabilidad ofrecida por los países respecto de Alemania, que es el país con una economía más sólida). Se supone entonces que los precios de los títulos reflejan los fundamentos de la economía o, más concretamente, la capacidad que cada país tiene para devolver el dinero. Pero en realidad no sólo depende de eso.

La especulación en el mercado de deuda pública

Sabemos entonces que por un lado tenemos a la oferta (países) y por otro lado a la demanda (los inversores), que se reúnen en el mercado de deuda pública para negociar. Unos buscan financiación y otros la ofrecen a cambio de un porcentaje en intereses y el compromiso de devolución del dinero prestado. Y como en todo mercado también se puede influir en él para crear unas mejores condiciones que te favorezcan.

Supongamos ahora que soy un inversor. Concretamente soy Jorge Soros, gestor de un fondo de inversión multimillonario. Me levanto por la mañana y miro en las pantallas de mi oficina cómo están los indicadores fundamentales de la economía (crecimiento, inflación, etc.), las noticias de última hora (las declaraciones de los gobiernos, por ejemplo), las subastas de deuda pública programadas para hoy y también los mercados secundarios de deuda pública (que son los lugares donde se compran y venden los títulos de deuda pública por segunda y más veces; como los libros de segunda mano pero en títulos). Entonces planeo mi estrategia.

Como gestiono un fondo multimillonario tengo capacidad para mover el mercado, es decir, mi oferta de compra o venta es tan cuantiosa que es prácticamente la totalidad del mercado. Si decido comprar títulos de deuda pública de España eso incrementará la demanda y eso mandará una señal al resto de inversores: la gente está comprando títulos de España, lo que quiere decir que se fían de ellos y por lo tanto son más seguros. En consecuencia el precio subirá y la rentabilidad caerá. España podrá conseguir dinero más barato (pagará menos en concepto de intereses). Pero claro, ¿para qué yo, Jorge Soros, voy a querer comprar títulos que me den poca rentabilidad? Tengo mejores planes, concretamente imitar la estrategia que un tal George Soros hizo en el Reino Unido en los noventa y que hizo a un país entero ceder ante él (ver aquí).

Lo que hago como inversor es lo siguiente. Voy al mercado secundario de deuda pública y pido prestados muchos bonos, una gran cantidad. Cuando tengo todos esos bonos voy preparando el terreno para el ataque, lo que consigo gracias a la publicación de rumores y exageraciones (“España va mal”, “sus cuentas no salen”, “los planes no funcionan”, “se necesitan más recortes”, etc.) y cuando los tambores de guerra han sonado suficiente… en ese momento vendo masivamente todos los títulos que me han prestado a un precio de 1.000 euros el título. Entonces el resto de inversores que están también mirando sus pantallas ven lo siguiente: noticias de desconfianza en España y un número bestial de venta de títulos de deuda pública. Esos inversores razonan pensando que los inversores están vendiendo títulos de deuda pública porque no se fían, y entonces todos hacen lo mismo. Se produce una estampida con muchas decisiones de venta que hacen bajar los precios. Y cuando los precios han bajado mucho aparezco yo otra vez, Jorge Soros, y los compro masivamente a 200 euros el título.

Consecuencias de todo el proceso: yo vendí los títulos a 1.000 euros y los compré a 200 euros. Como eran prestados también tendré que pagar un poco en concepto de intereses a la hora de devolverlo, pero seguiré ganando. Y la otra consecuencia es que España está bajo ataque permanente y en la próxima subasta que haga los inversores le exigirán mucha mayor rentabilidad porque en teoría el mercado (secundario de títulos) está reflejando que no garantiza bien la devolución de los títulos, es decir, que su política económica debe cambiar para asegurar más confianza. Es entonces cuando llegan los planes de ajuste “impuestos” por los mercados financieros y el ya conocido “chantaje de los mercados“.

Los agentes financieros y las operaciones especulativas

Como nuestro yo del ejemplo, Jorge Soros, está repleto el sistema financiero. Y no es para menos puesto que la única lógica del capital financiero (ese dinero que busca transformarse en más dinero) es ni más ni menos que buscar las oportunidades de mayor rentabilidad y, si es posible, crearlas. Los especuladores son en realidad los propios inversores, no son una figura distinta, ya que su lógica es lo único que cuenta. Y como tales operan como los tiburones: huelen sangre (por ejemplo cualquier noticia real de una economía, tal como las trampas contables de Grecia) y atacan sin piedad extorsionando hasta el límite.

No hay inversores buenos ni inversores malos: son todos inversores operando con sus propias reglas, por supuesto inmorales y antisociales (pues sólo responden ante la rentabilidad). Es un capitalismo de hipercompetencia (leer esto para ver ejemplos y entender la lógica) y sólo los más “listos” ganan. Los mercados financieros no son entes abstractos como nos hacen creer, y tampoco son entidades divinas que nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Son simples jugadores de casino aprovechando su inmenso poder para hacer y deshacer la economía mundial, sin atender a las consecuencias.

Durante más de treinta años de hegemonía del neoliberalismo estos agentes (bancos, fondos de inversión, grandes empresas, etc.) han creado las condiciones para explotar mucho más este negocio. Han desregulado los mercados, permitiendo su expansión a todos los niveles y eliminando casi todas las normas que limitaban diferentes prácticas, y han creado productos financieros complejos con los que seguir jugando más y más para seguir respondiendo al mismo objetivo. El ejemplo de Jorge Soros es uno más entre tantas otras formas de manipular un mercado cualquiera. Y las conspiraciones no hacen falta cuando todos los inversores se aprovechan de esas situaciones en las que quien paga al final es el Estado.

Por todo esto, y por mucho más, estamos completamente legitimados cuando decimos que en este mundo, nuestro mundo de hoy y no el del siglo XIX, la clase dominante que se parapeta tras los bancos y fondos de inversión, está explotando y desplumando a las clases populares. Y como dijo el multimillonario Warren Buffet “la lucha de clases sigue existiendo, pero es la mía la que va ganando”. Para cambiar ese hecho creo que necesitamos empezar a comprender la esencia de los fenómenos que están detrás de cada paso de regresión social.

Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC.

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